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Publicado el

29 de Agosto de 2015

Temática

Foto: Consejo de la Cultura, La Tercera
Foto: Consejo de la Cultura, La Tercera

En el tradicional barrio Tucapel de Temuco, Zunilda Lepin, uno de los seis Tesoros Humanos Vivos designados por el Consejo de la Cultura, se encarga de conservar las semillas ancestrales y la tradición culinaria.

“Hoy tengo cazuela de pollo de campo para el almuerzo. Son cuatro pollos que me traen de Metrenco. Yo misma los desplumo con agua caliente, los lavo bien lavaditos y los cocino con las hierbas de mi huerto y los ingredientes que traigo del campo. Hasta un muerto resucita con un plato así. Lo que hago es comida tradicional campesina, porque el mapuche come de todo, no sólo catutos como la gente piensa. Por eso, la comida mapuche no tiene receta, es lo que la naturaleza le da”, comenta Zunila Lepin, una de los seis Tesoros Humanos Vivos de 2015. Este es un reconocimiento que entrega cada año el Consejo de la Cultura con el respaldo de Unesco.

“Esto obedece a una decisión del Comité de Expertos, de poner en valor su conocimiento en el ámbito del patrimonio alimentario con una fuerte identidad local, siendo la primera vez que la gastronomía  es incluida”, señaló el ministro de Cultura, Ernesto Ottone, quién le comunicó personalmente su designación.

Originaria de la comunidad mapuche de Lumahue ahora está radicada en Temuco. Se siente contenta y un poco abrumada por esta repentina fama, mientras prepara el menú del día en los “Sabores de Zunilda”, un pequeño emprendimiento  que mantiene hace ya nueve años en calle Tucapel 1374, y donde la premisa son los platos de  campo mapuche, que le ha dado reconocimiento nacional e internacional.

“La tradición culinaria de doña Zunilda es más que alimentación, es la expresión de una cultura de la cual se puede aprender mucho de un pueblo, de las relaciones sociales, de la estética y un montón de factores que van asociados a la comida. Cuando uno se encuentra con una expresión legítima y profunda como esta, es necesario mantenerla”, puntualizó Pedro Mege, Director del Centro Interdisciplinario de Estudios Interculturales e Indígenas.

Las famosas cazuelas de Zunilda van con locro de trigo o chuchoca y no usa ni fideos ni arroz. Los asados van con un mote de maíz o mote de trigo o verduras salteadas, y los jugos son de zanahoria o de betarraga, pero no hay ninguna bebida gaseosa, ni nada industrializado, apenas el vino para acompañar .  “A la gente le gusta venir acá porque esta comida tiene mucho sabor, no uso mucho aliño, es el propio sabor de los productos. Como es comida natural es mucha más sana, tengo 65 años y es raro que me enferme, no voy al médico, y si me resfrío voy al huerto y se me pasa, Tengo cuatro hijos, cinco nietos y una bisnieta y todos somos sanos”. A su local llegan también muchos campesinos mapuche que echan de menos tomar un buen  mate, y también sus vecinas y conocidos para intercambiar las semillas de distintos vegetales que mantiene como curadora, practicando el “trafkin”, o intercambio ancestral de semillas entre los mapuches. “Tengo semillas que son nuestras, verduras, frutas, y plantas medicinales también, todo libre de químicos, a diferencia de las de hoy en día. Son más fértiles y una las puede tener años y siguen saliendo. Un cilantro nuestro no se marchita como el  que venden en la feria, tiene un sabor intenso y un olor y dura mucho más. Por eso nos preocupamos de mantenerla y compartirlas, entonces si a mí se me acaban yo sé que otra señora la tiene”, dice Zunilda. Esta parece ser  la clave de sus platos  ya que cada ingrediente potencia su sabor por sí solo, sin necesitar aditivos. “Las semillas modernas salen una vez y luego no salen nunca más. Hoy  es todo  es transgénico y no tiene sabor. Por eso la gente se enferma tanto”.

Al clásico merkén en sus preparaciones, se suman también los huevos azules de gallina araucana que buscan su denominación de origen, kinwa negra, frutilla blanca, nalca y todo tipo de hierbas silvestres y cultivadas. Su cocina se ha convertido en todo un orgullo para la comunidad de Temuco, justamente en un barrio que se está potenciando, lo que tiene muy complacido a la autoridad local, Miguel Becker, tras el anuncio del premio de Unesco. “Hace tiempo estamos trabajando con los sabores de La Araucanía  y lo que hace doña Zumilda es darle un sabor a la ciudad. Su local está  justo está en el tradicional barrio Tucapel que estamos interviniendo y revitalizando para que más gente deslumbran estos sabores tan únicos”, dijo el edil.

Publicado en: 
La Tercera por Ximena Bertin