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Publicado el

12 de Marzo de 2016
Composición digital: Carlos Ramos / El Mercurio
Composición digital: Carlos Ramos / El Mercurio

La mantequilla se derrite en un pan recién salido del horno, la masa de una pizza cruje al morderla, mientras esa galleta se desarma al llegar al paladar. Para muchos, estas son las opciones perfectas para darse un "gustito", pero para unos cuantos es algo prohibido.

Hace un tiempo ha comenzado a crecer el grupo de personas que sin ninguna dolencia específica están sacando el trigo de su dieta. La razón es evitar algo que el cuerpo no soportaría y así alejarse de determinadas patologías. Hasta ahora, la ciencia no ha comprobado nada de eso, mientras que los especialistas advierten que no es llegar y eliminar el trigo de la dieta: el cambio tiene que hacerse con cuidado.

Probando

Una amiga de Maricarmen Güell (60) estaba a las puertas de una operación a las rodillas hasta que dejó el trigo y los lácteos, lo que habría provocado la disminución de la inflamación y el dolor. Influida por esa experiencia y tras la lectura de un libro que asegura que el trigo enferma al cuerpo, decidió dejar el trigo para ver qué pasaba, aunque en su caso no existía dolencia alguna.

Luego de dos años de seguir esta dieta, dice que perdió 5 kilos, los que nunca recuperó, y que se siente más liviana. "Ya me acostumbré, pero no soy militante. Si voy a un cumpleaños me como un pedazo de torta", asegura. No ha notado otro beneficio, pero ya se le hizo un hábito, pero se ha preocupado de balancear su dieta.

A diferencia de Maricarmen, hay quienes están convencidos de que esta dieta tiene efectos concretos en la salud y que estos pueden medirse, por lo que son estrictos con el menú. Sin embargo, la realidad es otra.

"Esta moda ha aumentado en los últimos años debido a que un gran número de personas famosas realiza una dieta sin gluten", dice María Fernanda Jara, nutricionista de la Red de Salud UC-Christus. "Sin embargo, no existe evidencia científica que respalde que esta dieta tiene efectos beneficiosos en personas sanas o que ayude a adelgazar", agrega. Aún así, la información de sus bondades llega por múltiples canales.

La moda se debe, en parte, al libro "Wheat belly" o algo así como "vientre de trigo", del cardiólogo estadounidense William Davis. Ahí relata cómo varios de sus pacientes bajaron de peso, disminuyeron los síntomas de la artritis y del asma, y el colon irritable desapareció al dejar el trigo. La razón sería, escribe, que el cuerpo no evolucionó junto con este grano, especialmente considerando todas las modificaciones que se le han hecho para aumentar su productividad.

"Existen tres condiciones en las cuales dejar el trigo se justifica médicamente: enfermedad celíaca, alergia al trigo y sensibilidad al gluten/trigo no celíaca", explica Karla Bascuñán, académica del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la U. de Chile. El resto son suposiciones.

Por esto, eliminar completamente el trigo de la dieta -lo que usualmente también va acompañado de dejar la cebada y el centeno- podría tener consecuencias negativas.

Estudios indican que una dieta en base a alimentos procesados libres de gluten podría, a largo plazo, derivar en deficiencias nutricionales. "En Chile, la harina está fortificada con vitaminas del complejo B y hierro, por lo que utilizar otro cereal como base en la dieta puede traducirse en la menor ingesta de estos micronutrientes", dice Karla Bascuñán. En concreto, esto podría representar un riesgo en grupos vulnerables, como por ejemplo, las mujeres en edad fértil.

A ello se suma que, si bien para los celíacos los productos libres de gluten son obligatorios, para los que quieren bajar de peso deberían ser racionados. Muchos tienen alto contenido de azúcar y grasas para mejorar su sabor, algo contraindicado.

María José Concha, nutricionista de Clínica Alemana, explica que el dejar el trigo no tiene una implicancia directa en la baja de peso, especialmente si el reemplazo en la dieta no se hace adecuadamente. "Al dejar el trigo se puede sobrecargar la ingesta de otros alimentos. Reemplazar la pasta tradicional con fideos de arroz no significa que la ingesta de calorías baje, incluso puede llegar a subir", dice.

Alternativas

Hace más de un año, a Paola Castelli (32) le diagnosticaron artritis reumatoide. Buscando alternativas de tratamiento encontró a un terapeuta alternativo que le dijo que, entre otras cosas, los lácteos y el trigo le debilitaban su sistema inmunitario.

"Comencé con la dieta y al mes me sentía más liviana, y terminé perdiendo un poco de peso. Eso fue lo más notorio", cuenta. Pero cree que la estabilización de la enfermedad fue por remedios tradicionales.

En los casos donde la artritis u otros problemas inflamatorios se mejoran con una dieta libre de gluten, muchas veces esto puede deberse a que esos pacientes estaban subdiagnosticados, por lo que la mejoría no sería de la enfermedad que pretendía tratar, dice Karla Bascuñán. Por ello, siempre vale la pena verificar si la persona es celíaca, alérgica al trigo o posee sensibilidad al gluten/no celíaca antes de comenzar con la dieta.

Los expertos coinciden: si no se tiene una dolencia directamente relacionada con el consumo de trigo, no se debería sacar de la dieta. Pero si se hace, la supervisión de un especialista es fundamental.

Más celíacos

Un estudio publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry dice que no hay evidencia de que el trigo que se consume hoy en EE.UU. tenga mayor concentración de gluten que hace 100 años, por lo que no podría atribuírsele a eso el aumento de los pacientes celíacos. Esto contradice la tesis de que la modificación del trigo sería la causa del aumento de esta dolencia, y de otras, y ratificaría que el aumento actual de personas celíacas es consecuencia de un histórico subdiagnóstico de la enfermedad.

El origen

El trigo fue domesticado en Anatolia -parte de lo que hoy es Turquía- hace unos 11 mil años. Mientras que registros arqueológicos encontrados en Israel muestran que alrededor de 23 mil años atrás, los habitantes de la zona habrían incluido en su dieta trigo y cebada silvestres.

LÉXICO

La enfermedad celíaca es una dolencia autoinmune, donde el intestino es incapaz de digerir el gluten, que como tal no solo afecta al sistema digestivo, sino que también a otras partes del cuerpo, produciendo incluso la desnutrición y deficiencia en el desarrollo cuando se presenta en la niñez.

La sensibilidad al gluten/trigo no celíaca tiene síntomas parecidos a la enfermedad celíaca, como dolor abdominal e hinchazón, además de posibles cefaleas y dolores musculares, y es más difícil de detectar.

La alergia al trigo se presenta como cualquier otra alergia alimentaria, donde una vez consumido el alimento se pueden presentar síntomas, como la aparición de eczemas, dolor abdominal o empeoramiento del asma, entre otros.

Publicado en: 
El Mercurio por Lorena Guzmán