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Publicado el

01 de Marzo de 2016

Temática

Foto: AFP / El Mercurio
Foto: AFP / El Mercurio

La falta de un sueño reparador no solo se traduce en andar somnoliento al día siguiente. También tiene un impacto negativo en la salud, aumentando el riesgo de enfermedades, incrementando el apetito y haciendo que la persona prefiera alimentos más calóricos, ricos en sal, azúcar y grasas, comparado con quienes duermen ocho o más horas.

En la sociedad actual, es creciente el número de personas que duermen menos de siete horas diarias, según los expertos.

Ahora, un estudio realizado por la Universidad de Chicago comprobó que, al dormir poco, en las personas aumenta un 33% por sobre lo normal un compuesto conocido como 2-AG, que activa en el cerebro el llamado sistema endocannabinoide, el mismo que estimula la marihuana y que aumenta el apetito por los alimentos ricos en calorías, como galletas, caramelos y otras golosinas. "Se trata de un mecanismo que incrementa el deseo hedónico de comer, y por eso se eligen alimentos apetecibles", dice la doctora Erin Hanlon, autora principal de esta investigación.

Habitualmente, el aumento máximo del 2-AG se produce poco después del mediodía y luego, su nivel se reduce, aunque en quien tiene déficit de sueño se mantiene alto hasta las 21 horas. Y mientras esto sucede, estas personas comen un exceso de calorías, porque eligen productos con el doble de materia grasa, según este estudio que publica la revista Sleep.

Durante las pruebas, bastaron cuatro días de dormir poco, para que la persona consumiera hasta 300 calorías adicionales.

Efecto rápido

Pero hay evidencia de que este efecto es muy rápido. "Hay estudios que demuestran que con solo una noche que se duerma poco, ya se producen alteraciones de la insulina y aumenta el azúcar en el organismo", dice el doctor Leonardo Serra, neurólogo del Centro de Sueño de Clínica Alemana.

Según explica, en estas personas se desincroniza la biología normal. Porque comen a horas en que el organismo no está preparado para digerir estos alimentos, por eso, lo que ingieren se convierte en grasa y terminan con sobrepeso u obesas.

En el estudio, quienes tenían deuda de sueño comenzaban a consumir golosinas solo dos horas después de haber almorzado, conducta que mantenían durante el resto de la tarde y ya entrada la noche.

"A pesar de las limitaciones del estudio, como la pequeña cantidad de voluntarios -14 personas- o los pocos días que duraron las pruebas, los hallazgos son claramente significativos y consistentes", dicen los autores.

"Si usted tiene una barra de Snickers y ha dormido lo suficiente, entonces podrá controlar su impulso de comerla", dice la doctora Hanlon. "Pero si no ha dormido lo necesario, su impulso por estos alimentos se hace más fuerte y su habilidad para resistirlos más débil, por lo que es muy probable que se la coma. Repita esto varias veces y subirá de peso", agrega.

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El Mercurio por Sebastián Urbina