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Publicado el

29 de Agosto de 2016

Temática

Foto: Chile Vive Sano
Foto: Chile Vive Sano

Para mejorar el rendimiento cabe fomentar la práctica deportiva a todo nivel y ofrecer más instancias de competencias a los atletas.

TRAS EL término de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro -los primeros que se realizaron en Sudamérica en los 120 años de historia de las olimpiadas en la era moderna- comienzan los balances inevitables y necesarios. En el plano general hay consenso de que a pesar del difícil momento político y económico que vive el país, Brasil logró cumplir con las exigencias de un evento de esa magnitud e incluso superó el rendimiento alcanzado en los últimos dos Juegos Olímpicos, con la obtención de 19 medallas, siete de ellas de oro. Algo distinto ocurre en el caso de Chile, donde el balance es menos positivo y reabre un recurrente debate sobre cuáles son los mejores caminos para potenciar el deporte nacional.

Para participar en unos Juegos Olímpicos los deportistas deben cumplir con ciertas exigencias y clasificar previamente. Por ello, es positivo que el número de deportistas nacionales (42) que fue al evento prácticamente duplicara a los que asistieron a Atenas en 2004 y fuera mayor que los que compitieron en Londres 2012 -aunque en Río bajó de 17 a 16 el número de disciplinas en las que participó Chile-. Sin embargo, la cifra está lejos de los más de 200 deportistas que integraban la delegación argentina o de los 147 de Colombia, y el rendimiento también decayó. Además, al margen de no obtener medallas -lo que no es inusual en la historia de nuestra participación olímpica- varios deportistas tampoco lograron superar sus propias marcas personales.

Uno de los principales reclamos que se escucha es la falta de recursos. Chile destinó para este año en deportistas de alto rendimiento 10,5 millones de dólares y en la última década el promedio de gasto público per cápita en el deporte fue de 1,5 dólares, muy lejos de las cifras de países europeos como España (43 dólares per cápita) o Francia (29 dólares per cápita), según detalla un informe del Ministerio del Deporte. Pero si bien es cierto que se requiere una mayor inversión en el sector, los datos revelan que el problema va mucho más allá. Evidencia de ello, por ejemplo, es el caso de Colombia, propuesto por algunos como un modelo a seguir. En ese país la inversión para este año fue menor a la chilena; sin embargo, obtuvo ocho medallas en Río, tres de ellas de oro.

Más allá de un aumento de recursos es importante focalizarlos adecuadamente y crear una cultura deportiva. Chile requiere fomentar el deporte a todo nivel, partiendo desde los colegios, y permitir a los deportistas no sólo contar con buenos entrenadores sino con espacios para medir sus capacidades, tanto a nivel nacional como internacional. Al margen de torneos interescolares, no existe un calendario regular de competencias. En Colombia, por ejemplo, se impulsó la realización de Juegos Nacionales, que fue clave para fomentar el deporte. A ello se suma la necesidad de que los atletas compitan a nivel internacional para superarse. La actual selección chilena de fútbol revela cómo, más allá del talento, jugar en ligas de alta exigencia ayuda a elevar el rendimiento.

Para mejorar nuestro desempeño deportivo -que no se mide sólo con la obtención de medallas- es necesario fomentar la práctica de deportes a todo nivel y contar con instalaciones adecuadas para poder hacerlo. En ese sentido, la infraestructura levantada para los recientes Juegos Odesur entrega una oportunidad única que el país no puede ni debe desperdiciar.

 
Publicado en: 
La Tercera