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Publicado el

19 de Enero de 2017

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Chile Vive Sano
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Desde que tenía seis años, Camilo Ibarra (17) viaja a la IX Región durante los veranos. Particularmente a Pucura, donde su abuelo Rolando Ibarra (68) lo recibe durante un mes en su casa en el campo. "Me encanta ir de vacaciones donde mi abuelo. Cuando era chico, fue ahí donde él y mi abuela me enseñaron muchas cosas, como a andar en bicicleta, a cocinar panqueques y pasteles, y a multiplicar", recuerda Camilo.

Hoy las actividades han cambiado, pero no se han vuelto aburridas. Junto a Rolando, Camilo sale a pescar y observa constelaciones en el cielo con un telescopio. "Con los abuelos te sientes el centro de atención. Te tienen más paciencia, te regalonean y te sientes querido", dice Camilo.

"Es una experiencia muy bonita para él y también para nosotros. Eso sí, hay que tener cuidado con no forzarlos a hacer cosas que no quieran. Hay que adaptarse a los nietos, para que ellos lo pasen bien, aunque ahora que Camilo es más grande es más difícil, porque pasa metido en el celular. Pero sigue siendo muy cariñoso", comenta Rolando.

Cuando los nietos se van de vacaciones con sus abuelos y sin sus padres, se generan múltiples beneficios para ambas generaciones, reconoce Claudia Cerfogli, académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica. "Al tener los niños la posibilidad de relacionarse con otro grupo etario se fomenta bastante la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Los abuelos tienden a exigirles mayor empatía, porque al compartir con ellos los niños se dan cuenta de que les cuesta más caminar o que se cansan más rápido, por ejemplo".

Por otro lado, al pasar más tiempo con sus nietos, los adultos mayores rejuvenecen y se distraen de sus problemas, agrega Cerfogli. "Los niños suelen asombrarse permanentemente, lo que alegra a los abuelos y es sin duda un aporte para ellos".

Manuel Canobra (73) es otro entusiasta que goza pasar el mayor tiempo posible con sus cinco nietos, quienes cada febrero pasan unos días en su parcela, cerca de Concepción. "Jugamos a hacer diferentes competencias deportivas, como natación, fútbol y vóleibol. Son unas verdaderas olimpiadas, incluso con entrega de medallas", cuenta.

Para él todos los momentos con sus nietos son satisfactorios, estén en un hotel o en una ruca. "Hay que aprovecharlos al máximo. La vida es muy corta y yo quiero que me recuerden con cariño", dice. "Lo que más me gusta es enseñarles cosas y que ellos puedan aprender de mí. Que me vean como un modelo", agrega.

Antes de partir

Para que la estadía con los abuelos sea perfecta, es clave la comunicación de los padres con sus hijos antes de dejarlos partir. "Deben explicarles en detalle de qué se trata el panorama que harán con ellos. Contarles dónde van a ir, por cuánto tiempo y decirles que, si es necesario, siempre van a estar en contacto", advierte Domingo Izquierdo, psicólogo y director de la Clínica Psiquiátrica y Psicológica de la Universidad Andrés Bello.

Involucrarlos en el proceso de planificación de las vacaciones recomienda por su parte Francisca Puga, directora del Programa de Parentalidad Positiva Triple P. "Si los niños son chicos, los papás pueden armar la maleta con ellos y preguntarles qué les gustaría hacer con los abuelos, para que así se vayan anticipando a lo que va a suceder y se reduzca la ansiedad que puedan sentir", aconseja.

Pero la tarea de los papás no es solo comunicarse con sus hijos, sino que también con sus propios padres y acordar ciertas cosas.

"Hay que asumir que no se puede controlar todo y que mientras los niños estén con sus abuelos las cosas no van a ser exactamente como uno quiere o cómo funcionan en la casa día a día", explica Puga.

"Puede haber ciertos puntos que son imprescindibles y que es importante que se sigan cumpliendo, como por ejemplo, los permisos cuando son adolescentes. Eso se puede acordar, pero ojalá no se siga una estructura fija", añade la especialista.

Publicado en: 
Andrea Manuschevich, El Mercurio