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04 de Agosto de 2016

"¿Puedes decirme algo que te gusta de tu cuerpo?", pregunta la terapeuta a una mujer de 30 y tantos años que está frente a un espejo de cuerpo entero.

-"Bueno, tengo caderas marcadas, mi busto se nota... indudablemente tengo un cuerpo de mujer", dice ella con seguridad.

Ante la misma pregunta, otra más dubitativa entrecruza los brazos mientras se mira y dice: "Me gusta lo flaca que soy... me gusta que mis piernas sean largas... me gusta el área de mi cuello".

Cuando les preguntan si la forma en que sienten o ven su cuerpo está influida por su madre, las dos responden categóricamente que sí.

Lo que probablemente ellas no saben es que esa influencia comenzó mucho antes de que sus madres les dijeran "andas siempre chascona", "te ves gorda" o "te ves muy linda con ese vestido". Antes incluso de que advirtieran que sus madres hacían dieta constantemente, se ponían ropa ancha para ocultar su sobrepeso o lucían con orgullo un amplio escote.

"La influencia empieza mucho más temprano, en los primeros meses de vida. Desde entonces, las niñas están recibiendo mensajes, muchos sutiles, sobre cómo sus madres se sienten con su propio cuerpo y lo que proyectan en sus hijas", dice a "El Mercurio" Miriam Steele, codirectora del Centro para la Investigación en Apego de la Universidad New School for Social Research (EE.UU.).

La experta, quien dictó una conferencia sobre apego y corporalidad organizada por la Facultad de Psicología de la U. Diego Portales -en el marco del proyecto Fondecyt "Mentalización en procesos psicoterapéuticos"- ha enfocado sus estudios en cómo el apego con la madre influye en la representación corporal de las mujeres.

"Empezamos el estudio con madres e hijas por la mayor prevalencia que tienen entre las mujeres los problemas con su cuerpo y los trastornos alimentarios, y donde las niñas están recibiendo desde que son cada vez más pequeñas mensajes sobre su cuerpo de parte de sus padres, profesores y pares, de imágenes de revistas, TV y publicidad".

Espejito, espejito

Las mujeres que se observan frente al espejo son parte de la investigación dirigida por Steele. La técnica, desarrollada por la psiquiatra chileno-estadounidense Paulina Kernberg, permite develar aspectos cruciales de la forma en que se relacionaban un individuo y su madre, el "espejo" original en que se miran las personas.

"Hemos visto que hay un vínculo entre la calidad del apego y la representación del cuerpo. Un apego seguro -en que la madre es sensible a lo que ocurre con su guagua- hace que la hija se sienta segura, querida y que se quiera a sí misma", dice Steele. Y esto, agrega, "tiene el potencial de amortiguar el impacto pernicioso de mensajes descabellados sobre las representaciones corporales de la mujer".

Un apego inseguro, en cambio, especialmente el que establecen las madres intrusivas y las evasivas, lleva a que las niñas se cuestionen constantemente y sientan que podrían ser más queridas si son más flacas o si se ven o se visten de cierta forma. De ahí hay un camino muy corto a caer en problemas de autoestima o trastornos alimentarios.

Por eso, aconseja la experta, "es fundamental criar teniendo en cuenta que cada niña es hermosa y merece amor y, si tienes problemas con tu propio cuerpo, busca ayuda para resolverlos y así tener un impacto positivo en tus hijas".

 
Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.unamamanovata.com