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Publicado el

14 de Septiembre de 2016

Si antes las denuncias afectaron a la industria del tabaco, de los químicos o de los fármacos, ahora le tocó el turno al azúcar.

Investigadores de la Universidad de California estudiaron documentos archivados entre los años 50 y 60 en la Universidad de Illinois y comprobaron que la Fundación para la Investigación del Azúcar (SRF por su sigla en inglés) pagó a tres científicos de Harvard para que publicaran evidencia a su favor. Esto es, que el consumo de azúcar no aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca, pero que las grasas sí lo hacen.

El trabajo apareció en 1967 en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine.

Así se concretaba un sueño de los productores de azúcar. En su discurso del año 1954 ante la SRF, su presidente Henry Hass ya había identificado una oportunidad estratégica de aumentar las ventas, haciendo que los estadounidenses optaran por una dieta baja en grasa.

"Ellos fueron capaces de arruinar la discusión sobre el azúcar por décadas", dice Stanton Glantz, profesor de medicina en la U. de California en San Francisco, y autor del trabajo publicado por JAMA Internal Medicine.

En un editorial de la revista, la doctora Marion Nestle advierte a los diseñadores de políticas públicas, investigadores, médicos, editores y periodistas a mirar los estudios financiados por la industria con cierto escepticismo.

Un hecho conocido

"Esto es un hecho conocido, el que la industria de los alimentos pague por estudios que evalúan si sus productos son responsables o influyen en alguna patología. Cuando los resultados no son favorables, no los publican", dice la doctora Eliana Reyes, directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de los Andes. Esta especialista advierte que hoy se revisan grandes cantidades de estudios para sacar conclusiones con una mayor seguridad y así poder diseñar mejores políticas públicas.

Para minimizar la manipulación de los estudios, "hoy se exige a los investigadores la declaración de conflicto de interés, lo cual es fundamental para la evaluación de su trabajo", dice el doctor Diego García, académico del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Si esto no sucede, al salir publicado el estudio queda sometido al escrutinio público y es muy probable que una situación anómala se descubra igual.

Para Camilo Aburto, nutricionista y académico de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, el manejar estos trabajos es una situación que puede hacer mucho daño. "En el caso del azúcar, existe una alta correlación entre el alto consumo de este producto con un aumento de la obesidad, de las enfermedades cardiovasculares y de las caries dentales", explica.

Una forma de evitar la manipulación del trabajo científico, según estos académicos, es con el incremento de los fondos públicos para hacer investigación, y evitar el riesgo de hacer estudios financiados solamente por la industria.

Asimismo, sugieren confiar más en las guías alimentarias de las sociedades científicas, así como de la OMS.

Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.pequenoldn.librodenotas.com
Publicado en: 
El Mercurio por Sebastián Urbina