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Publicado el

20 de Octubre de 2015

Temática

Foto: Archivo LA TERCERA
Foto: Archivo LA TERCERA

Simce de Educación Física, que midió a 9.919 alumnos de 370 colegios, mostró además que el 41% padece obesidad o sobrepeso.

Hace un par de décadas, los niños preferían salir a jugar a las plazas o andar en bicicleta, antes que sentarse a ver televisión. Hoy, en cambio, la preferencia se inclina hacia los videojuegos, dispositivos móviles o celulares. Esa es la realidad que, según los expertos, viven los niños y jóvenes en el país. Un escenario que tiene consecuencias y que se hace patente en los resultados del último Simce de Educación Física.

El test se realizó entre noviembre y diciembre del año pasado, por medio de una batería de pruebas físicas que midieron la habilidad de 9.919 estudiantes de octavo básico, de 370 colegios del país.

Como parte de la evaluación, el Simce registró el perímetro de la cintura de cada alumno. Así, se determinó que el 20% de los estudiantes -o uno de cada cinco- tiene riesgo cardiovascular y metabólico.

A eso, se suma que el 25% de los estudiantes que rindieron el test padece sobrepeso y otro 16% sufre obesidad, es decir, el 41%, es decir 3.968 alumnos, está afectado por malnutrición en exceso (ver infografía).

Al respecto, el secretario ejecutivo de la Agencia de la Calidad, dependiente del Ministerio de Educación, Carlos Henríquez, explicó que “tenemos como país una urgencia de poder mejorar los hábitos de la vida activa en todos nuestros niños y niñas. La información que entrega el Simce es sumamente compleja (…) tenemos estudiantes con sobrepeso y obesidad, con baja resistencia muscular, poca fuerza y flexibilidad y baja capacidad aeróbica”.

Las cifras del test preocupan, también, a la nutrióloga y jefa del centro de obesidad del Hospital Clínico de la U. de Chile, Karín Papapietro. A su juicio, “si estos niños no mejoran su condición física, tienen riesgo de padecer enfermedades que les van a empeorar la calidad de vida cuando sean adultos- jóvenes. Por ejemplo, con la aparición de diabetes o presión arterial elevada, que son enfermedades que, entre antes aparecen, provocan mayor cantidad de complicaciones con el correr del tiempo”.

La experta añadió que esta situación “significa un costo enorme para salud pública y privada, porque las personas que desarrollan este tipio de enfermedades tienen una cantidad alta de ausentismo laboral, por licencias médicas. Además, los exámenes y procedimientos que tienen que hacerse son de alto costo”,

Henríquez, a su vez, hizo un llamado a mejorar los hábitos de los estudiantes. “La actividad física no es sólo un tema de la escuela, es un tema de país, por lo que nuestra institucionalidad requiere de mayor coordinación y hoy día se están haciendo distintos esfuerzos al respecto”.

Vulnerabilidad

El estudio arrojó, también, que los índices más alarmantes de sobrepeso y obesidad se registran entre los alumnos de bajos recursos. Eso, pues la malnutrición por exceso afecta al 43% de los menores que provienen de hogares más vulnerables, cifra que baja al 27% en los estudiantes de familias más acomodadas.

El Subsecretario de Salud Pública del Ministerio de Salud, Jaime Burrows, dijo que la situación efectivamente refleja una inequidad. “Los niños de menores recursos tienden a estar más obesos, igual que los adultos (…) porque las personas con menos recursos tienden a usar en su alimentación dietas más ricas en carbohidratos como más pan o bebidas más azucaradas “.

Según la autoridad, como una forma de frenar esta epidemia se ha impulsado la Ley de Etiquetado de Alimentos, que comenzará a regir en junio de 2016 y que obligará a que los quioscos de colegios comercialicen productos saludables. “Una de las normas que viene dentro del reglamento de la Ley de Etiquetado es prohibir la venta en los establecimientos educación de aquellos alimentos que tengan advertencia de tener un contenido de nutrientes críticos por sobre la norma que ha establecido el Ministerio de Salud” (ver recuadro).

La opinión es compartida por Papaprieto: “Comer sano en Chile es carísimo, porque significa comer verduras, carnes desgrasadas y estos son grupos de alimentos de alto costo e incluso los lácteos”.

Agrega que las familias vulnerables tiene otra desventaja que se refleja “a la hora de actividad física, porque los entornos son menos verdes y seguros”.

Publicado en: 
La Tercera por Paulina Salazar