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Publicado el

05 de Enero de 2016

Temática

Foto: U. de Talca / El Mercurio
Foto: U. de Talca / El Mercurio

A partir de un procedimiento para la obtención de extracto de la tomasa (residuos de piel, pulpa y semillas del tomate), investigadores de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Talca identificaron propiedades antiplaquetarias y antitrombóticas que podrían ser utilizadas en la prevención de infartos y accidentes cardiovasculares.

En general, se conoce el efecto antioxidante presente en esta hortaliza -cuya producción es una de las más altas en esa región-, pero se desconocía su actividad antitrombótica, es decir, evitar la formación de coágulos.

Por ello, los investigadores realizaron un estudio en frutas y hortalizas del Maule para analizar sus capacidades de disminución de la función de las plaquetas y trombos: se encontró que inhibían hasta en 30% dicha actividad.

"Comenzamos a investigar hace tres años la pulpa, la piel y los residuos del tomate para identificar esas propiedades y observamos que los compuestos que le otorgaban la capacidad antiplaquetaria (células que obstruyen las arterias) resistían distintas temperaturas y acidez", explica el profesor Iván Palomo, investigador del Laboratorio de Hematología e Inmunología de la universidad.

Con ayuda de investigadores del Instituto de Química de la universidad, aislaron las moléculas que producían ese efecto.

Luego se experimentó en ratones, con un sistema que provoca en estos roedores trombosis en una arteria: al inyectar a los ratones extractos de la tomasa, los animales sufrían significativamente menos trombosis. Así se comprobó el efecto antitrombótico y antiplaquetario.

"Nuestra apuesta es generar un ingrediente funcional a partir de ese extracto -dice Palomo-. La idea es que se pueda consumir indirectamente incorporado en matrices de alimentos, en harinas o lácteos, por ejemplo. Así habría una suplementación de estas moléculas para proteger a nivel cardiovascular", tal como ocurre con la fortificación de la harina con ácido fólico, sin afectar su sabor, características o aroma.

"La tomasa era un desecho, y el haber descubierto estas propiedades en un desecho tiene un potencial de impacto en el medio ambiente gigante. Podrías transformar a la industria del tomate en una industria circular con desechos reutilizados", explica Ricardo Díaz, director del Centro de Estudios de Alimentos Procesados, CEAP.

Durante el próximo año se iniciarán estudios clínicos en pacientes sanos para comprobar si tiene el mismo efecto en el organismo humano. "Hasta ahora tenemos un par de estudios, pero de pequeño número. Ya fue aprobado por Conicyt y falta definir el grupo, que probablemente será con alumnos voluntarios de la universidad".

También se estudiará su efecto en la función hepática, renal y cardíaca, para detectar eventuales efectos negativos.

Desechos

El residuo generado por los tomates, la tomasa, incluye la piel, pulpa y semillas de la fruta. La mayor parte de este se destina al consumo animal.

Publicado en: 
El Mercurio por Carlos González