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Publicado el

10 de Abril de 2016

Temática

Foto: Sergio López / El Mercurio
Foto: Sergio López / El Mercurio

Quizás ya no es al ritmo de "Manzanita del Perú" o "Bate, bate chocolate", pero el antiguo juego de saltar la cuerda no ha perdido vigencia y, de la mano de iniciativas médicas y nuevas tendencias deportivas, está girando por sobre las cabezas de niños y adultos más veces que antes.

José Luis Castro (35) es ingeniero y, hace dos años, practica crossfit , el popular método de entrenamiento de alta intensidad que llena gimnasios y parques. "No recuerdo haber saltado mucho a la cuerda cuando chico, pero ahora es infaltable cada semana. Lo hago como parte del grupo o solo en mi casa; es como correr, pero en el mismo lugar".

No se equivoca. "Se han hecho estudios comparativos y saltar la cuerda ayuda a quemar más calorías que correr en una misma cantidad de tiempo", explica el kinesiólogo Ignacio Barrera, de la Unidad de Biomecánica del Laboratorio de Ciencias del Ejercicio de la Clínica Meds.

Además, "al correr, el peso que cae sobre las articulaciones es dos a tres veces mayor que el peso corporal; saltando la cuerda es menor".

Y los beneficios van más allá: fortalece la musculatura de brazos y piernas, favorece la agilidad y la coordinación, reduce la celulitis; mejora la actividad cardio y cerebrovascular -aumentando la agudeza mental- y, como toda actividad física, reduce el estrés (ver infografía).

Son todas estas ventajas, unido a que requiere de un equipamiento sencillo y barato, las que han hecho que sociedades médicas en el mundo promuevan esta actividad como un completo ejercicio aeróbico para favorecer la salud de adultos y niños, y luchar contra la creciente obesidad infantil.

Los niños no saben

Hace más de una década, la Sociedad Americana del Corazón inició en los colegios de EE.UU. el programa Jump Rope for Heart (Salta a la Cuerda por el Corazón), que incentiva incorporar esta rutina entre los alumnos de hasta 12 años.

Inspirado en esa idea, el Departamento de Prevención de la Sociedad Chilena de Cardiología (Sochicar) lanzó por entonces una campaña similar, para saltar la cuerda en los recreos, por ejemplo.

"La recomendación es que los niños hagan al menos 90 minutos diarios de actividad física de moderada intensidad. Para alcanzar esa meta es necesario, por lo tanto, extender el ejercicio más allá de las horas de gimnasia en el colegio", dice la doctora Pilar Arnaiz, cardióloga pediatra de la Universidad Católica y una de las gestoras de la iniciativa

"Cuando promovimos la actividad, fuimos a distintos centros comerciales; la mayoría de los niños no conocían las cuerdas ni menos sabían saltar, en cambio los padres si sabían hacerlo".

Varios colegios se sumaron, pero, por falta de recursos y voluntad, la campaña fue perdiendo fuerza. Una lástima, según Arnaiz, considerando que la mala condición física infantil -según el Simce de Educación Física de 2012- alcanza al 90% de los escolares de 8º básico, "lo que es alarmante".

"Es muy importante el incentivar la actividad física y crear el hábito lo más tempranamente en los niños. Saltar a la cuerda es entretenido y es un excelente ejercicio aeróbico para la salud del corazón y el cerebro, el fortalecimiento muscular y la coordinación", dice Arnaiz.

Es esta realidad, que también afecta a otros países, uno de los motivos que la Federación Mundial de Salto de Cuerda utiliza para promover este ejercicio alrededor del planeta.

"Es una manera sencilla de fomentar el deporte en los niños", cuenta a "El Mercurio" el puertorriqueño Ernesto Hernández, representante panamericano de la federación.

Además de EE.UU., ya han iniciado programas en otras naciones para incorporar el salto de la cuerda en colegios, gimnasios y centros comunitarios, así como en hospitales y centros de salud, "para luchar contra la obesidad y el sedentarismo", precisa.

Independiente de la edad, los expertos enfatizan la importancia de comenzar con una rutina simple, sin sobreexigir al cuerpo y evitar hacerlo si hay problemas de columna, óseos o se comienza a sentir alguna molestia cuando se está ejercitando.

Publicado en: 
El Mercurio por C. González