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Publicado el

02 de Agosto de 2015

Temática

Foto: Fundación San Carlos de Maipo, El Mercurio
Foto: Fundación San Carlos de Maipo, El Mercurio

A partir de la experiencia del proyecto Familias Unidas en EE.UU., el objetivo es fortalecer las habilidades parentales en la prevención del consumo de drogas, alcohol y tabaco, entre otras problemáticas. 

La adolescencia es una etapa de cambio y exploración en la que suele comenzar el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas, así como la vida sexual. Una realidad que puede llevar a conductas de riesgo y que complica a muchos padres en relación a cómo abordar y prevenir estas situaciones.

Una problemática que es común en todo el planeta y que en EE.UU. llevó a la creación, hace 20 años, del programa Familias Unidas, dirigido a padres de jóvenes latinos de 12 a 15 años.

"Es una intervención basada en la familia que tiene como objetivos tratar de reducir los riesgos e incrementar la protección hacia los problemas de conducta, como el consumo de alcohol y de drogas", explica Guillermo Prado, director de la División de Ciencias de la Prevención y Bienestar Comunitario de la Universidad de Miami y uno de los creadores del programa.

A través de ocho sesiones con grupos de padres -a cargo de un equipo de psicólogos y facilitadores-, y luego cuatro visitas a sus respectivos hogares, se potencian las habilidades parentales para favorecer la comunicación e interacción familiar en torno a los temas que les preocupan.

Eso implica también fortalecer la participación en los mundos de la escuela y los compañeros del adolescente, así como en su grupo de amigos. Conocer dónde y cómo se desenvuelve y los riesgos a los que está expuesto.

Los resultados han sido positivos. Gracias al programa, se "ha reducido el uso de drogas en 28%, el consumo de alcohol en 50%, cigarrillos en 88% y comportamientos sexuales de riesgo en 60%", cuenta Prado. Además, "ha demostrado mejorar el funcionamiento familiar, incluyendo la comunicación entre padres y jóvenes".

Experiencia local

Estos antecedentes llevaron a la Fundación San Carlos de Maipo a implementar el programa en el país.

A través del sistema Comunidades que se Cuidan, que la fundación lleva a cabo junto a la Universidad de Washington en diferentes comunas, se escogió a 42 familias de Quilicura, Lo Espejo y San José de Maipo para participar en un proyecto piloto de Familias Unidas-Chile.

Esta primera fase tiene como propósito adaptar el programa a la realidad local y evaluar su utilidad, como explica Javiera Benítez, gerenta de desarrollo de la Fundación San Carlos de Maipo.

"Las tres comunidades, luego de nueve meses de trabajo, capacitación y diagnóstico, priorizaron la necesidad de fortalecer las habilidades parentales en sus familias, con el objetivo de disminuir las conductas de riesgo de sus adolescentes", explica.

Según Benítez, "hasta ahora no existe ningún programa de apoyo a las familias y habilidades parentales que haya mostrado ser efectivo en disminuir conductas de riesgo y fortalecer los factores protectores en el entorno familiar".

A partir del próximo año se trabajará con dos cohortes de 120 familias cada una, lo que sumará en total 282 familias en las dos primeras etapas del proyecto. "Esos resultados permitirán saber si puede ser replicado en más comunidades y familias".

Publicado en: 
El Mercurio por C. González