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Publicado el

15 de Julio de 2016

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Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.soytopmother.com
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Desde que apareció la luz eléctrica y se masificó su uso, las personas duermen en promedio dos a tres horas menos, algo que afecta su metabolismo y que facilita la aparición de obesidad.

Por eso, cuidar las horas de sueño necesarias es muy importante, y esto debe hacerse desde la primera infancia. Así lo comprobó un grupo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos, quienes siguieron a 977 recién nacidos hasta alrededor de los 15 años de edad.

Ellos vieron que cuando los niños entre los 4 y 5 años van regularmente a la cama antes de las 20:00 horas, tienen un riesgo de 10% de ser obesos en su adolescencia, alrededor de los 15 años. Entre quienes se van a dormir entre las 20:00 y las 21:00 horas se registra un 16% de obesidad, y entre quienes se duermen después de las 21 horas, hay un 23% de riesgo. El problema es que solo un 25% se acostaba antes de las 8 pm.

Este hallazgo es relevante porque "refuerza la importancia de establecer una rutina adecuada de irse a la cama", dice la doctora Sarah Anderson, profesora de epidemiología que lideró la investigación. Según explica, el papel de los pediatras es aconsejar a los padres en este sentido.

El estudio y sus resultados se publican en la revista The Journal of Pediatrics.

La obesidad crea las condiciones para una vida de lucha con el peso y una serie de complicaciones de salud que la acompañan, incluida la diabetes y la enfermedad cardíaca.

"Esto es algo concreto que pueden hacer las familias para reducir el riesgo de obesidad de los niños, y que también es probable que tenga beneficios positivos en el comportamiento, así como en el desarrollo social, emocional y cognitivo del menor", añade Anderson.

En Chile, la obesidad y el sobrepeso infantil son un problema. Las cifras dicen que el 22,3% de los niños de prekínder tienen kilos de más, lo que aumenta al 23,6% en kínder y al 25,3% en primero básico.

"Cuando el niño duerme menos, se produce menos hormona del crecimiento, y al quedar con una estatura menor hay más posibilidades de obesidad", dice el doctor Leonardo Serra, neurólogo del Centro del Sueño de Clínica Alemana.

Asimismo -agrega-, "al dormir menos el niño está más cansado y, por lo mismo, más sedentario, lo que indirectamente le ayuda a subir de peso".

Y a nivel hormonal se produce una resistencia a la llamada leptina, hormona que produce saciedad. "Entonces el niño no se satisface, y come más de lo que necesita, subiendo de peso", advierte Serra.

Otro factor que destaca el estudio es que los niños que no son blancos, cuyas madres tienen menos educación y viven con menos recursos, en general, se acuestan más tarde.

Lo importante es entender que los niños están biológicamente preprogramados para irse a dormir temprano. Y las 8 de la noche parece ser una buena hora.

 
Publicado en: 
El Mercurio por Sebastián Urbina