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Publicado el

27 de Agosto de 2016

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons /  www.suravisos.com
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A un año y medio de que Berkeley se convirtiera en la primera ciudad estadounidense en aprobar el impuesto de los refrescos y bebidas azucaradas, ya se están comenzando a notar los primeros resultados. Y es que un reciente estudio publicado por la revista científica American Journal of Public Health mostró que desde la implementación de esta normativa se experimentó una caída de un 21% en el consumo de estos bebestibles, mientras que el consumo de agua embotellada subió un 63%.

De igual forma, el reporte dejó en evidencia que otras ciudades de dicho país que no poseen esta regulación y que se encuentran evaluando su implementación -como San Francisco y Oakland- registraron un alza de un 4% en el consumo de este tipo de refrescos.

No obstante, el estudio señaló que no logró determinar si la caída en el consumo se debe al aumento de los precios de estos productos o por una mayor conciencia por parte de las personas respecto de los posibles daños a la salud que tiene el consumo excesivo de estos bebestibles.

Si bien actualmente Berkeley, Chicago y Washington son las únicas ciudades de Estados Unidos donde se aplica este gravamen, a comienzos de este año Filadelfia se sumó también a esta medida, cobrando a los productores de bebidas azucaradas, sus variedades light, las bebidas energéticas y los tés helados un impuesto de tres centavos por onza (casi 30 mililitros). Esta cifra, de hecho, equivale al triple del impuesto que se cobra en Berkeley. Sin embargo, en Filadelfia esta normativa comenzará a regir recién en enero de 2017 y con él se estima recaudar unos US$ 91 millones al año.

Publicado en: 
Economía y Negocios, El Mercurio