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Publicado el

28 de Junio de 2015

Temática

Foto bajo licencia Creative Commons
Foto bajo licencia Creative Commons

Cuando se trabaja con programas que apuntan a disminuir la ansiedad de los escolares, aumentar su autoestima y fomentar su identificación con la escuela, crece también el nivel de resiliencia y se vuelve más fácil aprender lo que el profesor enseña. 

Decepcionados ante los malos resultados que sacaban sus alumnos en pruebas estandarizadas, hace veinte años el Liceo Augusto D'Halmar creó un plan para levantar su puntaje. El método no implicó más horas de clases ni significó un reforzamiento en las áreas débiles: antes de todo eso se privilegió preguntar a los alumnos cómo se sentían siendo parte de la comunidad de este colegio municipal de Ñuñoa.

"Aplicamos una fórmula basada en el cariño y la exigencia. Nos enfocamos en que los niños estuvieran contentos en el lugar donde estaban y que el establecimiento fuera visto como un punto de atracción para todos. Solo cuando vimos que habíamos logrado este primer cometido, nos centramos en el trabajo en torno a la materia", explica su director, Jaime Andrade.

Parte de las iniciativas que se aplicaron para fomentar el compromiso con el colegio fue dar un papel específico a cada alumno, algo que llamaron funcionalidades. "Le dimos a cada uno una responsabilidad, cosa de crear lazos más fuertes con la comunidad. Hasta el día de hoy existen los alumnos responsables de las asignaturas, de deportes, del diario mural o de la disciplina. Les dimos un rol que jugar y nos convertimos en un mejor equipo", indica Andrade, quien hoy celebra los buenos resultados del establecimiento en el último Simce. Con 339 puntos de promedio, el liceo destaca como el mejor emblemático en la categoría de 2° medio.

Ampliar la mirada

De la mano de este logro, con 82 puntos promedio (de un total de 100), el colegio celebra estar por sobre otros de similares características en los indicadores de desarrollo personal y social. Se trata de un conjunto de índices que entregan información sobre aspectos no académicos que han mostrado ser fundamentales para la formación integral.

"Se midieron por primera vez el año pasado a modo de piloto, pero solo ahora reportamos los resultados por escuela", explica el secretario ejecutivo de la Agencia de Calidad de la Educación, Carlos Henríquez. "La decisión de incluir estos factores se toma porque la ley de aseguramiento de la calidad aprobada hace unos años plantea la necesidad de ampliar la mirada en torno al concepto. Lo que queremos es que con esta información adicional, los colegios puedan ajustar su autodiagnóstico y generen acciones con una visión más amplia".

A través de cuestionarios -a los que se sumaron registros del Ministerio de Educación y de la Agencia de Calidad-, el Simce midió la autoestima académica y motivación escolar de los estudiantes, además del clima de convivencia escolar, los hábitos de vida saludable y la participación y formación ciudadana de los alumnos (ver detalles en recuadro).

"Lo interesante es que estos nuevos indicadores permiten sacar lecciones y entender cuáles son las distintas prácticas y creencias que se relacionan de manera positiva con mejores resultados académicos. Porque si hay algo que se muestra, es que existe una relación entre este tipo de comportamientos y cómo te va", indica Hernán Hochschild, director ejecutivo de Elige Educar.

En efecto, luego de que esta semana se dieran a conocer los resultados del Simce, desde la Agencia de la Calidad se informó que, en igualdad de condiciones socioeconómicas, un buen clima escolar puede sumar hasta 76 puntos en la prueba (ver el detalle de las cifras).

"Lo bueno de poner atención a estas cosas es que las escuelas adquieren más herramientas para cambiar ciertos comportamientos. Por ejemplo, enfocarse más en la retroalimentación docente: en vez de que el profesor haga una pregunta y cinco niños levanten la mano, se escoja a uno, y si este responde mal, se pase inmediatamente al otro. Esta nueva visión puede ayudar a crear instancias en donde se explique por qué esa primera respuesta no fue la que se esperaba. Eso ayuda a que todos aprendan mejor".

Más alertas

Francesca Borgonovi, analista del equipo PISA en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), comenta desde París que varios estudios internacionales coinciden en la importancia que tiene fomentar un ambiente cálido en la escuela.

"Los informes indican que existen factores que tienen un fuerte impacto tanto en el bienestar como en el rendimiento académico. Por ejemplo, las buenas relaciones entre profesores y alumnos son muy propicias para el establecimiento de un clima que permite buenos estados psicológicos y alto rendimiento académico entre adolescentes. De igual forma, las escuelas que ponen en marcha estrategias para asegurar que no exista intimidación entre sus alumnos son capaces de promover el bienestar y el rendimiento académico a través de un ciclo positivo que se refuerza mutuamente. No por nada la intimidación y el maltrato son predictores importantes de la deserción", plantea Borgonovi.

En la escuela Francisco Ramírez de San Ramón -que en el Simce de 8° básico obtuvo 330 puntos en Matemáticas y sumó 87 puntos en el indicador relacionado al clima de convivencia escolar-, fomentar el buen trato se ha hecho parte del proyecto educativo. "Un niño que está a gusto en el colegio es uno alerta y que por lo mismo se encuentra mejor capacitado para aprender", explica su directora, Cristina Barahona.

Para lograr esta meta, su estrategia ha sido seleccionar alumnos mediadores, estudiantes que destacan por su responsabilidad, que intervienen en caso de conflictos, los que después se conversan, entre todos, con los profesores. Al ser los mediadores una voz cercana, los estudiantes se sienten confiados de contar sus problemas, generando menos rechazo a la idea del colegio.

"El concepto de comunidad disminuye el nivel de ansiedad, lo que ayuda a concentrarse en el rendimiento", plantea la directora.

Comparación entre establecimientos de igual condición económica

54 puntos de diferencia en el Simce puede llegar a generar un ambiente escolar protegido, donde los estudiantes declaran sentirse seguros dentro del establecimiento.

24 puntos de diferencia puede generar la existencia de retroalimentación docente, según comprobó un análisis contrastado con la prueba de Lectura de 8° básico y 2° medio.

Publicado en: 
El Mercurio