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21 de Agosto de 2016

Temática

Foto: La Tercera
Foto: La Tercera

Obesas pasaron de ser 7% del país al 30%. Los hombres obesos pasaron de ser el 5% al 19%.

Desde 1960 a la fecha, la sociedad chilena ha evolucionado en muchos aspectos, entre ellos, el peso. 

En estos 50 años, el hombre chileno promedio aumentó más de 12 kilos de peso y creció 7,6 centímetros de estatura, mientras que la mujer subió 9 kilos y creció 6,1 centímetros.

Según “Chile, Nutrition Survey”, la primera encuesta de nutrición realizada en el país en 1960, el hombre promedio entonces pesaba 65 kilos y medía 1,62 m; para la mujer, el peso promedio era de 58 kilos y 1,50 m de altura. El Índice de Masa Corporal (IMC) entonces era normal para los hombres, y para las mujeres informaba de un leve sobrepeso. 

Para 2010, según la última Encuesta Nacional de Salud (ENS 2009-2010), el peso de los hombres llegó a 77,3 kilos y 67 kilos para el caso de las mujeres (ver infografía).

 Según esta misma medición, considerando el IMC, los hombres están a tres puntos de la obesidad leve y las mujeres a dos.

Los obesos pasaron de representar el 5,3% de la población total en 1960, a 19,2% en 2010. Las mujeres obesas, en cambio, pasaron de ser el 7,2% de la población en 1960 a ser el 30,7% en el año 2010.

Aumento desequilibrado

Marcia Erazo, jefa del Programa Nutrición de Poblaciones de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile, dice que “a nivel mundial se observa que en la medida en que se fue superando la pobreza y la desnutrición de los países, también va aumentando la talla y el peso de las personas”. 

No se trata de un cambio genético, explica, si no de modificaciones ambientales (socioeconómicas) que permiten que estos dos indicadores se incrementen.

El problema es que en Chile, el aumento del peso fue mayor en proporción que el de la talla. 

“Probablemente podríamos haber crecido un poco más. Claramente los kilos fueron mucho más que los centímetros y eso tiene su origen en los hábitos alimentarios y de actividad física. En los países desarrollados también se observó el mismo cambio”, señala Erazo. 

“La población está en un balance calórico positivo, es decir, la ingesta de calorías ha superado al gasto, por el sedentarismo, las grandes distancias que recorre la gente en las ciudades ha promovido el uso del transporte en vez de la caminata”, señala Eliana Reyes, nutrióloga del programa Obesidad y Diabetes de Clínica U. de Los Andes.

Aunque aclara que no se trata de una relación matemática, el aumento de peso debió haber sido el que permitiera mantener un IMC ojalá de 24 en la población evaluada. 

Así, para la misma estatura promedio que indica la Encuesta Nacional de Salud, los hombres deberían pesar seis kilos menos y las mujeres cinco kilos menos.

Alza proporcional

El doctor Francisco Mardones, profesor titular de Salud Pública en la U. Católica, resalta que de acuerdo a otros estudios lo esperable es que en talla se aumente un centímetro cada diez años y que los kilos sean proporcionales a esos centímetros.

A juicio de Reyes, los mismos cambios ambientales y sociales son los responsables de la disminución de la actividad física hasta alcanzar cifras de sedentarismo entre las más altas del mundo. A eso se suma el cambio en la alimentación tradicional chilena, que pasó a una más globalizada y con exceso de calorías.

Coincide también Reyes en el incremento exagerado del peso. “Quizás si se hubiera mantenido o promovido más la importancia de alimentación saludable y de la actividad física, no hubiera aumentado tanto el peso”, indica.

Según Erazo en estos 50 años se modificaron las porciones de los alimentos, la calidad de éstos y el consumo de bebidas gaseosas, tres elementos que explican el aumento de peso. 

A eso se suma el consumo de bebidas azucaradas prácticamente como única fuente de hidratación.

Los expertos recomiendan respetar las porciones indicadas para los distintos tipos de alimentos y comer respetando los horarios definidos para ello, sin saltarse comidas, como habitualmente se hace hoy por distintas razones. 

Mejor nutrición

Reyes recalca que las mejores condiciones socioeconómicas y sanitarias del país permitieron una mejor alimentación desde las embarazadas lo que a su vez, repercute en la talla que alcanzarán los recién nacidos. “Una malnutrición intrauterina genera niños de menor peso y talla al nacer; los niños con una mejor nutrición, pueden adquirir la talla que su genética les determina. Además, al haber mejores condiciones sanitarias disminuyen las infecciones que también condicionaban mayor desnutrición”, recalca.

Según Mardones, junto con la población general, las mujeres embarazadas también han aumentado en kilos. A su juicio, el país está viviendo una fase avanzada de transición demográfica epidemiológica y nutricional, lo que se refleja en el aumento del sobrepeso y la obesidad.

Publicado en: 
La Tercera por Cecilia Yáñez