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Publicado el

15 de Marzo de 2017
Bajo licencia Creative Commons / www.buenaforma.org
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La dieta mediterránea, reconocida por la ciencia por mejorar la salud cardiovascular, reducir el riesgo de diabetes y aumentar la longevidad, también puede ayudar a combatir la depresión. Utilizando un régimen nutricional muy similar, investigadores australianos observaron que, al cabo de 12 semanas, los síntomas anímicos mejoraron en forma significativa en pacientes con diagnóstico de depresión moderada a severa.

En el estudio hecho por la Universidad Deakin, en Melbourne, una treintena de personas con depresión recibió una dieta que incluía grandes cantidades de frutas, verduras, aceite de oliva, legumbres y cereales, como trigo y arroz, así como cantidades moderadas de pescado, productos lácteos y vino. En cambio, se limitó el consumo de carnes rojas y de alimentos procesados, fritos y ricos en azúcar.

En paralelo, un grupo similar de pacientes siguió con su alimentación habitual. Todos los participantes estaban tomando antidepresivos y/o estaban en psicoterapia regular.

Al cabo de tres meses, al comparar los síntomas de depresión mediante una escala aplicada antes y después del estudio, quienes modificaron su dieta obtuvieron mejores puntuaciones. De hecho, el 32% ya no cumplía los criterios para una depresión.

En cambio, en el grupo que no modificó su dieta solo el 8% logró mejoras en los síntomas.

"Ya sabíamos que la dieta tiene un impacto potente en los aspectos biológicos de nuestro cuerpo. El sistema inmunológico, la plasticidad cerebral y la microbiota intestinal parecen ser centrales no solamente para nuestra salud física, sino también la mental", precisa la doctora Felice Jacka, autora de la investigación.

Expertos locales concuerdan en los beneficios que la dieta puede generar en la salud mental.

"Alrededor del 20% a 30% de los pacientes con depresión no responden a los tratamientos farmacológicos; un complemento entonces puede ser el manejo nutricional, así como el ejercicio", precisa el doctor Pedro Retamal, profesor de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.

Si bien es un tema que se viene estudiando desde hace un par de décadas, su introducción en la práctica clínica ha sido lenta. "La mayoría de las investigaciones iniciales se centraron en el efecto cardiovascular de dietas como la mediterránea, y se dejó a un lado su impacto a nivel cerebral".

Esta realidad de a poco va cambiando. Y en Chile, por las características de la alimentación utilizada en el estudio, puede ser aplicable a la población que padece un trastorno depresivo.

"La dieta mediterránea es muy similar a la dieta tradicional chilena", comenta la doctora Mónica Manrique, nutrióloga y coordinadora del Programa de Obesidad de Clínica Meds.

"Se ha visto que la dieta mediterránea produce un aumento de la plasticidad cerebral, disminuye el estrés oxidativo y también mejora la microbiota, eso evita que a nivel intestinal se traspasen elementos que tienen un efecto inflamatorio en el organismo", precisa.

La dieta usada en el estudio casi no contiene hidratos de carbono refinados (azúcar, harina, cereales refinados, etc.), que aumentan el nivel de azúcar en la sangre y desestabilizan el estado de ánimo.

Además, contiene proteínas de fuentes animales, ricas en nutrientes clave para el cerebro como el hierro, el zinc y la vitamina B 12.

Tristeza posparto

Investigadores canadienses desarrollaron un kit con suplementos dietéticos para evitar el estado de tristeza y melancolía que experimentan algunas mujeres durante la primera semana tras el parto, conocido como "baby blues" en inglés. Si bien es diferente a la depresión posparto, puede llevar a la aparición de este cuadro. El kit consta de tres componentes: triptófano y tirosina, así como un extracto de arándanos. Según explica el doctor Jeffrey Meyer, del Centro para Adicciones y Salud Mental de Toronto, con ello se busca compensar la disminución de tres químicos reguladores del estado de ánimo (serotonina, norepinefrina y dopamina), que suele ocurrir en la fase posparto. En el estudio, las mujeres que no recibieron estos suplementos (en cápsulas) tuvieron un aumento significativo en los niveles de tristeza en su estado de ánimo.

Publicado en: 
C. González, El Mercurio