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Publicado el

27 de Diciembre de 2015

Temática

Foto: Universidad de Talca / La Tercera
Foto: Universidad de Talca / La Tercera

Estudios realizados en animales muestran que los residuos del tomate disminuyen la formación de placa aterosclerótica y trombos.

La tomasa es el residuo generado por los tomates e incluye la piel, pulpa y semillas. La Región del Maule, que concentra más del 60% de la producción del tomate industrial de Chile, genera casi 18 mil toneladas de tomasa, que hoy se usa principalmente para consumo animal.

Hace poco más cinco años, investigadores de la Facultad de Ciencias de la Salud de la U. de Talca iniciaron una investigación para estudiar la relación entre trombosis y alimentos que la pudieran prevenir, como parte del Programa de Investigación de Factores de Riesgo Cardiovasculares. Considerando estudios previos que mostraban que el tomate ayudaba a la salud cardiovascular y la gran cantidad de tomasa que produce la región, decidieron incorporarla dentro de los alimentos a investigar.

Hoy tras nuevos estudios preclínicos realizados en animales, los investigadores comprobaron que la tomasa es capaz de disminuir la formación de plaquetas que se adhieren a las arterias y que ayudan a la generación de placa aterosclerótica (evita que se adhieran a las capas interiores de vasos sanguíneos) y además previene la formación de trombos que se producen cuando parte de esta placa escapa al torrente sanguíneo.

“Observamos en el laboratorio que  los compuestos que le otorgaban su capacidad antiplaquetaria, resistían distintas temperaturas y acidez. Con ayuda de investigadores del Instituto de Química encontramos moléculas que tenían en forma aislada este efecto. Luego en una máquina se detectó que las plaquetas no sólo dejaban de funcionar de forma estática, sino que también en movimiento (similar al vaso sanguíneo)”, explica el profesor Iván Palomo, investigador del Laboratorio de Hematología  e Inmunología de la U. de Talca.

En ratones, utilizaron un sistema que provoca en estos roedores trombosis en una arteria cercana a los intestinos. Al inyectar a los ratones extractos de la tomasa o los compuestos bioactivos purificados, también provenientes de la tomasa, los ratones sufrieron significativamente menos trombosis. 

Además, una de las propiedades de la tomasa es que tras un proceso de secado sus componentes no cambian, por lo que se pueden incluir como aditivo a los alimentos de mayor consumo sin afectar su sabor, características o aroma.

“La tomasa era un desecho, y el haber descubierto estas propiedades en un desecho tiene un potencial de impacto en el medioambiente gigante. Podrías transformar a la industria del tomate en una industria circular con desechos reutilizados”, explica Ricardo Díaz, director del Centro de Estudios de Alimentos procesados (Ceap), que también participaron en esta investigación.

Nuevos trabajos

A partir del próximo año, se realizarán los primeros estudios clínicos en humanos conducidos por científicos de esta universidad, desde el diseño hasta el análisis. De acuerdo al programa, a fines de 2016 se espera haber comprobado este efecto a nivel de laboratorio e in vitro en seres humanos.

“Si los resultados del estudio se confirman, sería tan importante que podría ser hasta obligatorio que la tomasa se introdujese en las harinas de todo el país”, concluye Ricardo Díaz.

Por su parte, el Ceap buscará desarrollar a escala industrial la tomasa. Para eso se adjudicó uno de los proyectos del Primer Concurso de Fortalecimiento de Centros Regionales, convocado por Conicyt, a través de su Programa Regional, fondos que buscan el desarrollo territorial mediante proyectos de I+D colaborativos entre centros regionales, pymes e instituciones del Reino Unido.

Son dos años de investigación, que primero validará el efecto cardioprotector del extracto de tomasa en seres humanos, estudio piloto a nivel industrial y la evaluación económica para la obtención y comercialización del ingrediente.

Colaborará en este trabajo el Institute of Food Research del Reino Unido, centro encargado de proponer el diseño y la ejecución de los estudios clínicos, trabajo que además se realizará en conjunto con la U. de Talca y el Food Innovation Center de Estados Unidos, quien aportará con los análisis que determinarán la disposición del consumidor a pagar por los atributos identificados en el estudio clínico, valorando monetariamente la intención de adquisición de estos.

Junto a ellos participarán tres pymes de la región que trabajarán en el escalamiento piloto para la obtención del ingrediente y una empresa de mayor tamaño encargada de aportar  con la materia prima a utilizar, que en este caso corresponde al subproducto obtenido del proceso de elaboración de pasta de tomate.

Publicado en: 
La Tercera por Cecilia Yáñez