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16 de Octubre de 2016

Temática

Bajo licencia Creative Commons / www.commons.wikimedia.org
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Después de una hora y media de viaje desde su casa. Después de dejar el celular y el "manos libres" en custodia. Después de recibir una tarjeta de visitas que debe colgarse al cuello, después de pasar por un detector de metales y de caminar por un pasillo largo y oscuro, Pamela Torres está al fin al interior de la cárcel de Colina 1.

Son las 2:30 de la tarde y como todos los martes, una decena de presos de distintas edades la esperan junto a una sala multiuso. Pamela los hace pasar, prende un incienso y pone música de meditación, mientras los internos se sacan las zapatillas y extienden los mats . Ella es una de las instructoras voluntarias que desde hace dos meses está realizando clases de yoga en Colina 1. En total son 28 internos -de los 1.726 que hay en el penal-, que van a clases dos veces por semana, repartidos en dos grupos. Ya hay lista de espera.

-Los quiero escuchar inhalar, exhalar. Tengan una respiración fluida, para no angustiarse -dice Pamela.

-Sí -responde fuerte uno de los alumnos que mantiene el entrecejo fruncido durante toda la clase.

-Sería maravilloso si pudieran hacer estos ejercicios todos los días. En yoga se trabaja la energía, que es la fuerza que tenemos interiormente y que no siempre conocemos.

La clase continúa en silencio. Solo de vez en cuando se escucha a Niell Correa (21), quien desde la primera fila repite las palabras en sánscrito que dice la profesora: "Surya namaskar", "savana".

Algunas clases atrás, Niell ya le pidió a Pamela que le haga un dibujo con las posturas y los nombres para memorizarlos y contarle a su mamá en las visitas todo lo que ha aprendido. "Nunca había hecho yoga en la libertad. No me atraía, pensaba que era medio para maricones y todo eso. Pero acá en la cárcel me llamó la atención".

Niell, quien tiene una condena de 10 años por varios robos con intimidación, está tan motivado con el taller que les ha preguntado a las instructoras si puede llevarse un mat a la celda para practicar ejercicios y enseñarles a otros presos.

"El yoga te relaja la mente. Te ayuda harto en la vida. Te desliga de los problemas diarios, porque este es un lugar igual de problemas".

Los lunes y martes, Niell va a clases de yoga. Pero los demás días intenta seguir aplicando lo que ha aprendido. "Trato de realizar respiraciones, que se hacen solo por la nariz. Hay distintos tipos, puede ser una respiración natural o botar todo el aire del cuerpo. Trato de andar todo el día consciente de la respiración".

Niell no es el único que le ha pedido a Pamela formas de seguir aprendiendo. Uno le pidió un libro de yoga. Otros le han pedido inciensos. "Me dicen que los relaja y les recuerda la clase, pero de Gendarmería me dijeron que no. Tampoco pude darles música de meditación que me pidieron, porque no me dejaron. Entonces les dije que se aprendan unos mantras y los repitan mentalmente".

Buen ejercicio

Paul Labbé (37) saca del bolsillo un pañuelo de papel y limpia el banco antes de sentarse a conversar. Solo entonces dice que el yoga le ayuda para las clases de cuarto básico que sigue en el penal, porque ahora se concentra más, y que cuando tiene un problema, trata de enfocarse en su respiración. Pero también reconoce que ha tenido cambios físicos. "Ha mejorado mi elongación. Cuando llegué tenía así una guata. Y he bajado de peso harto".

"Saliendo de aquí voy a seguir yo (practicando yoga). Incluso si hay un modo de alimentarse de otra manera también lo voy a hacer. Me gustaría hacer un curso de profesor (de yoga)".

La idea de Paul ya ha funcionado en otros países, dice Rodrigo Aguirre, quien desde 2015 trabaja como voluntario en Colina 1 y quien fue el organizador de llevar yoga a la cárcel. "Nos gustaría profundizar el impacto en las cárceles, ampliarlo a más lugares. Se podría seguir el ejemplo de otros países, como México, donde incluso formaron a instructores de yoga en la cárcel".

Según explica el coronel Sergio Alarcón, director regional metropolitano de Gendarmería de Chile, se está trabajando para pronto "abrir un curso de yoga para embarazadas en otro establecimiento penitenciario. La idea es llegar en el mediano y largo plazo a una gran cantidad de unidades en la Región Metropolitana".

Pamela corrige la postura de los pies de un alumno, le dice a otro que relaje los brazos y luego les pide a todos que se sienten para cantar un mantra final. Después de eso volverá a caminar por el pasillo largo y oscuro, tomará un colectivo, luego el metro, después otro colectivo para llegar a su casa, mientras sus alumnos esperan la próxima clase.

Mats

Para donar  mats se puede escribir al mail yoga.libre@yahoo.com

"El yoga me sirve para salir de la rutina carcelaria, para poder distraer la mente. Así que le ponemos esfuerzo a la clase".

NIELL CORREA (21)



"Las celdas donde vivimos son muy chicas, no tienes espacio. Los ejercicios los hago atrás, en el taller".

PAUL LABBÉ (37)

 
Publicado en: 
El mercurio por Amalia Torres