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06 de Junio de 2017

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 Licencia Creative Commons / Flickr CollegeDegrees360
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Acostarse y levantarse a un horario relativamente regular de lunes a domingo ayudaría a reducir el jet lag social, brecha de sueño que puede tener serias consecuencias para el organismo. 



El intento de saldar la deuda de sueño de la semana durmiendo a destajo durante el fin de semana, puede tener un alto costo para la salud. Sobre todo si eso implica desplazar en forma importante el horario en que se va a la cama y se despierta.

Resultados preliminares de un estudio presentado ayer en la la 31.a Reunión Anual de las Sociedades de Profesionales del Sueño (APSS), en Boston, EE.UU., revelan que acostarse y levantarse los fines de semana mucho más tarde que en la semana se asocia a una salud más débil, mayor alteración en el estado anímico, más somnolencia y fatiga.

El fenómeno es parte del llamado jet lag social, término que describe el desfase entre el propio reloj biológico y los horarios que imponen las actividades sociales, ya sea de esparcimiento, trabajo o estudio.

Su manifestación más clara ocurre entre los días de semana -regido por el despertador- y los fines de semana, cuando las personas se acuestan en función de actividades de esparcimiento y despiertan en un horario más cercano al ritmo natural de su organismo (ver recuadro).

Terapia preventiva

Tras evaluar a 984 personas de 22 a 60 años, los investigadores del Programa de Investigación en Sueño y Salud de la U. de Arizona concluyeron que por cada hora de jet lag social aumenta en 11% la probabilidad de sufrir un infarto cardíaco.

La relación, sin embargo, no es causa-efecto. Pero es coherente con estudios previos que han detectado que por cada hora de jet lag social aumenta en 33% el riesgo de sobrepeso y obesidad. Asimismo, mientras mayor es el jet lag social, más probable es que la persona fume, beba más alcohol y más café.

A nivel fisiológico, el doctor Mario Muñoz, jefe del servicio de Cardiología del Hospital del Trabajador AChS, señala que "el fenómeno se puede comparar con lo que ocurre con las apneas del sueño: un mal dormir genera alteraciones hormonales y de recuperación que favorecen la hipertensión arterial, arritmias, accidentes cerebrovasculares e infartos al miocardio".

"Estos resultados indican que un horario de sueño regular podría ser una terapia efectiva, relativamente simple y barata para prevenir enfermedades cardiovasculares y otro tipo de enfermedades", dijo Sierra Forbush, lider del estudio presentado ayer en Boston.

Para John Ewer, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencia (CINV), de la U. de Valparaíso, reducir el jet lag social pasa por ajustar el horario de despertar al de la salida del sol, lo que ocurre de forma natural los días libres. Esta brecha, señala, se vuelve crítica cuando se cambia la hora para tener más luz al final del día. "Despertar cuando aún está oscuro tiene un alto costo, especialmente para los escolares. Cuando se mantuvo el horario de verano, el ausentismo aumento de 16 a 19%". A la inversa, señala, un estudio de la U. de Minnesota que siguió por tres años a 9 mil escolares mostró que retrasar el ingreso a clases a las 8:30 mejoró el rendimiento académico, redujo los atrasos y el ausentismo, y disminuyeron en 70% los choques protagonizados por adolescentes de 16 a 18 años.

Publicado en: 
Paula Leighton / El Mercurio