Publicado el

09 de Enero de 2017

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Chile Vive Sano
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"Me encantaría salir a trotar al parque y durar media hora. Pero por lo general, a los diez minutos dejo que me gane el cansancio. La mente debería empujar hacia adelante y motivarte, pero a mí me tira hacia abajo. Pienso que no voy a poder lograrlo y me rindo", reconoce la diseñadora Francisca Valdebenito (30). Si bien el trote no es su deporte favorito, siempre le ha parecido atractivo correr, sobre todo al ver a otros trotando en las calles. Pero aunque se ha propuesto intentarlo varias veces, se aburre con facilidad.

"Y en las máquinas del gimnasio es peor. Es difícil dejarse llevar y desconectarse cuando tienes una pantalla diciéndote cuánto tiempo llevas trotando. Yo la miro a cada rato y siento que el reloj no avanza. Se me hace una eternidad", agrega Francisca.

Tal como a ella, a muchos les pasa que tienden a abandonar la actividad física cuando no son capaces de lidiar con sensaciones como el cansancio y la fatiga, explica Rodrigo Cauas, psicólogo deportivo y académico de la Universidad Andrés Bello. "Siempre van a existir molestias, sed, hambre y agotamiento. Algunos logran controlarlo y otros no", advierte el especialista.

Al estar programado para sobrevivir y defenderse de amenazas externas, el cerebro tiende a concentrarse en lo negativo y a ser más pesimista, explica Cauas. "Por lo tanto hay que entrenarlo para que se centre en los aspectos positivos de realizar actividad física. Por ejemplo, si vas a subir un cerro, en vez de pensar que estás cansado o que hace mucho calor, hay que fijarse en los sonidos de la naturaleza, sentir el aire, tratar de disfrutar".

Zona de confort

"Los logros humanos tienen que ver con superar barreras y no permanecer en la zona de confort", afirma Enrique Aguayo, psicólogo deportivo de Clínica MEDS y miembro de la Sociedad Chilena de Psicología del Deporte.

El especialista recomienda antes de hacer ejercicio, plantearse pequeñas metas para recordar en esos momentos en que la mente puede empezar a traicionarnos.

"Cuando se llega a ese punto de quiebre, uno puede decir: 'Voy a esforzarme cinco minutos más, y si creo que estoy bien, voy a seguir otros cinco'. Y así ir de a poco. Las tareas tienen que ser exigentes, pero realizables. Así, cuando uno las cumple, siente que no las abandonó y es feliz", aconseja Aguayo.

Mientras se trota, se anda en bicicleta o se realiza cualquier otra actividad física, es recomendable previsualizar en la mente una recompensa.

"Puedes ir pensando en que después vas a poder comerte algo rico sin culpa porque ya gastaste suficientes calorías. Hay que premiarse a uno mismo cuando se alcanzan las metas", dice Gilson dos Santos, psicólogo deportivo y docente del Magíster en Medicina y Ciencias del Deporte de la Universidad Mayor.

Cauas también invita a desarrollar la paciencia. "La liberación de endorfinas se produce al terminar de hacer ejercicio, no antes. Cuando lo estoy practicando no me voy a sentir muy bien, pero después sí voy a sentir placer y mayor sensación de bienestar, lo que motiva para seguir haciéndolo", comenta.

Por último, buscar un compañero también es buena idea. "Para la mayoría de la gente es más fácil hacer ejercicio cuando se está acompañado. Ayuda a distraerse y se pueden motivar uno al otro", añade Aguayo. "Todos tenemos algo competitivo y nadie quiere ser el que afloja si el otro no lo hace", argumenta.

Publicado en: 
Andrea Manuschevich, El Mercurio