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Publicado el

16 de Mayo de 2016

Temática

Ilustración: La Tercera
Ilustración: La Tercera

Investigación dice que el trabajo, largos traslados, uso de celulares y la televisión están entre razones que se dan para no comer con otros.

¿Cómo y con quiénes comen los chilenos? ¿Qué muestra eso de la sociedad chilena? Es lo que busca conocer Claudia Gioacoman, académica del Instituto de Sociología de la U. Católica, en su proyecto Fondecyt “¿Cómo cómenos juntos?”. 

El estudio, cuya primera parte acaba de ser publicado, describe las prácticas y valores relativos a la comensalidad en adultos de la Región Metropolitana. En esta primera etapa, 1.500 personas fueron consultadas sobre cómo, con quién y dónde comen.

Los resultados muestran que la comida familiar es fuertemente valorada y en muchas ocasiones es el único espacio para encontrarse, pero es una instancia que presenta dificultades para materializarse. Muchas veces la única opción es comer en solitario. “El deseo de todos es comer con quienes les importan, pero no siempre se puede”, reconoce Gioacoman. 

Tensiones

El estudio descubrió tres focos de tensión que obstaculizan el comer con otros. El primero es la dificultad de compatibilizar las agendas personales entre los miembros del hogar. “Comer juntos requiere la sincronización y convergencia de padres e hijos en el espacio doméstico, lo que es especialmente difícil frente a las exigencias laborales y académicas, así como por la larga duración de los viajes entre el trabajo y el domicilio”, dice Giacoman.

Hoy otro punto de tensión es el uso de televisión u otras tecnologías al comer. Para muchos la televisión dificulta la comunicación familiar. Las madres, indica Giacoman, son quienes más se oponen a que esté presente en las comidas. “Ellas relatan que la comida familiar es una de las pocas instancias que tiene la familia para conversar y ponerse al día sobre la vida de todos”.

Para Mirta Crovetto, nutricionista y decana de la Facultad de Ciencias de la Salud de la U. de Playa Ancha, las extensas jornadas laborales es una de las principales razones por las que se come solo. “La mayoría come frente al televisor como una manera de compensar la ausencia de otros. Lo que lleva a no darse cuenta de lo que se come y se transforma en un mero propósito de ingerir comida. Se pierde el elemento social de la alimentación, que nos reúne con otros”.

Por otro lado, el uso del celular logra generar más consenso como elemento distractor. “El rechazo es mucho más claro que el que existe hacia la televisión, posiblemente por el hecho que su uso es de carácter individual, atentando así a la práctica colectiva generada por la comida”, dice la socióloga.

El tercer punto en discordia es comer con los niños, y especialmente con los adolescentes, edad en la que comienzan a decir qué comer y expresan sus gustos. Para evitar conflictos y poder comer juntos, los padres se adaptan a las particularidades de sus hijos, excluyendo ciertos ingredientes y preparaciones. “Una opción en favor de la armonía familiar, para lograr la inclusión y participación de todos los miembros del hogar”, dice Gioacoman.

Comer juntos en casa, dice el estudio, aparece como el lugar que a los padres les permite identificar si sus hijos están teniendo problemas. Al respecto los adolescentes indicaron frases como “me obligan” a comer con otros, o mi mamá “se asegura que a esa hora comamos”. 

En solitario

El desayuno es una de las comidas que más en solitario se realiza. “En ocasiones, es incluso omitido o no tomado en el hogar, sino en el trabajo. Nuestros encuestados argumentan que se da porque deben levantarse muy temprano por las largas distancias que tienen que recorrer para llegar a su trabajo, y porque a dicha hora no tienen apetito”, dice Gioacoman.

La Encuesta Nacional de Salud indica que el 16% de los chilenos no toma desayuno o lo hace sólo de manera ocasional. Para Crovetto, ese es uno de los aspectos más preocupantes. “Tomar desayuno permite tener un encuentro al inicio del día y desde el punto de vista de la alimentación, ordena. Los tiempos de comida son importantes de mantener. Son un acto de socialización, para hablar de lo que nos pasa, y eso altera el sentido social de la alimentación y afecta la salud”.

El principal inconveniente de comer en solitario, dice la nutricionista, es que trastornos alimenticios como la anorexia y bulimia, pasan desapercibidas. “El aislamiento es bueno para no comer, práctica frecuente en niños o jóvenes que no comen con otros para que no vean lo que come, o  que no comen, por eso se alejan del rito de la alimentación”.

En el trabajo 

Comer en el trabajo presenta una diversidad de prácticas que dependen en gran medida del tipo de empleo y las condiciones donde se desarrolla. “Así es posible encontrar desde trabajadores asalariados que almuerzan en el casino institucional, gerentes que comen en restaurantes u obreros y oficinistas que llevan una “choca”, vianda o pote para comer en algún espacio de su trabajo”, indica Giacoman.

Comer solo o en el puesto de trabajo es juzgado como algo negativo. Algunos participantes utilizan palabras como “denigrante” y “triste”, dice Giacoman, para referirse a ello. 

Pero independiente del tipo de trabajo, todos dicen tener poco tiempo para comer. Un obstáculo para la comida compartida, que requiere más tiempo que la solitaria y exige sincronización social. “Las demandas laborales llevan a que en ocasiones se opte por la comida solitaria, aunque exista legalmente tiempo para ello”.

Para Crovetto, en el trabajo las  personas comen algo rápido en lugares cercanos, alimentación poco adecuada y “que no tiene el impacto de socializar con otros porque comen solos”.

Publicado en: 
La Tercera por Paulina Sepúlveda