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Publicado el

14 de Noviembre de 2015

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.quo.es
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Hoy es el día internacional de esta enfermedad, que se ha convertido en un desafío muy serio para la salud pública del país. Actualmente se estima que esta patología, impulsada por factores como el sedentarismo y cambios en la dieta, afecta a un millón y medio de chilenos. Muchos otros no saben que la tienen, algo peligroso porque la diabetes cuando no se ataja a tiempo, mata.

“Hace un par de años estuve en Chile y quedé sorprendido”, dice en Copenhague sir Michael Hirst, un señor muy británico, ex integrante del parlamento de su país, que fue nombrado caballero por la reina Isabel y hoy es presidente de la Federación Internacional de Diabetes, frente a una audiencia de periodistas de 15 países convocada para hablar de esa enfermedad por el laboratorio Novo Nordisk. Ahí todos se enteran de que lo que le impresionó en Santiago no fueron ni las autopistas, ni el esmog, ni los quiltros, ni el Costanera Center, ni la cantidad de farmacias. Lo que le llamó la atención fue lo gordos que están los más chicos. “Fui al cerro San Cristóbal, y pasamos con mi señora por la piscina. De pronto empecé a mirar a los niños y me di cuenta de que eran enormes”, dice y luego mira a la audiencia y pregunta: “¿Hay alguien de Chile por aquí?”, y no queda más que hundir la guata, levantar la mano y enfrentar las miradas que nos lanza el resto del mundo a los representantes del país de los niños con sobrepeso. 

La anécdota no es un caso aislado. El exceso de kilos de los chilenos nos está haciendo conocidos. Somos el segundo país con más menores obesos de la región. Cerca del 40 por ciento de ellos tiene al menos sobrepeso y siete de cada diez personas mayores de 15 años están en esa misma condición. Una demostración de que la obesidad ya no es mal de país rico, sino también de los de medianos y bajos ingresos. Actualmente cerca de un tercio de la población mundial está sobre su peso y sólo un 38 por ciento de ellos vive en el primer mundo. El resto está en lugares como India, Brasil, México, Egipto, y hasta en algunas partes de África. 

El fenómeno se le atribuye a diversos factores: la urbanización y el sedentarismo, cambios en la dieta, mayor tiempo frente a la televisión y las pantallas, el aumento de los ingresos y el desarrollo y poder de la industria alimentaria. “Miles de millones de dólares se han gastado tratando de convencer a los individuos (niños en particular) que bebidas altamente azucaradas y cereales, snacks con mucha sal, y un amplio espectro de productos altos en grasas, azúcar y sal son entretenidos, atléticos, sexy, populares, saludables y hasta que tienen propiedades beneficiosas”, escribieron en el Journal of the American Medical Association, Koplan and Kelly Brownell, del Centro Rudd para la política alimenticia y la obesidad de la Universidad de Yale. 

Cuál de esos factores es el más importante está por verse, pero es un hecho  que los problemas asociados a la obesidad están teniendo un impacto severo no sólo en la salud física y mental de la gente, sino que también en los sistemas de salud y en el bolsillo de las familias en todos los países. 

Un ejemplo de esos males es la diabetes, que hoy tiene su día mundial, para llamar la atención sobre el avance que está experimentando esta condición que la OMS ha calificado como epidemia. Según este organismo, en 1985 alrededor de 30 millones de personas tenía diabetes. Hoy en cambio son 374 millones y se estima que la cifra sólo va a seguir creciendo. “Es una emergencia en cámara lenta, no podemos mostrarnos indiferentes a lo que está sucediendo. El mundo necesita despertar al reto”, dice Lars Rebien Sorensen, quien en octubre fue escogido el mejor gerente del mundo por la revista Harvard Business Review, por el trabajo que ha hecho en los últimos 15 años a cargo de la compañía farmacéutica danesa Novo Nordisk, especializada en productos para la diabetes. 

La farmacéutica que él dirige nació hace casi un siglo y desde entonces ha estado dedicada a producir insulina, la principal droga para el tratamiento de la diabetes, y a buscar formas de administrarla que sean menos invasivas. Hoy abastece a casi la mitad del mercado internacional de productos relacionados con ese fármaco y se ha convertido en la principal empresa de Dinamarca y una de las principales de Europa, lo que está estrechamente ligado a la explosión que ha tenido la enfermedad. 

Las causas

La diabetes es una patología crónica que cuando es detectada tempranamente se puede controlar incluso con cambios de hábitos y permite llevar una vida bastante normal. Por el contrario, si no es tratada a tiempo puede producir enfermedades cardiovasculares, ceguera, insuficiencia renal, amputación o incluso causar la muerte. 

Tiene dos grandes formas: la tipo 1, en la que el organismo no produce insulina, y la de tipo 2, en la que el cuerpo  no utiliza eficazmente esta hormona. Se desconoce cuál es la causa de la primera y por lo mismo no se puede prevenir. En general aparece en la niñez o adolescencia y los pacientes tienen que inyectarse insulina a diario para controlar sus niveles de azúcar en la sangre. Actualmente hay en las redes sociales una campaña a la que incluso se sumó el futbolista Arturo Vidal, quien tiene un hijo con esta condición, para lograr que el AUGE incluya en su cobertura una bomba de insulina para los pacientes con esta variante de la enfermedad, sobre todo los niños, lo que les permite evitar los pinchazos.   

La tipo 2 es más posible de prevenir porque aunque los antecedentes familiares influyen, su aparición está ligada al estilo de vida que se lleva, y el exceso de peso y la falta de ejercicio favorecen que se presente. Por eso su expansión ha ido de la mano del aumento de la obesidad. 

Hoy, el 90 por ciento de las personas con diabetes sufre de la de tipo 2, que incluso ha comenzado a manifestarse en jóvenes, e incluso en niños, algo que antes no se veía. De acuerdo a la OMS, mientras en los países desarrollados la mayoría de los diabéticos han superado la edad de jubilación, en el resto el grupo más afectado es el de 35 a 64 años. “Hasta hace un tiempo la enfermedad estaba asociada a personas mayores de países prósperos. Hoy afecta a toda la comunidad y eso significa que las medidas para prevenirla y combatirla deben ser puestas de tal modo que todos puedan entenderlas y acceder a ellas”, dice Hirst, quien esta semana estuvo en Chile.  

Según la Federación Internacional de Diabetes que él preside, aquí la prevalencia de esta enfermedad está por sobre el promedio mundial y somos el país con el porcentaje más alto de personas con diabetes en Sudamérica. Uno de cada 10 chilenos tiene, es decir, más de un millón y medio de personas, el doble de las que había hace 10 años. Se estima además que hay un porcentaje significativo de personas que no han sido diagnosticadas.       

Para alertar sobre la amenaza que todo eso implica para los pacientes y la salud pública, ayer se realizó el foro “Cambiando la diabetes”, organizado por Novo Nordisk. El objetivo era abordar el asunto desde una perspectiva multisectorial, porque si algo queda claro es que dada la magnitud que ha adquirido, la diabetes no es un problema que dependa exclusivamente de la voluntad y esfuerzos de cada persona. Muchos de los actores involucrados coinciden en que tan importante como educar a la población para que lleve una vida saludable, lo es el proveerla de las condiciones para hacerlo, y eso implica dar información sobre el tema, dotar de espacios deportivos y acceso a tratamientos oportunos. Todo esto sin descontar el papel que les compete a los privados, y especialmente a la industria alimentaria. 

Publicado en: 
La Tercera por Angélica Bulnes