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Publicado el

26 de Noviembre de 2016

Temática

bajo licencia Creative Commons / www.rcnnovelas.com
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Llega tarde de trabajar y se queda viendo televisión para despejar la mente. Al día siguiente, el despertador suena y, sin poder hacer nada, vuelve la rutina. Por suerte, dormir poco de vez en cuando no tiene más consecuencias que un día a media máquina, pero si se vuelve algo constante, varias enfermedades podrían aparecer.

Aunque aún falta mucho por comprender, de a poco la ciencia está desentrañando la función exacta del reloj interno o ciclo circadiano. Un mecanismo central que comandaría a muchos otros, los que, en conjunto, serían responsables de que el cuerpo funcione a la perfección.

No dormir cuando se debe, ni la cantidad de horas necesarias, además de no comer en los tiempos en que el cuerpo está programado para hacerlo podría ser determinante en la obesidad, algunos tipos de cáncer o, incluso, en enfermedades neurodegenerativas. Por ello, en su última edición la revista Science dedica un especial a los más recientes avances sobre el reloj interno.

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El ritmo circadiano es un sistema que funciona bajo el comando de un reloj central, el que sincroniza al resto de los relojes que ordenan los procesos del cuerpo. Por ello, por ejemplo, no se siente hambre cuando se duerme. "Pero si ese director de orquesta se va, cada uno de los músicos comienza a tocar por su lado y la melodía desaparece", explica Javiera Castro, doctorada en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile.

Y es en esa precisión de relojería suiza donde cualquier alteración tiene consecuencias. "Al dormir (de noche) se activan los circuitos normales del cortisol, del sistema endocrino, del hepático y la secreción de insulina para que todo funcione bien", ejemplifica Anamaría Gazmuri, psiquiatra de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello. De la misma forma, al despertar se reactivan otros mecanismos.

Por esta razón, ingerir comida a cualquier hora del día no daría lo mismo. "El momento cuando se consume alimentos, independientemente de las calorías y la calidad de sus macronutrientes, sería crítico para mantener un metabolismo saludable", asegura en uno de los estudios Satchidananda Panda, genetista del Instituto Salk de Estudios Biológicos, en EE.UU.

Así, por ejemplo, el aumento del nivel de glucosa de una persona adulta es mucho mayor después de la cena que al desayuno, aún cuando haya consumido exactamente lo mismo. "Esto indica que además del qué y cuánto comemos, el cuándo determina la respuesta fisiológica a la disponibilidad de nutrientes", asegura el estudio. En otras palabras, no se puede seguir la dieta a cualquier hora si quiere que funcione.

"En el cuerpo ocurren muchos procesos metabólicos asociados, los que se pueden ver afectados por el cambio de los patrones de sueño y de la alimentación", explica Javiera Castro.

Si bien el reloj interno es bastante plástico, agrega la especialista, y se recupera del jet lag de un viaje o de las salidas del fin de semana, cuando el desorden se vuelve rutina los daños pueden ser permanentes. "Si se pasa de la resistencia a la insulina a la diabetes, no hay vuelta atrás", asegura.

Y tampoco lo habría con otras dolencias. Un segundo estudio liderado por Erik Musiek, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, plantea que patologías neurodegenerativas como párkinson, alzhéimer o la enfermedad de Huntington no solo afectarían al reloj biológico una vez que se presentan. Un desajuste anterior del mecanismo potenciaría, a su vez, la aparición de estos males. Cómo afecta el ritmo circadiano al proceso de envejecimiento del cerebro es algo por descubrir, se lee en las conclusiones.

Defensas con hora

El sistema inmune también tendría su horario. "Casi todos los mecanismos de la respuesta inmune (tanto innata como adaptativa) oscilarían de manera circadiana", dice otro estudio encabezado por Kevin Man, del Instituto de Investigación Cardiovascular de la Universidad de California, San Francisco.

Manejar dicha agenda sería vital para poder recetar medicamentos en forma más efectiva. "Se sabe que si se administra una vacuna después de una noche de mal dormir, esta es mucho menos efectiva y no se logran los niveles de anticuerpos esperados", explica Leonardo Serra, neurólogo del Centro del Sueño de la Clínica Alemana.

Si bien la vida moderna es en parte culpable del desajuste del reloj interno -comida disponible a toda hora, luz constante y poco tiempo para dormir- la vida en sociedad también sería fundamental.

El " jet lag social" es un desajuste en los hábitos producido por las diferencias horarias entre la semana y los días de descanso. Tanto la recuperación de sueño como el desorden y exceso en las comidas en el fin de semana, no permitirían que el reloj se reajuste definitivamente. "Esto tiene muchas consecuencias, desde la resistencia a la insulina hasta el sobrepeso", dice el doctor Serra.

Por eso el cuidado del reloj interno tiene que ser constante, concuerdan los especialistas.

Horas mínimas: Un adulto debería dormir entre 7 y 8 horas, y como mínimo 6, dice Leonardo Serra, neurólogo de la Clínica Alemana. Si se trabaja en turnos nocturnos, lo ideal es dormir solo durante la mañana y levantarse a mediodía para así acelerar el proceso de ajuste del reloj interno, agrega Anamaría Gazmuri, psiquiatra de la Universidad Andrés Bello.

 
Publicado en: 
Lorena Guzmán, El Mercurio