Publicado el

30 de Junio de 2016
Chile Vive Sano
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Aprender y jugar no son incompatibles. A pesar de las dificultades propias de la modernidad, el esparcimiento sin restricciones está retomando el valor antaño, pues sus beneficios impactan en la formación y en el proceso de aprendizaje de los niños.

La creciente urbanización, la falta de áreas verdes en las ciudades, el aumento de la delincuencia, el surgimiento de nuevas tecnologías, la competencia educativa y sobre-escolarización de los infantes han hecho que el juego libre no sea tan espontáneo como antes o que, incluso, haya llegado a considerarse como una «pérdida de tiempo».

Pero existe una nueva tendencia de investigaciones que están recuperando el valor del juego –especialmente el libre y no estructurado– en el desarrollo infantil. Es el caso de los estudios de Stuart Brown, psiquiatra y fundador del Instituto Nacional del Juego (EE.UU.), que revelan cómo el juego contribuye al desarrollo cerebral, promueve la ecuanimidad, la justicia y la empatía. O la apertura del Centro de Investigación en torno al Juego en la Educación, Desarrollo y Aprendizaje en la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, que buscará ir más allá y generar una pedagogía del juego para ser aplicada en el aula.

Pero este tema no es nuevo. Desde hace años los estudios han confirmado que el juego libre es fundamental en el aprendizaje de los preescolares, ya que los ayuda a desarrollar habilidades físicas, de lenguaje, sociales y de autoconocimiento, además de fomentar la creatividad, imaginación, confianza en sí mismos y la autonomía. Pero también se han mostrado sus beneficios en niños escolares: prestan más atención a las actividades académicas si han tenido un recreo con actividades no estructuradas, sin ser dirigidos por adultos.

Por eso, promover el juego es de vital importancia, por lo que es deber de padres y profesores reducir el tiempo que los niños dedican a estar frente a pantallas digitales y, a su vez, fomentar instancias de esparcimiento al aire libre, donde tengan más posibilidades de mover su cuerpo y estar en contacto con la naturaleza, la vegetación, los animales, el agua y la tierra… ¡Que viva el juego!

Cuando uno toma las experiencias más innovadoras en el ámbito de la educación a nivel mundial, todas están incorporando el juego como un componente fundamental. Se está revirtiendo una situación en donde se consideraba que, salvo por el entretenimiento, el juego no generaba mucho en los niños. Hoy se vuelve a hablar de que esta es una actividad muy respetuosa con su proceso de madurez: al ser ellos quienes van tomando las decisiones, se les entrega un espacio de autonomía y de aprendizaje según su ritmo.

 
Publicado en: 
Revista Ventanal por Patricia Núñez, oficial de Educación y Desarrollo Infantil Temprano de Unicef.