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16 de Febrero de 2016

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Imagen de Revista Ya
Imagen de Revista Ya

Nueve mujeres mueren diariamente en Chile por infarto al miocardio. Por cada chilena que se lleva el cáncer mamario, son seis las que fallecen por infarto cardíaco o cerebrovascular. Pasó la época en que los hombres en Chile eran las principales víctimas del corazón: hoy ellas encabezan el ránking, con el doble de muertes. Desde nuestro país y el extranjero, voces autorizadas explican los cuándo, cómo y porqués del principal problema femenino de salud pública en 2016. 

En 2007, a los 46 años, Mónica Reyes, secretaria del político Andrés Zaldívar, tuvo su primer infarto. Fue en el restaurante Los Buenos Muchachos, en medio de la pista de baile, pero ella no se enteró.

-No sabía lo que era. Me empezó a doler mucho mi brazo izquierdo mientras bailaba. Después empecé a sudar y sudar, luego sentí un golpe fuerte en el pecho. Me fui caminando hasta mi casa, vivo a tres cuadras, y el golpe siguió. Me fui a la clínica.

Mónica nunca perdió el conocimiento. Le costó creer cuando escuchó que se estaba infartando y había que operar de urgencia. Estuvo un mes en el hospital y, desde que salió, cambió su alimentación: eliminó quesos, cecinas y bajó las carnes rojas, fuentes de colesterol. En marzo del 2015 tuvo su segundo infarto. "Me cambió la vida, porque hoy soy absolutamente dependiente de mis remedios para poder seguir viviendo. Tengo que caminar harto, y me gusta, pero sigo con mi vicio del cigarrillo".

Carmen Warner -dueña de casa de 68, madre de cuatro hijos- tenía,  a fines de los 90, diez kilos de sobrepeso, sus índices de colesterol disparados y vivía "en una casa llena de humo":

-Yo fumaba como loca, una cajetilla o más al día desde los 16 años. Amanecía con el cigarro y me acostaba con el cigarro. Mi marido, mis hijos, mi suegra y mi empleada puertas adentro, fumaban. Estando con mis niños en La Calera, donde yo vivía, me empecé a sentir muy cansada, me daba lata hacer las cosas. Él me llevó a un cardiólogo. Me hizo un estudio completo y le dijo a mi marido que me tenía que ir a la clínica.

Carmen recuerda que "llegué fumando a la Católica. Me hicieron otro test de esfuerzo y ya no me soltaron más. Me hicieron una angioplastía y ahí salió que tenía cuatro arterias tapadas. Me tuvieron que operar". Que las arterias se le taparan tuvo explicación: durante años, en casa de Warner acostumbraban a hacer asados y ella se regalaba con interiores animales. También comía mucha carne roja y otros alimentos con colesterol y grasas saturadas. Se salvó del infarto, pero pudo haber muerto: además de su alimentación poco saludable, tenía 49 años cuando supo que era productora natural de LDL o colesterol malo.

Pero no cambió sus hábitos.

-Cuando te operan, quedas bien, sana. Empastillada, vuelves a tener ánimo y fuerza, a hacer tu vida normal. Entonces, claro, todos fumaban, yo sacaba mi cigarro también y fumaba. Y a los diez años, en 2007, me encontraron un ruidito raro. ¡Tenía cinco arterias tapadas! Ahí sí que me puse a llorar. Fue un error mío, y en parte de mi cuerpo, que produce colesterol.

Carmen no ha olvidado sus dos operaciones a corazón abierto. Aunque hoy tiene "unos veinte kilos de sobrepeso", mejoró sus índices de colesterol, presión arterial y hace gimnasia: una hora diaria en piscina, cardiopilates o máquinas. También camina.

Las cifras sorprenden: en Chile las víctimas del corazón y accidentes cerebrovasculares hace rato sobrepasaron a las muertes por cáncer. Pero las mujeres aún no toman conciencia de que es, sobre todo, a ellas a quienes atañe esta alza en las estadísticas. Si el Palacio de La Moneda se iluminó en agosto de 2015 al compás de Mujeres en Rojo -campaña internacional de concientización sobre los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares femeninas-, las chilenas carecen de información y educación sobre este tema.

En la Sociedad Chilena de Cardiología, su presidenta Mónica Acevedo dirige una investigación apoyada por la American Heart Association de Estados Unidos, que realiza un diagnóstico de la salud cardíaca femenina. Es un estudio científico y académico que trabaja sobre una muestra de 650 mujeres entre los 35 y 70 años de la Región Metropolitana. La investigación finalizará en junio de 2016, pero ya arrojó información preliminar que prueba que los factores de riesgo han empeorado desde la última Encuesta Nacional de Salud de 2010. Como ejemplos: la obesidad femenina subió de 30,7 a 43 por ciento; la hipertensión se disparó de 25 a 46 por ciento; y la diabetes, de 10,4 a 16 por ciento. Ni hablar de sedentarismo: nueve de cada diez chilenas no realizan ningún tipo de ejercicio.

A la hora de sufrir un infarto, dicen los especialistas, la principal diferencia entre hombres y mujeres se da en la percepción del riesgo de muerte, porque ellas se ven afectadas por enfermedades cardiovasculares casi siempre después de los 60. Ellos, antes de los 50. Aunque hay excepciones, como el caso de Mónica Reyes, cuyo testimonio encabeza este reportaje.

Dice Mónica Acevedo, directora de esta investigación y posgraduada en la Cleveland Clinic de Ohio, Estados Unidos:

-El problema en Chile es que los hombres saben que la principal causa de muerte es la enfermedad cardiovascular, pero las mujeres no. En Chile se sigue pensando que ellas se van a morir de cáncer de mama, pero la relación entre la muerte por este cáncer y la por enfermedad cardio y cerebrovascular es de 1 a 6. Las chilenas empiezan a morirse del corazón después de los 60 años, pero el problema fundamental es que vamos a vivir hasta los 80. Tenemos que tratar de ser autovalentes y activas, no estar con una hemiplejia o insuficiencia cardíaca.

Además, dice Mónica Acevedo, las mujeres que se infartan tienen el doble de mortalidad que un hombre.

En este terreno, la extrema letalidad las acecha.

Una muerte cada 80 segundos

Jennifer Mieres fue la primera presidenta de la Sociedad de Cardiología Nuclear de Estados Unidos y ocupa un lugar de privilegio en la American Heart Association. Reconocida mundialmente por sus investigaciones científicas en salud cardiológica femenina, desde la Escuela de Medicina Hofstra Northwell de Nueva York, une su voz a la de la chilena Mónica Acevedo:

-Las enfermedades cardiovasculares e infartos matan una estadounidense cada 80 segundos y afectan a 44 millones de mujeres en Estados Unidos. Este problema es mundial y también de Chile, donde nueve mujeres mueren por esta causa todos los días.

 A pesar de las cifras, Jennifer Mieres destaca que la mortalidad femenina en su país bajó un treinta por ciento en los últimos once años. Todo, gracias a Mujeres en Rojo, la campaña -de la cual Chile fue el primer representante latinoamericano- que partió en Estados Unidos y que revolucionó las cifras. "Se lanzó en 2004 y ha convocado a más de un millón de estadounidenses. Fue efectiva en el empoderamiento femenino para la adopción de estilos de vida preventivos y control de factores de riesgo cardíacos. En ese marco, la American Heart Association publicó pautas para el diagnóstico, prevención y tratamiento de estas mujeres en riesgo".

Los resultados han sido macizos y prueban que la educación es la llave del éxito, dicen los expertos mundiales. La campaña logró en Estados Unidos que un tercio de sus mujeres en riesgo bajaran de peso, más de la mitad aumentaron sus horas de ejercicio, seis de cada diez cambiaron su dieta alimenticia y más del 40 por ciento chequea regularmente su colesterol.

Dice Mieres desde Nueva York:

-Si uno mira las cifras en Chile, ellas evidencian que la principal causa de muerte de las mujeres es la enfermedad cardiovascular, un 30 por ciento del total. El estudio reciente de la doctora Mónica Acevedo y sus colegas demostró que las chilenas no tienen conciencia de que pueden morir más por causas cardíacas y cerebrovasculares que por cualquier otra causa.

En Chile, Acevedo pone el acento en la educación:

-Hay que intervenir en la educación de los niños, poner toda la plata en los niños. Enfocarnos en la educación desde primero básico hasta cuarto medio, de tal manera que sean esos los adolescentes del futuro que vengan con menores factores de riesgo. Porque si tú tienes a tu hijo que te dice 'Mamá, no fumes', va a tener más impacto que lo que diga la ministra de Salud. Porque si a un niño en octavo básico su papá se le acaba de morir de un infarto a los 50 años, eso va a tener mucho más impacto que lo que nosotros podamos hacer.

El cardiólogo de la Unidad de Prevención de la Clínica Alemana y de la Sociedad Chilena de Cardiología, Mauricio Fernández, se ha especializado en tabaquismo y sedentarismo en las chilenas. Y concuerda. Frente a los síntomas, advierte, las mujeres rara vez piensan que están frente a un infarto. Por eso es fundamental la toma de conciencia y la educación:

-Lo primero es que ella tome conciencia de que la enfermedad cardiovascular es importante. Que si siente que le duele el pecho, no piense que es gastritis, está nerviosa o es algo emocional, sino que puede tener algo cardíaco y que acuda al servicio de urgencia. Si un hombre tiene un dolor en el pecho va altiro a urgencia. Si a una mujer le duele el pecho espera un poquito. Piensa que es estrés, y por tanto esto causa un diagnóstico tardío. Ella piensa mucho más en el cáncer de mama y en la mamografía, que en prevenir un infarto. Porque hay una falsa creencia de que las hormonas protegen a la mujer de enfermedades al corazón. Y creen que los enfermos del corazón son los hombres, cuando esto no es así.

Desde la Universidad Estatal de Ohio en Columbus, la directora del programa de Salud Cardiovascular y miembro de la American Heart Association (AHA), Laxmi Mehta, también subraya el poder de la educación hacia un futuro con menores índices de enfermedad cardiovascular en mujeres.

A fines de enero, Mehta publicó lo que constituyó el primer documento científico de la AHA sobre infarto agudo al miocardio en mujeres. Dice:

-A través de los años hemos descubierto mayores diferencias por género, y ellas detonaron este estudio. La tasa de muertes femeninas ha declinado en Estados Unidos, pero aún el número de mujeres que se mueren es superior al de los hombres. Pienso que una de las cosas capitales ha sido las campañas de educación para mujeres y médicos.

-¿Es fundamental la educación en el mejoramiento de las cifras?

-Obviamente. También el tratamiento. Aplicar tratamientos agresivos es importante. A ellas les va peor si no acuden de inmediato al hospital. Si sus síntomas son distintos a los de un hombre, tienen tendencia a quedarse en casa, a no reconocerlos y le queda exclusivamente al médico diagnosticar su infarto.

El factor principal que ha mejorado las cifras es una conciencia en aumento y la aplicación de un tratamiento basado en la evidencia. Hasta aquí, las mujeres habían sido subdiagnosticadas y subtratadas.

Los factores de riesgo, dice Laxmi Mehta, son similares para los dos sexos, pero los casos de diabetes e hipertensión femeninos son siempre más potentes. No solo el ejercicio, dejar el cigarrillo y controlarse son claves: también la alimentación.

El poder de los alimentos

La licenciada en Nutrición y Dietética de la Chile y especialista del INTA, Margarita Celis, tiene 15 años de experiencia con pacientes cardiológicos. Y dice:

-Una forma de modificar los factores de riesgo para disminuir la prevalencia del infarto es la alimentación por ejemplo, varios estudios han demostrado la importancia de los antioxidantes como protectores cardiovasculares.

La baja de peso corporal en pacientes con sobrepeso u obesidad, y la disminución de parámetros como colesterol, glicemia y presión arterial mediante intervenciones nutricionales son fundamentales. Las dietas cardiosaludables con mucha evidencia científica como la Mediterránea, que baja el estrés oxidativo, y la DASH -diseñada para bajar la hipertensión- incorporan estrategias de alimentación que incluyen verduras, frutas y cereales integrales.

El consumo de pescado y de frutos secos sin sal, por su aporte en omega 3, omega 6 y antioxidantes, son también considerados cardioprotectores. Lo mismo el aceite de oliva y el vino tinto, pero en cantidades moderadas. Celis señala que uno de los problemas de las chilenas -y de la población en general- es que, si bien la industria alimentaria ofrece estos y otros productos bajos en calorías, grasas saturadas y sodio, la oferta es limitada a ciertos barrios. Los grupos vulnerables tienen poco acceso por precio, lejanía o distribución.

El cardiólogo de la Clínica Alemana y de la Sociedad Chilena de Cardiología, Mauricio Fernández, concuerda: la alimentación sana es clave para prevenir infartos, dice, y no siempre está a la mano:

-Si uno va al Mercado Central, un kilo de jurel fresco vale mil pesos. Pero en el supermercado, la reineta no baja de 4 mil el kilo. Entonces hay que hacer más asequibles los productos más sanos. Quizás volver a las ferias, volver a los mercados. Esto también es parte de una educación fundamental: que las mujeres sepan que se pueden morir, que la causa de su muerte va a ser una enfermedad cardiovascular, o un accidente cardiovascular o un infarto al corazón.

 
Publicado en: 
Revista Ya por María Cristina Jurado y Bernardita Pérez Santander