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22 de Diciembre de 2016
Bajo licencia Creative Commons / www.quo.es
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La leche sigue sorprendiendo a los investigadores por su gran cantidad de beneficios para la salud. Y no solo para un recién nacido, que depende del amamantamiento para tener buenas defensas y no enfermarse, además de crecer y desarrollarse bien.

Estudios recientes demuestran, por ejemplo, que los niños que toman leche tienen menos riesgo de ser obesos, cuentan con un mejor desarrollo cerebral y alcanzan mayor estatura que los que no la consumen. Además, este alimento contiene una serie de bacterias protectoras que colonizan el intestino de las personas, fortaleciendo su inmunidad.

"La leche es un producto de millones de años de evolución, que nutre y protege la salud de quienes la consumen", dice Bruce German, profesor de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de California, en Davis. El médico participó, la semana pasada, en el seminario "Leche y salud humana", organizado por el Centro de Innovación en Ciencias de la Vida que mantiene en Santiago ese centro de estudios superiores de EE.UU. "Si comparamos a quienes consumen lácteos y a los que no, los primeros tienen una mayor sobrevida", agrega este investigador.

Proteínas de alto valor

Para German, la domesticación de otros mamíferos y el uso de su leche para alimentar a las personas, "es una de las ideas más ingeniosas que hemos tenido". Este alimento, dice, es necesario en todo el ciclo de la vida, desde la niñez hasta que se es adulto mayor. En Chile, la situación es preocupante, según la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario 2014. Allí se ve que hasta los siete años los niños tienen un buen consumo de lácteos. Desde ese momento se produce una disminución, y el consumo es muy bajo hacia el final de la adolescencia.

"Nosotros recomendamos que los adultos consuman al menos tres porciones de lácteos al día", dice la doctora Lorena Rodríguez, jefa del Departamento de Alimentos y Nutrición del Ministerio de Salud. Esto se logra con un vaso de leche, un yogur y una rebanada de queso.

La razón es que estos alimentos tienen proteínas de alto valor biológico, que son las que ayudan al organismo a producir tejidos. Y aunque estas proteínas se encuentran también en alimentos como el huevo, el pescado y las aves, en cuanto al calcio, no hay otro producto que sea tan rico en este mineral. "Las almendras contienen calcio, pero habría que comer grandes cantidades para obtener lo que aporta un vaso de leche", agrega la doctora Rodríguez. Y si bien la especialista considera respetable la decisión de algunos adultos de no tomar leche, advierte que esto no tiene base científica.

El problema de sacar los lácteos de la dieta, según el doctor Rodrigo Valenzuela, del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, es que son reemplazados por alimentos de menor calidad nutricional.

"Cuando sacamos la leche de la dieta, lo habitual es que no se reemplace por agua, sino que por jugos y bebidas azucaradas. Cuando sacamos el queso, aparecen el paté y otros embutidos. Y si sacamos la mantequilla, aparece la margarina, que es claramente más nociva", detalla este académico.

 
Publicado en: 
Sebastián Urbina, El Mercurio