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Publicado el

28 de Enero de 2016

Temática

Foto: Usoa / El Mercurio
Foto: Usoa / El Mercurio

Esta semana comenzó con malas noticias. Un informe de la OMS advirtió que, a nivel mundial, 41 millones de niños menores de 5 años tienen sobrepeso u obesidad. La cifra equivale a 6,5% de los preescolares. "La obesidad infantil está a nivel de crisis en muchos países y plantea un desafío serio y urgente. Los gobiernos deben hacerse responsables de enfrentar este asunto", dice el informe.

El llamado coincide con una edición especial sobre obesidad publicada por la revista Science Translational Medicine. En su editorial, Brian Elbel, profesor de Salud Poblacional y Políticas de Salud de la U. de Nueva York, destaca que "no podemos darnos el lujo de esperar más investigación antes de trabajar en las mejores soluciones que podrían tener un impacto plausible".

A nivel mundial los ejemplos exitosos se multiplican. Tanto Elbel como los autores del informe de la OMS destacan algunas experiencias dignas de observar.

Impuesto dulce

En su informe la OMS llama a introducir impuestos a las bebidas azucaradas, estrategia que ya han implementado los dos países con mayor consumo de estos refrescos a nivel mundial: México y Chile.

En nuestro país esa tasa subió de 13% a 18% en octubre de 2014, mientras que desde enero de ese mismo año México les subió el precio en 10%, obteniendo "resultados promisorios", dice Elbel.

Así lo demuestra un estudio publicado este mes en British Medical Journal. En 2014 el consumo de bebidas cayó en 6% en promedio, llegando a su peak en diciembre, con 12% menos ventas respecto de la época previa al impuesto.

Esta política fue precedida por masivas campañas encabezadas por organizaciones civiles agrupadas en la Alianza por la Salud Alimentaria.

"Mejor toma Agua" y "12 cucharadas", en referencia a la cantidad de azúcar que tiene una gaseosa de 600 cc -el formato más consumido en México- buscaban informar al público, estigmatizar el consumo de bebidas y llamar a la acción.

"Un impuesto o una sola medida no van a cambiar la situación. Es por eso que son claves campañas de concientización como estas, que muestran el problema y su causa. A eso se debe sumar una buena regulación de la publicidad de alimentos y disponibilidad de alternativas atractivas para el consumidor", dice al teléfono desde México Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, una de las organizaciones miembro de la Alianza. Por ejemplo, agrega, "ampliar el acceso a agua potable o vender agua embotellada a mitad de precio.

Vegetales más accesibles

Bajar el precio de alimentos saludables y aumentar el acceso a ellos es, de hecho, otra medida que ha mostrado ser efectiva.

Elbel destaca el Piloto de Incentivos Saludables (HIP), un programa del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) que durante 14 meses abonó a 2.500 familias 30 centavos por cada dólar que compraban en frutas y verduras. Al cabo de 14 meses, estas familias tenían un consumo de vegetales 26% más alto que las 5 mil del grupo control.

Brasil es otro ejemplo. Ahí "una ley establece que los programas de alimentación escolar deben tener un 30% de alimentos producidos por la agricultura familiar local y 70% deben ser no procesados o mínimamente procesados", dice Calvillo. El menú se diversificó, las golosinas se cambiaron por fruta y el azúcar por miel. Con esto, no solo se mejoró la dieta de los escolares, sino que se fomentó la pequeña agricultura local.

Como directora del programa Elige Vivir Sano, que durante el gobierno pasado dio lugar a la ley del mismo nombre, Pauline Kantor conoció múltiples experiencias exitosas. "En Corea los niños de educación básica tienen una vez por semana clases de hábitos saludables en salas especialmente habilitadas. Además, cada colegio tiene un profesional dedicado a promover la actividad física y nutrición saludable".

Hoy como asesora de la Fundación Chile Vive Sano, Kantor destaca que "el combate de la obesidad debe abordarse desde múltiples ámbitos. Por eso, para que una política pública de esta naturaleza sea realmente efectiva debe ser intersectorial y de largo plazo, pues cambiar los hábitos implica un cambio cultural".

Publicado en: 
El Mercurio por Paula Leighton