Publicado el

03 de Noviembre de 2017

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Foto: Bajo licencia creative commons / Flickr USDA
Foto: Bajo licencia creative commons / Flickr USDA

Deficiencias nutricionales, cambios bruscos de peso y trastornos en la conducta alimentaria son las consecuencias que sufrirían los menores que llevan una dieta celíaca, sin padecer alergia a esta proteína del trigo. 



Un estudio publicado en 2016 por la U. de Columbia ya había advertido que la dieta sin gluten para niños no celíacos no aporta beneficios, pero además de ser una práctica innecesaria, también implica riesgos en su salud, explica Magdalena Araya, investigadora del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA).

"La dieta sin gluten es pobre en hierro, por lo que produce un déficit de minerales", dice la especialista. "No existe evidencia de que el gluten haga daño a quienes no sufren de celiaquía, no tengan sensibilidad al gluten o sean no alérgicos al trigo". Araya agrega que los niños sanos se exponen a riesgos, principalmente, cuando sus padres eliminan el gluten de sus dietas, sin considerar que los pacientes celíacos son tratados con suplementos para evitar las deficiencias que supone esta alimentación.

El gluten es una proteína presente en el trigo, alimento que Victoria Bustamante restringió a su hijo Santiago (4) hace dos meses. Aunque el niño no es celíaco, Victoria cuenta que tomó la decisión luego de leer que esto ayudaba a evitar cualquier tipo de alergia. "Hasta ahora, lo que he visto es que está un poco más apagado de ánimo", comenta.

Ximena Raimann, nutrióloga infantil de Clínica Las Condes, explica que tampoco existe evidencia científica para el caso de la alergia y que el síntoma de Santiago tiene que ver con que la restricción de gluten también produce deficiencia de energía. "Cuando eliminas ciertos grupos de alimentos, como los carbohidratos, el niño no tiene de dónde obtenerla".

Aunque Santiago bajó tres kilos en dos meses, según cuenta su mamá, es más común el caso contrario, asegura la doctora Raimann. "Los niños van a buscar comer azúcares y grasas para suplir la necesidad de energía, y allí hay un potencial riesgo de obesidad al que no es necesario exponerse", dice Raimann.

La doctora Araya, del INTA, dice que en el caso de los niños que sustituyen las harinas con productos industrializados "libres de gluten", el riesgo sería mayor, porque "para mantener el sabor, muchos de estos alimentos son reforzados con sodio, azúcar y grasa, las proteínas que les agregan son de mala calidad y ni siquiera cumplen con los nutrientes mínimos para el desarrollo".

Efectos psicológicos

Los niños con dietas restrictivas también son más propensos a desarrollar trastornos de conducta alimentaria, afirma Raimann. "Entre los cinco y seis años es la edad ideal para generar hábitos alimentarios, y el problema es que si empezamos a restringir alimentos, los niños se hacen cada vez más selectivos, se acostumbran a no encontrar qué comer y a restringir todo". Esto, asegura, podría conducir, a futuro, a la aparición de enfermedades más delicadas, como la anorexia.

La doctora Araya agrega que es importante entender que todas las enfermedades crónicas producen un impacto social. Muchos niños, comenta, son discriminados en la escuela al no poder comer lo mismo que sus compañeros. Por lo tanto, "si no se tiene un diagnóstico que los obligue a eliminar el gluten, hacerlo es exponerlos a una situación de bullying ". Si se quiere mantener a un niño sano, dice, la solución no pasa por restringir alimentos, sino por lograr un equilibrio de todos los grupos alimenticios.

 
Publicado en: 
Janina Marcano / El Mercurio