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Publicado el

20 de Noviembre de 2015

Temática

Foto: Reuters, El Mercurio
Foto: Reuters, El Mercurio

Alguna vez se dijo que las madres frías criaban hijos autistas, o que aquellas que eran contradictorias emocionalmente tenían hijos con mayor riesgo de psicosis. En el caso de los trastornos de la alimentación, se decía que las madres perfeccionistas facilitaban el desarrollo de anorexia en sus hijas.

Para la doctora Cynthia Bulik, profesora del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Carolina del Norte, estos no son más que mitos que intentan explicar ciertas enfermedades y que, al final, solo sirven para dificultar la investigación sobre el tema.

En su opinión, no hay que culpar a la familia de que alguno de sus integrantes desarrolle un trastorno alimentario y, por el contrario, hay que ver en ella a la principal aliada a la hora de tratar este problema.

Buscar colaboración

"En el caso de los adolescentes es indispensable trabajar con la familia con el fin de que colabore en el tratamiento", dice la doctora Vania Martínez, psiquiatra infantil y de adolescentes de la U. de Chile experta en el tema, e investigadora asociada del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad. En el caso de que el paciente sea un adulto, se puede trabajar con la pareja.

Lo que se busca con este trabajo es que se pueda compartir la mesa en un ambiente agradable y distendido, que no se produzcan situaciones tensas ni discusiones. Asimismo, hay que evitar la preocupación exagerada de la familia por el peso o la imagen, para lo cual es bueno cultivar otros temas de conversación.

Además, "a través de la familia se puede entender el problema que produjo el trastorno, y también facilita la reintegración del paciente a su vida habitual después del tratamiento", dice la psicóloga Montse Sánchez Povedano, directora general del Instituto de Trastornos Alimentarios de Cataluña, quien visitó nuestro país y se reunió con diferentes equipos que trabajan en este tema.

Otra falsa creencia es que estos pacientes no quieren mejorarse, lo que no es así.

"Trabajamos con la familia, porque lo importante es que la persona logre alimentarse nuevamente en forma equilibrada y normal en su hogar. Algo a lo que la familia está dispuesta en el 99% de los casos", afirma la doctora Marcela Altayó, psiquiatra de la Unidad de Trastornos de la Alimentación de la Red de Salud UC Christus.

Si antes se mejoraba el 30% de estos trastornos, hoy con este enfoque sistémico que involucra a la familia se llega al 70%.

Los padres juegan un papel importante en reforzar la autoestima de sus hijos con estos trastornos, explica la doctora Carolina Ibáñez, académica del Departamento de Psiquiatría Sur de la Facultad de Medicina de la U. de Chile. Según dice, es necesario "favorecer la vida social de los pacientes, que salgan con amigos o que los inviten a la casa, pero que no se aíslen".

Otro aspecto que destaca la doctora Bulik es que si bien en su mayoría los afectados son mujeres, también se pueden ver estos trastornos en hombres, así como en niños y adultos mayores. "Algo que llama la atención en los años recientes es el aumento de la consulta por parte de hombres, y también de padres que traen a sus niños, de cinco o seis años", advierte la doctora Altayó.

 
Publicado en: 
El Mercurio por Sebastián Urbina