Publicado el

12 de Noviembre de 2015
Foto: Verónica Ortiz
Foto: Verónica Ortiz

Dedicada a lo público desde el mundo privado, Cecilia Morel dice que así como el Estado no puede cruzarse de brazos frente a las pandemias del siglo XXI, los jóvenes deben preocuparse más del debate político, en donde hoy se están jugando modelos de sociedad muy distintos.

Por: Carla Sánchez M.
Fotos: Verónica Ortíz

Cecilia Morel nunca va a olvidar una frase que le dijo una señora de Lota tras el terremoto del 27 de febrero de 2010. “Constrúyanos la sede”, le pidió mientras la abrazaba. La petición la impactó: “Hacía un calor espantoso, la gente no tenía agua y vivía en carpas, pero me estaban pidiendo una sede. Ahí me di cuenta de lo importante que es la pertenencia y la comunidad para sobreponerse a la adversidad”, comenta la mujer de Sebastián Piñera.

A partir de ese episodio, dice, decidió que su labor no pasaría por dirigir fundaciones desde un escritorio en La Moneda y asegura que desde entonces se preocupó de recorrer el país, de organizar Navidades de norte a sur y supervisar personalmente el desarrollo de sedes y espacios comunitarios.

Al estilo de Michelle, pero Michelle Obama con su programa “Let’s Move”, Morel lideró la cruzada contra la obesidad y el sedentarismo a través del programa Elige Vivir Sano, que hoy es ley. Una iniciativa que surgió en la campaña de Sebastián Piñera tras analizar los alarmantes resultados de la Encuesta Nacional de Salud 2010: un 88,6% de la población es sedentaria y un 66,7% presenta sobrepeso u obesidad.
Hoy, desde su oficina en la Fundación Chile Vive Sano, en la que trabaja luego de su paso por La Moneda, Morel sigue enfocada en promover la vida saludable. “Antes de ser un país desarrollado vamos a ser un país pobre, viejo y enfermo”, advierte preocupada, remarcando que lo que quiere es aportar al debate pero desde la vereda social.

“El gobierno quiere corregir la desigualdad y la inequidad de género, pero no nos estamos dando cuenta que a través de la obesidad estamos aumentando la brecha”

Y es desde allí que cree que el país no está frente a una crisis moral o de las instituciones. Por el contrario, celebra el empoderamiento de la ciudadanía en los últimos escándalos, como el reciente caso de colusión, ya que a su juicio la gente “está ejerciendo una fiscalización con estándares éticos más altos incluso que la justicia”.

De política prefiere no hablar e insiste en que esta entrevista es para abordar la necesidad de frenar la llamada “pandemia del siglo XXI”. Con todo, admite que su marido lidera las preferencias y que es el personaje de centroderecha con más posibilidades. En las dos conversaciones que tuvimos en su oficina de la Fundación Chile Vive Sano –junto a la Fundación Futuro– surge la pregunta de si le gustaría que Sebastián Piñera volviera a gobernar y, por ende, volver a ser primera dama. “Tengo mi opinión personal y familiar”, dice en forma escueta y aclara que, hasta ahora, Sebastián Piñera no lo tiene decidido.

Alejada de la vida pública, analiza lo que fue su paso por La Moneda y cuestiona la necesidad de que exista la figura de la primera dama. “En los países avanzados muchas veces no existe”, afirma. Una opinión que no tiene nada que ver con “haber quedado cansada”, como han deslizado algunos. Todo lo contrario: la ex directora sociocultural de La Moneda tiene los mejores recuerdos del cargo que ocupó.

-¿Qué le dolió más, que su sucesor Sebastián Dávalos haya declarado que usted no había tenido disponibilidad para el traspaso de mando o los cuestionamientos y posterior modificación del programa Elige Vivir Sano?

-Lo de Sebastián Dávalos es anecdótico… En cuanto al programa, con el nuevo gobierno hubo un cambio de visiones y se perdió mucho tiempo, casi un año, en discutir si seguía o no. En el fondo, hubo un problema ideológico: para el Gobierno, las personas con menores recursos no podían elegir (lo que es cierto en algunos aspectos, porque las frutas y verduras son más caras), pero se puede tomar otras medidas, como reducir el consumo de sal y azúcar. Por eso, el programa se convirtió en una ley que obliga a generar las condiciones y oportunidades para que las personas puedan vivir sano. Así como se habla del empoderamiento en política, hay que empoderar el cuidado de la propia salud…

-Hoy el programa se llama “Sistema elige vivir sano en comunidad”. Como ve, mantuvieron el “elige”…

-A la larga se lo van a borrar (risas). Siento que este gobierno no le ha dado al tema de la obesidad la prioridad que se merece. Éste es un problema país y es grave: antes de ser un país desarrollado vamos a ser un país pobre, viejo y enfermo. Por un lado, el Gobierno quiere corregir la desigualdad y la inequidad de género, pero no nos estamos dando cuenta de que a través de la obesidad estamos aumentando la brecha.
La OMS calcula que a largo plazo los gobiernos podrían llegar a gastar hasta un 4% del PIB en esto. La reforma tributaria busca recaudar tres puntos del PIB para educación, es decir, estamos recolectando por un lado y gastando en un pozo sin fondo. ¡Es lo mismo que dar la llave y no poner el tapón! Y lo paradójico es que estamos frente a un fenómeno que se puede atacar a través de la prevención.

-¿Siente que el Gobierno quiere eliminar muchas de las cosas que hizo la administración en la cual usted participó?

-Hay algo de eso. Sobre todo, al principio del gobierno de Michelle Bachelet fue muy fuerte...

-Después del escándalo protagonizado por Sebastián Dávalos, ¿cree que se desprestigió el rol de director sociocultural de La Moneda?

-No veo por qué una primera dama tiene que tener fundaciones. Y si van a seguir estas fundaciones, buscaría institucionalizarlas.

“Una primera dama no debiera tener fundaciones con recursos del Estado ni necesariamente administrarlas ella”.

-Y si no se dedican a las fundaciones, ¿qué van a hacer?

-Cada cual buscará su forma. En los países más avanzados, muchas veces no hay primera dama. No es una necesidad y no hay un rol institucional de primera dama, es una convención. En Europa, el rol de primera dama casi no existe, tienen un papel más protocolar. Si hay programas que manejan recursos del Estado, creo que debieran ser administrados por vía institucional. Mientras ello no ocurra, habría que nombrar a una persona especializada en el cargo.
Por ejemplo, en el caso de Integra, es absurdo que un tercio de la educación preescolar de los niños más vulnerables esté en una fundación, cuando debiera estar bajo el alero del Ministerio de Educación. Nosotros tratamos de hacerlo, pero la fundación tiene 13 mil empleados, sería un costo gigantesco. Con el programa Elige Vivir Sano nunca quisimos crear una fundación nueva. Una primera dama no debiera tener fundaciones con recursos del Estado ni necesariamente administrarlas ella.

 

“No creo que exista una crisis institucional”

-En algún momento, usted fue considerada una de las figuras de la Alianza con proyección. Algunos incluso deslizaron una eventual candidatura presidencial. ¿Nunca pensó en continuar con una carrera política?

-Ah no, no (risas). Siempre que una persona tiene figuración pública, los partidos te buscan. Gracias a Dios creo que tengo harto sentido de la ubicación. No cualquier persona puede ser presidente, y tengo clarísimo que mis capacidades van por un lado que no tiene nada que ver con las capacidades para dirigir un país. Me gusta aportar al país desde la vereda social. Si llegara el momento en que Chile entrara en una crisis grave, en que uno tuviera que jugársela, tal vez levantaría mi voz en el debate público.

-No son pocos los que piensan que hoy el país está en crisis…

-No quiero entrar en la arena política, pero sí creo que estamos en un momento de definición respecto a la sociedad que queremos y hay que aportar con opiniones fundamentadas y respetuosas. Yo les digo a los jóvenes que participen de manera más activa, porque no todos se dan cuenta de que aquí hay una discusión sobre dos países radicalmente distintos… y se trata de la sociedad en la que ellos viven.

-¿Y cómo se pueden resolver las desavenencias?

-Se necesita mucho diálogo y tolerancia porque hay visiones muy contrapuestas respecto a cómo se concilian la persona, la sociedad y el Estado. Llevábamos 25 años de un relativo consenso, lo que te demuestra que los modelos de sociedad no son necesariamente tan rígidos ni ortodoxos, salvo para los extremistas. Hay matices en los cuales se puede coincidir.

-¿Siente que hay una crisis moral con todos estos casos de colusión que están saliendo a la luz?

-Indudablemente hay problemas graves que han atravesado a las distintas instituciones, pero no creo que exista una crisis institucional. Estos problemas se detectaron, se están investigando, se va a juzgar a los responsables.
Tampoco creo que exista una crisis moral, ya que hay una nueva ciudadanía, más empoderada e informada que está ejerciendo una fiscalización con estándares éticos más altos, que van más allá que la propia justicia. Si hubiera una crisis moral, los problemas no se habrían sabido y no habría habido esta reacción de la ciudadanía, reclamo que apoyo, exigiendo fiscalización y sanciones morales.

“Él (Sebastián Piñera) no lo tiene claro y no está en sus planes ahora. Lo que sí te puedo decir, es que fui súper feliz en la Dirección Sociocultural de La Moneda, no es que haya quedado cansada como dicen algunos”.

Eso es lo que más rescato del Chile nuevo. Hay países donde nadie se inmuta de la corrupción: que nosotros nos escandalicemos es una buena señal. Hay una crisis de confianza –porque han surgido escándalos de distintos sectores– pero rescato que las instituciones están funcionando y se pueden mejorar.

 

¿Piñera 2016?

-Volviendo al tema de su llamado a participar en el debate, ¿cómo ve a Sebastián Piñera en su rol de ex presidente?

-Él siempre ha tenido vocación de servicio público y siempre lo ha movido en interés general. Obviamente, está muy preocupado por todo lo que está sucediendo y creo que tiene que participar, ése es su rol. El que es político lo es de por vida. Los ex presidentes tienen que seguir aportando, por algo son líderes. Por otro lado, está muy interesado y cooperando en que la oposición se articule en Chile Vamos.

-¿Su compromiso con Chile apunta a embarcarse nuevamente en una carrera presidencial? Personalmente, ¿le gustaría?

-Yo tengo una opinión respecto a una posible candidatura de Sebastián que es familiar y personal, y que tal vez no la tengo del todo clara. Él no lo tiene claro y no está en sus planes ahora. Lo que sí te puedo decir, es que fui súper feliz en la Dirección Sociocultural de La Moneda, no es que haya quedado cansada como dicen algunos. Aprendí que en la política uno es parte de una causa, es casi frívolo decir si me gustaría o no ser primera dama, el punto es si te embarcas o no en una causa grande y de qué manera lo haces.

-¿Va a ser más difícil gobernar en el futuro?

-En la medida en que la ciudadanía está más empoderada y participativa, obviamente está siendo más difícil porque poner de acuerdo a todo el mundo es imposible. No puedes llenar las expectativas de todos. Eso es un fenómeno mundial, mira lo que pasa en Brasil o en España. •••

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El peso de la obesidad y el sedentarismo

-Chile está dentro de los 10 países más obesos del mundo según la OCDE. ¿Qué tan efectivo fue bajo su gestión el programa Elige Vivir Sano?

-Lo más efectivo fue crear conciencia, visibilizar el problema y que esto se haya institucionalizado en una ley. A los tres años de impulsado el programa, medimos su impacto y más de un 70% de los encuestados reconoció al menos haber cambiado un hábito. Si bien la prueba Simce de Educación Física 2014 arrojó resultados alarmantes, se observa un freno de la tendencia alcista: se redujo en un 4% el sobrepeso y la obesidad y en 5% el riesgo cardiovascular en los niños. Para nosotros, ése es un primer indicador de que algo positivo está pasando.
La efectividad del programa se va a demostrar a mediano y largo plazo, y podremos medirla comparando los resultados de la Encuesta Nacional de Salud del 2010 con la que saldrá el 2020.

-¿Qué tan grave es la situación en Chile?

-El problema de la obesidad y el sedentarismo es un drama relativamente nuevo y no es sólo un asunto estético o de salud: tiene repercusiones en lo económico, social y cultural. A veces lo comparo con la preocupación por el cambio climático: es un tema que llegó para quedarse. La OMS lo declaró la pandemia del siglo XXI a nivel mundial. Aquí están amenazados la calidad de vida y el desarrollo de las personas, sobre todo considerando que en el 2050 vamos a vivir en promedio más de 90 años. El 80% de la carga de salud pública corresponde a las enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a la obesidad y el sedentarismo.

-¿Considera un buen paso la modificación del etiquetado de alimentos?

-Nosotros en el gobierno empezamos a trabajar en ese tema. Ahora, siempre va a haber una tensión entre lo que quiere la industria y la política pública. Por ejemplo, se discutió si se ponía la advertencia por porción o por 100 gramos, ¡nadie come 100 gramos de mantequilla! La industria es muy inteligente y se ha ido adaptando a los nuevos tiempos: lo vemos por ejemplo con los productos light. Ojalá hubiera flexibilidad para etiquetar algunos productos por porción y otros por gramos.
Pero además no sacamos nada con tener etiquetado si las personas no lo saben leer, ni promover quioscos saludables si la municipalidad autoriza a medio metro a alguien para que venda sopaipillas.

-En la industria hay voces que dicen que el etiquetado no tendrá efectos en la reducción de la obesidad…

-En Estados Unidos, la venta de comida chatarra no ha disminuido pese a la exigencia de especificar las calorías de las porciones. Eso te demuestra que esto es un cambio a largo plazo.

Publicado en: 
Revista Capital por Carla Sánchez