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08 de Febrero de 2016

Temática

Foto: Bloomberg / El Mercurio
Foto: Bloomberg / El Mercurio

Las ganas de dejar de fumar la mayoría de las veces se disuelven tan rápido como el humo del cigarrillo. Un esfuerzo que requiere de tiempo, apoyo familiar y del entorno y, sobre todo, voluntad, según reconocen los especialistas. En especial si se considera que las terapias disponibles para abandonar el tabaquismo no aseguran el éxito.

Un estudio realizado en EE.UU. en mil fumadores, comparó la efectividad a largo plazo de tres métodos usados comúnmente -parches de nicotina, la droga vareniclina y una terapia de reemplazo de nicotina combinada-, y llegó a la conclusión de que ninguno es mejor que otro y de que ofrecen resultados similares.

Después de un año, alrededor de uno de cada cinco fumadores logró dejar el hábito, independientemente de cuál tratamiento utilizó. La investigación fue publicada en la última edición del Journal of the American Medical Association (JAMA).

Eso sí, observaron más efectos secundarios -como insomnio, náuseas y estreñimiento- con la vareniclina.

"Los resultados parecen indicar que el parche de nicotina, ampliamente disponible y fácil de utilizar, puede producir tasas de cese de tabaquismo a largo plazo que son similares a las producidas por los tratamiento más intensos", dice el doctor Timothy Baker, de la Universidad de Wisconsin y autor principal del estudio.

La tasa de abstinencia a las 26 semanas fue de 23% con el parche de nicotina, 24% con la vareniclina y 27% con la terapia combinada. Al cabo de 52 semanas, los porcentajes en las tres terapias se redujeron a cerca del 20%.

"Lo que uno sabe con el tabaco es que no existe ningún método farmacológico que sea efectivo en el largo plazo. Al cabo de seis u ocho meses, la mayoría de los pacientes recae", sentencia el doctor Rolando Chandía, profesor asociado de psiquiatría de la U. de Chile y director de la Clínica de Adicciones Alfa.

El experto, sin embargo, precisa -tal como se menciona en el estudio- que se trata de herramientas que pueden ser de apoyo al comienzo, pero que no son esenciales.

"La voluntad es determinante; lamentablemente, muchas veces nace cuando la persona ya está enferma", dice Chandía, quien agrega que en este proceso es esencial también identificar los factores que llevan a que una persona fume.

"A veces hay un componente social o psicológico, como ansiedad o estrés, que debe ser tratado para favorecer el abandono del tabaco. A las personas hay que ayudarlas con un programa de terapia integral".

Eso ayuda a reforzar su deseo de dejar el cigarrillo, como agrega la psicóloga María Elsa Gac, de Clínica Indisa. "Se trata de fortalecer la decisión tomada, y eso va más por un diálogo interno con uno mismo".

"Hay que romper las cadenas asociativas; por ejemplo, mucha gente fuma cuando tiene un trago en la mano o después de comer. Cambiar esos hábitos ayuda a que el deseo de fumar vaya declinando", precisa.

Se trata de identificar y evitar hábitos y escenarios que la persona asocia con fumar. "Es más útil que la idea obsesiva de dejar de fumar, contar los días o reprimir el deseo. Eso lleva a la mente la idea de que es una tarea difícil y se comienza mal".

La primera semana es la más compleja, dicen los expertos. "Es el umbral; en ese período hay que buscar formas de distraerse y no angustiarse ni culparse si hay una recaída", precisa Baker.

"Mantenerse es lo que cuesta, y ahí la voluntad es primordial", recuerda el doctor Chandía.

 
Publicado en: 
El Mercurio por C. González