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02 de Noviembre de 2016

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Bajo licencia Creative Commons / www.farmacosalud.com
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Médicos debaten sobre la real efectividad de estos medicamentos, que según el ISP en los últimos cuatro años han aumentado sobre un 2.000%.

La fentermina es uno de los medicamentos indicados para bajar de peso que se venden en Chile. Actúa elevando los niveles de noradrenalina en el hipotálamo, lo que reduce el apetito. El mes pasado, a la fentermina se unió la lorcaserina, medicamento que la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, sigla en inglés) autorizó en 2012. El fármaco activa receptores de serotonina en el cerebro, neurotransmisor encargado de desencadenar la sensación de saciedad y satisfacción. A diferencia de sus antecesores, como la sibutramina y fenfluramina (hoy indicados para otras enfermedades), la lorcaserina sólo activa un receptor relacionado con el apetito y no todos.

Según Mónica Peirano, gerente de Desarrollo de Nuevos Negocios de Laboratorio Synthon, uno de los dos autorizados para vender lorcaserina en Chile, el fármaco está indicado para ser ingerido una o dos veces al día, y por su mecanismo de acción no produce adicción ni efectos cardiovasculares, lo que permite un uso prolongado.

A estos dos fármacos podrían unirse en los próximos años algunos más, ya aprobados por la FDA. Pero, ¿son efectivos?, ¿quién puede ingerirlos?

El presidente de la Sociedad Chilena de Obesidad, Álex Valenzuela, explica que todos los seres humanos están adaptados para engordar. “Si baja la ingesta calórica, el metabolismo comienza a funcionar en cámara lenta para almacenar más energía. Además, las hormonas que regulan el apetito aumentan para ayudar al almacenamiento”, dice.

Es la principal razón por la que las dietas hipocalóricas y la actividad física no tienen efecto en el tiempo y la explicación de que los fármacos son una herramienta para reducir el peso extra en personas con obesidad severa.

La obesidad es una enfermedad crónica que requiere un tratamiento de por vida, al igual que la diabetes o la hipertensión. Se calcula que hasta el 50% de los pacientes obesos requiere ayuda farmacológica para bajar de peso.

Por eso sólo están indicados para estos pacientes. “Una persona que quiere bajar cuatro o cinco kilos puede hacerlo con dieta y ejercicio. Pero entre los obesos, hasta el 50% requiere ayuda de fármacos”, dice la directora médica de Nutramed, Mónica Manrique. También entran en este grupo los mayores de edad con un índice de masa corporal (IMC) sobre 27 con morbilidad asociada, como hipertensión, diabetes o hígado graso, entre otras, o un IMC sobre 30 con o sin enfermedades asociadas, agrega.

Manrique señala que los actuales fármacos son efectivos, seguros y han mostrado buenos resultados en el largo plazo. “Pueden ser usados de por vida. Tienen seguridad cardiovascular. El arte del médico es indicar el adecuado para cada paciente, combinarlos o cambiarlos según se requiera para obtener los mejores resultados, considerando además que cada uno tiene efectos secundarios y varias contraindicaciones”, advierte.

Según Valenzuela, la fentermina es el fármaco número uno y debiera indicarse de por vida, con dosis más bajas de mantención. Pese a ser un derivado de la anfetamina, no produce adicción ni problemas cardiovasculares.

Los medicamentos combinados son otra alternativa. La unión de fentermina con topiramato es muy efectiva en quienes comen de noche, dice Manrique. El segundo es un antiepiléptico y antijaquecoso que potencia la acción anorexígena de la fentermina.

También existe la naltrexona con bupropión. El primero se usa para la adicción al alcohol, y el segundo, como antidepresivo y para dejar de fumar. En obesos controla el deseo por grasas y azúcares, que se ha demostrado son adictivas, dice Valenzuela, pero no se vende en Chile.

Otra opción es la liraglutida, que en primera instancia fue aprobada para el tratamiento de la diabetes. Con el tiempo, se vio que en dosis más altas ayudaba también a bajar de peso. Hoy en Chile está la versión de 1,8 miligramos. Se espera que llegue la dosis de 3 miligramos (ambas inyectables), pero a un alto precio. En EE.UU., el tratamiento cuesta 1.200 dólares mensuales.

No más de 10%

Desde el punto de vista médico, una reducción de 5% o 10% respecto del peso inicial del paciente es un éxito, porque ya mejora el mecanismo del azúcar, disminuyen los problemas vasculares y, por lo tanto, ese el objetivo que se busca. “Reducir ese porcentaje en seis meses y mantenerlo en el tiempo es más fácil con medicamentos”, dice Valenzuela. Distinto es el objetivo del paciente para quien muchas veces ese 10% de disminución no es suficiente y está más pendiente de un buen resultado estético.

Publicado en: 
La Tercera, por Cecilia Yáñez