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08 de Mayo de 2016

Temática

Ilustración: Fabián Rivas / El Mercurio
Ilustración: Fabián Rivas / El Mercurio

Los hombres de mediana edad suelen dormir menos; las mujeres lo hacen, en promedio, 30 minutos más que los varones, y quienes pasan más tiempo bajo luz natural tienden a irse a la cama más temprano y dormir más... Son algunos patrones de sueño que se repiten a nivel global y que ponen de manifiesto cuánto y cómo están durmiendo las sociedades actuales.

Un tema que preocupa a los especialistas.

"Dormir es más importante de lo que las personas creen", advierte Olivia Walch, investigadora del Departamento de Medicina Computacional y Bioinformática de la U. de Michigan (EE.UU.).

Junto a su colega Daniel Forger son los autores de un estudio en el que, a partir de datos extraídos de una aplicación para celulares (Entrain) que ayuda a los viajeros a adaptarse a las diferentes zonas horarias, analizaron cómo la edad, el género, la luz y la presión social influyen en los hábitos de sueño.

Así consiguieron datos de miles de usuarios, en un centenar de países -incluido Chile-, que comparten en un artículo publicado el viernes en la revista Science Advances, de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS).

Por ejemplo, las mujeres son más propensas a dormir durante períodos más largos y sus hábitos de sueño cambian menos con la edad que los hombres, quienes, a menudo, duermen menos de las siete u ocho horas recomendadas.

Según los investigadores, los hábitos se igualan con los años: los horarios de sueño son más similares entre las personas mayores de 55 que en el grupo de los menores de 30 años.

Aunque advierte que el estudio tiene el sesgo de haber sido hecho con datos de usuarios de una aplicación contra el jet lag -y, por lo tanto, con problemas de sueño-, la doctora Catalina Torres, neuróloga del Centro del Sueño de Clínica Santa María, destaca que un aspecto que llama la atención es que, a nivel mundial, la gente tiende a levantarse a la misma hora: las diferencias están al momento de irse a acostar.

Y en eso influyen factores sociales y culturales. "Tradicionalmente, ha sido el reloj biológico interno el que dictaba la pauta sobre cuándo ir a dormir, pero eso ha ido cambiando", precisa.

Ahora, "las normas sociales gobiernan sobre la hora de acostarse, y el reloj interno manda en la hora a la que nos despertamos", complementa Forger.

Puede ser por razones laborales, académicas o recreacionales, pero las personas ignoran cada vez más las señales biológicas que indican que hay que dormir. Un tema que será abordado en el próximo congreso de la Sociedad Chilena de Medicina del Sueño, en junio.

Además, ciudades cada vez más luminosas y expuestas a distractores -como pantallas de TV y celulares- han ido mermando el tiempo de descanso.

Como explica la doctora Torres, el exceso de luz altera la secreción de melatonina, hormona natural inductora del sueño.

"Hoy tenemos una hora y media de sueño menos que a comienzos del siglo pasado", advierte el doctor Jorge Lasso, neurólogo especializado en medicina del sueño del Hospital del Trabajador.

En promedio, hoy la gente duerme entre seis y ocho horas.

"Aunque las diferencias no son abismales, cada media hora de sueño menos supone una gran diferencia para las funciones cognitivas y la salud a largo plazo", precisa Walch.

El impacto de dormir menos y mal está archicomprobado: "El ser humano no se adapta a menos horas de sueño; tarde o temprano el cuerpo pasa la cuenta", precisa Lasso.

Somnolencia, menor rendimiento, más cansancio y hasta mayor riesgo de depresión, accidentes y enfermedades cardiovasculares son el resultado.

De allí que los expertos enfaticen la importancia de generar cambios -como fijar horarios para ir a dormir y eliminar exceso de luz y pantallas del dormitorio- y "respetar el sueño".

Publicado en: 
El Mercurio por C. González