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Publicado el

05 de Julio de 2015

Temática

Foto bajo licencia Creative Commons
Foto bajo licencia Creative Commons

Sugieren darles información que les ayude a disminuir su exposición a riesgos. 
 

"Toman como que el mundo se fuera a acabar. Sin ningún control. Su discurso es que sin alcohol no hay carrete", dice Marcela Garrido, madre de un adolescente de 17 años que cursa cuarto medio en Ñuñoa.

Rosario (16 años) está en 2° medio de un colegio particular en Las Condes y lo ve desde dentro. "Lo más triste es que llega un punto en que se vuelve normal ver gente curada en las fiestas. No les importa vomitar delante de todos o quedar tirados en el suelo. Y eso pasa con hombres y mujeres, pero ellas se curan mucho más rápido".

Piscola, vodka con Sprite y cerveza son los tragos preferidos. Conseguirlos es fácil. Los más chicos le piden a alguien que compre por ellos y a los de 3° o 4° medio ni siquiera les piden carnet, coinciden ambas.

Lo que ellas ven no son casos aislados. Según datos de Senda (2013), entre escolares de octavo a cuarto medio el 35,6% de los hombres y 35,7% de las mujeres declara haber bebido en el último mes. De ellos, el 62,8% dijo que tomó cinco o más tragos en al menos una ocasión.

Datos recogidos por el área de Asesorías de la Fundación Paréntesis en talleres que realizan a escolares de séptimo a cuarto medio de colegios particulares y subvencionados, revelan algunas consecuencias del consumo excesivo.

El 35% de los 2.750 escolares de la muestra ha viajado en un auto conducido por alguien que consumió alcohol, 17% ha olvidado lo que hace tras consumir alcohol y 19% lo ha consumido estando solo o sola.

Legal no significa normal

Al psicólogo Carlos Vöhringer, director de Paréntesis Asesorías, le preocupa el acceso fácil y a bajo costo del alcohol y que su consumo se haya vuelto algo normal, tanto para adultos como adolescentes.

"No se considera un mayor riesgo para la salud. Los padres y colegios se espantan y movilizan con la marihuana, pero parece que con el alcohol -como es legal- hay que llegar a casos extremos, como coma etílico o muertes, para que tomen acción".

Cuando ha ido a buscar a su hijo a fiestas, Marcela ve las consecuencias de esa despreocupación: "Llega un momento en que muchos papás sueltan las riendas. No les preguntan a sus hijos a dónde van, cómo se van a volver o a qué hora. Prefieren no saber. Y los cabros son temerarios, tú los ves caminando borrachos en la noche, expuestos a que los atropellen, los asalten o las violen".

El otro extremo tampoco funciona. "Los que tienen papás súper estrictos -tipo 'tírame el aliento' cuando llegas o que exageran los castigos- toman igual, pero se van a alojar a otro lado", dice Rosario.

Vöhringer interpreta. "Los papás no saben cómo están carreteando sus hijos, la información preventiva es escasa o nula y tratan de normar más desde el 'pobre de ti que te pille' o 'no me quiero ni enterar', en vez de establecer un diálogo que ayude a los jóvenes a gestionar los riesgos y tomar decisiones".

Ese diálogo, agrega, debe ser "no para sermonear ni sobrerreaccionar, sino para acompañarlos, explicarles cómo cuidarse y entregarles información honesta sobre los riesgos alos que se exponen. Sin exagerar, porque los adolescentes son muy sensibles a cuando estás falseando o inflando las cosas", dice el experto.

Una visión realista

En esas conversaciones, sugiere preguntar por sus preocupaciones, exponer las propias y transmitir prácticas de autocuidado, cuidado de otros y consumo responsable.

Y es que si bien abstenerse de consumir alcohol y drogas en la adolescencia es el escenario ideal, el más realista es asumir que hay una gran probabilidad de que experimenten con estas sustancias y algunos inicien un consumo regular.

Prepararlos para cuando eso ocurra es fundamental, plantea Marsha Rosenbaum, investigadora por 18 años en el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas de EE.UU. y autora del documento "La seguridad ante todo: un enfoque realista sobre los adolescentes y las drogas" (http://bit.ly/1NCjXUt).

Entre otras cosas, Rosenbaum propone "que aprendan a reconocer las conductas irresponsables cuando eligen lugar, horario, niveles de dosis y frecuencia de uso al tomar sustancias y que sepan las consecuencias de violar normas escolares y legales, aun si ellos no están de acuerdo con esas reglas".

Y, agrega, "quizás lo más importante es que los adolescentes necesitan saber que a los adultos importantes en sus vidas les preocupa principalmente su seguridad y que tienen a alguien a quien recurrir cuando necesitan ayuda".

En el sitio de Paréntesis www.tomoelcontrol.cl , se entrega más información y consejos.

Publicado en: 
El Mercurio