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29 de Febrero de 2016

Temática

Foto: La Tercera.
Foto: La Tercera.

Serán obligatorios en junio, por ley que impedirá vender productos altos en nutrientes críticos. Varias comunas ya cuentan con estos almacenes, que ofrecen frutas y snacks bajos en calorías.

Papas fritas, ramitas, galletas con chocolate y dulces. Esos son los snacks que habitualmente consumen los alumnos en los recreos. Sin embargo, el 27 de junio esta realidad deberá cambiar, ya que entrará en vigencia la Ley de Etiquetado de Alimentos, que prohibirá la venta de productos altos en nutrientes críticos  en los quioscos de los colegios, obligándolos a disponer de alimentos saludables.

La nueva reglamentación indica que en los envases de los productos debe estar claramente señalizado con el mensaje “alto en” cuando un alimento excede la norma de calorías, grasas saturadas, azúcar y sodio. Así, los quioscos no podrán vender productos que figuren con este rotulado, por el riesgo que implica su consumo excesivo para la salud.

La idea es generar una cultura de alimentación saludable en los niños, considerando las alarmantes cifras: el 25% de los estudiantes que rindieron el Simce de Educación Física tiene sobrepeso y el 16% padece de obesidad.

Ante esta realidad, “el objetivo de esta normativa es que la oferta de alimentación en los colegios sea balanceada. Los quioscos podrán vender, por ejemplo, jugos y bebidas que no excedan el límite de azúcar permitido o simplemente sin azúcar. Leche baja en grasa y sin azúcar agregada, frutas picadas, entre otras cosas”, explicó Lorena Rodríguez, jefa de nutrición del Ministerio de Salud (Minsal).

Los colegios ya se están comenzando a preparar para este cambio e incluso algunos se adelantaron a la medida. Es el caso de Pudahuel, donde hace cuatro años comenzaron a implementar el programa de alimentación saludable, que implica no sólo la existencia de quioscos que no vendan comida chatarra, sino también el trabajo de cuatro nutricionistas que visitan semanalmente los 20 establecimientos de la comuna.

“Cambiamos el contrato con los concesionarios para que generaran una oferta saludable.  Al principio fue un proceso difícil, porque los niños reclamaban sus papas fritas y sus golosinas. Ahora sentimos que es un tema instalado”, señaló Mónica Andrade, coordinadora de la iniciativa en Pudahuel, quien explicó que para los vendedores también había un riesgo “porque este tipo de comida es más cara. Los concesionarios tuvieron que ser más ingeniosos”.

En Providencia también implementaron la normativa el año pasado. “Hubo inquietudes y quejas de los alumnos, porque no sólo eran productos distintos, sino que sentían que les vendían menos al mismo precio. Esto, porque cada producto debía venir con una porción determinada. Entonces, sentían que era menos”, relató Pedro Herrera, director del Liceo Tajamar.

La autoridad del establecimiento explicó que esa molestia fue superada el segundo semestre y que, en esa línea, cree que la comunidad escolar está preparada para el quiosco saludable que exigirá la ley. Remarcó eso sí, que convertir la alimentación sana en un hábito es más complejo y requiere de más tiempo. 

¿Qué impide instaurar la alimentación sana? “Afuera de los colegios se ponen vendedores ambulantes con sopaipillas, completos, en fin, todo tipo de comida chatarra.  Ahí está el verdadero problema. Los niños tienen comida saludable en el colegio pero salen y no necesitan caminar mucho para que esta realidad cambie”, subrayó Andrade.

A esto se suma la dificultad de que en las casas se instale las comidas saludables, como lo han constatado en Renca, donde ya existen este tipo de quioscos. “Los padres y apoderados insisten en enviar colaciones poco saludables para sus estudiantes. Entonces nos encontramos con una dicotomía: por un lado los colegios promueven la comida y colaciones sanas y, por el otro, a los apoderados les falta tomar conciencia de lo peligroso que es la alimentación poco saludable para sus niños”, dijo el alcalde (s) Luis Japaz. 

Al respecto, el director de Educación de Providencia, Mariano Rosenzvaig, indicó que para lograr este cambio se requiere de “programas que le enseñen a toda la comunidad escolar, incluyendo a los padres, a incorporar la alimentación saludable y los beneficios que esto conlleva”

Muchos consideran que esta política no llegará a buen puerto sin medidas de educación. “Los niños no tienden a comer saludable y se requiere de mucho apoyo de los papás para cambiar esa costumbre. Si los papás no entusiasman a sus hijos, es muy difícil que un niño llegue a alimentarse sanamente. No basta con una ley, se requiere que las cosas partan en la casa”, señaló Felipe Guevara, alcalde de Lo Barnechea. 

Preparándose de a poco

En Santiago, el Instituto Nacional es uno de los colegios que ya se está preparando para la Ley de Etiquetado. “Hace un tiempo comenzamos gradualmente a pedir a los concesionarios de los quioscos ir cambiando la oferta, aumentando los productos sanos e ir disminuyendo todo lo que es chatarra. Eso se va a normar a través de la Dirección de Educación, por ahora, nuestra  principal preocupación es establecer una cultura”, explicó Fernando Soto, rector de dicho establecimiento.

Para ello, la tradicional escuela para padres se enfocará este año en la alimentación sana, “de manera que la comunidad entera se plantee cambiar los hábitos alimenticios”, señaló la autoridad escolar.

En Pinto, Región del Biobío, también comenzaron paulatinamente a cambiar los quioscos. “En comunas pequeñas como la nuestra, donde la gente lleva tanto tiempo con sus costumbres, no es tan fácil cambiar. Hubo un momento en que se hizo una nueva propuesta, más saludable, para los quioscos de dos colegios”, señaló el alcalde Fernando Chávez.

El edil explicó que, desde su perspectiva, “prohibir algo es fomentar lo clandestino. Puedes prohibir un chocolate en el quiosco, pero el niño puede llevar todos los que quiera en la mochila. Hemos tratado de hacer convivir ambas alimentaciones por el momento”.

Publicado en: 
La Tercera por Flor Guzmán