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02 de Octubre de 2016

Temática

 Bajo licencia Creative Commons / www.radiouniversidad.unlp.edu.ar
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Cuando Pía Romo (36) conoció a su marido, Mauricio, hace 16 años, este fumaba mucho más de lo que acostumbra hacer ahora. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta conducta disminuyó notoriamente: de los cerca de 15 cigarros que fumaba en una salida un viernes o sábado por la noche, pasó a uno o dos a la semana. "Yo no fumo, pero nunca le dije a él que dejara de hacerlo. Cuando nos fuimos a vivir juntos, él fue quien se dio cuenta de que no podía invadir los espacios con el cigarro, que este no era sano", recuerda Pía.

No es coincidencia que ella, quien se considera una persona feliz, positiva y relajada, haya influido en este cambio de hábito de su pareja, según plantea un reciente estudio de la Universidad del Estado de Michigan y publicado en el Health Psychology Journal.

De acuerdo con esta investigación, quienes tienen al lado a un compañero contento y satisfecho con su vida, cuentan con un 34% más de probabilidades de estar más sanos, más activos tanto física como mentalmente y presentar un menor deterioro físico a través del tiempo. "Hay bastantes investigaciones que demuestran la relación entre la felicidad de alguien y su propio estado de salud. Pero también hay muchas personas en nuestras vidas que contribuyen en qué tan saludables somos", cuenta a "El Mercurio" William Chopik, académico de la Escuela de Psicología de esa universidad y autor del estudio.

Si bien en la investigación se analizaron los casos de 1.981 parejas mayores de 50 años, Chopik afirma que el efecto también se da en parejas más jóvenes, como es el caso de Pía y Mauricio. "Los jóvenes tienden a ser más sanos, por lo que podría no notarse tanto el efecto. Pero muchas de las relaciones de estos adultos mayores se forjaron en la juventud y a futuro, sí se notará", añade.

Razones detrás

Se ha visto que quienes son felices y tienen una relación amorosa estable, cuidan de la salud del otro, explica Diana Rivera, académica de la Universidad Católica e investigadora del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap). "Los invitan a hacer ejercicio, les recuerdan que vayan al médico y los ayudan a controlar el peso y los alimentos que ingieren".

"Los compañeros felices pueden hacer que las personas que no lo son tanto, se involucren en actividades más saludables, así como también, motivarlos a dormir mejor, alimentarse de manera más nutritiva e incentivarlos a hacer ejercicio", agrega Chopik.

Se asume que quienes tienen una pareja con una actitud más positiva hacia la vida están más tranquilos, tienen menos estrés y una menor perturbación de su equilibrio mental y corporal, afirma por su parte Alejandro Koppmann, psiquiatra de Clínica Alemana. "Además estas personas cuentan con un doble apoyo a la hora de enfrentar las dificultades de la vida cotidiana".

En el caso contrario, cuando se trata de una relación de pareja más inestable y tortuosa se genera el efecto contrario, advierte Koppmann. "Cuando se perturba ese equilibrio al que uno aspira, el organismo se ve obligado a reacomodarse, se le exige un gasto extra de energía, este se deteriora y aumentan las probabilidades de enfermarse".

Por su parte, Claudia Rodríguez, académica de la Facultad de Psicología UDP, recalca que el círculo virtuoso que demuestra el estudio liderado por Chopik, no funciona en todas las parejas. "Se da en parejas que han logrado madurar su relación y han llegado a un estado donde lo que hace uno le genera emociones positivas al otro. Cuando las relaciones son más tortuosas, es más difícil que esto ocurra", advierte la experta.

 
Publicado en: 
El Mercurio por Andrea Manuschevich