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Publicado el

29 de Octubre de 2015

Temática

Foto: Manuel Herrera, El Mercurio
Foto: Manuel Herrera, El Mercurio

Que la población chilena envejece no cabe duda. Si hoy los mayores de 60 años representan alrededor del 15% de la población total del país, se estima que en 2020 habrá casi tantos adultos mayores como niños. Una realidad que los países desarrollados han vivido en forma paulatina, pero que Chile está enfrentando a mayor velocidad.

Y desde el punto de vista de salud necesita estar preparado.

Por eso, más allá de la brecha que existe en el número de especialistas dedicados a este grupo poblacional -según la OMS debería existir un geriatra por cada cinco mil adultos mayores de 60 años; en Chile hay uno por cada 30 mil-, los centros formadores de los futuros médicos y profesionales de la salud ya están tomando medidas.

Desde hace algunos años, las facultades de medicina han ido incorporando temas vinculados a la geriatría y la atención de adultos mayores como parte de su curriculum de pregrado. Y algo similar están haciendo en enfermería, kinesiología y profesiones afines.

"Eran contenidos que estaban inmersos en otras asignaturas, pero no con la importancia que tienen al día de hoy", precisa el doctor Eduardo Tobar, director académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

La idea es que, al finalizar el proceso formativo, "el nuevo médico pueda dar una respuesta adecuada y una atención oportuna a este paciente de más edad, y derivar cuando corresponda a un geriatra", comenta el doctor Camilo Torres, director de la Oficina de Educación Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Diego Portales.

"A los únicos que esto les va a servir poco es a quienes se dediquen a la pediatría. Pero todos los demás se van a ir topando cada vez más con adultos mayores en el ejercicio de su profesión", agrega el doctor Carlos García, académico de la Escuela de Medicina de la Universidad de los Andes.

Mayor tiempo

Esta formación no solo implica aspectos específicos de la biología y envejecimiento humanos, sino también en la dinámica entre médico y paciente.

"Más de un tercio de los adultos mayores tienen comorbilidades -más de una enfermedad-, por lo que muchas veces requieren de mayor tiempo de consulta, más exámenes y tests específicos, así como estar bien informados sobre cómo y qué fármacos se pueden usar", precisa el doctor Luis Castillo, decano de Medicina de la Universidad San Sebastián.

Asimismo, es fundamental mayor paciencia y disposición para entender al paciente.

"Habitualmente, hay que darse un tiempo para escucharlo, porque no solo es necesario una evaluación de los aspectos biológicos, sino también de aspectos psicosociales, su funcionalidad, ánimo, conducta...", dice Torres.

Para eso es fundamental aprender a relacionarse. "A causa de limitaciones propias de la edad, a veces es necesario hablar más fuerte, lento y modular bien; y saber esperar porque no siempre el paciente es capaz de explicar bien lo que siente o aporta datos incorrectos", agrega García, quien enfatiza la necesidad de incorporar en la consulta a un cuidador o familiar del paciente.

Junto con identificar patologías y definir tratamientos, los entrevistados coinciden en que es vital enseñar a promover el autocuidado y la prevención en este grupo. "Hay áreas en las que con pequeñas intervenciones se puede detener un daño o enlentecer la progresión de un problema", puntualiza Castillo.

Publicado en: 
El Mercurio por C. González