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Publicado el

16 de Septiembre de 2015

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Foto: AFP, El Mercurio
Foto: AFP, El Mercurio

Aunque no hay acuerdo en la utilidad de estos dispositivos para reducir el hábito de fumar, sí existe unanimidad en que su uso puede favorecer el tabaquismo y que también son dañinos. 

Desde su masificación hace unos diez años, los cigarrillos electrónicos han estado envueltos en la controversia sobre su utilidad para abandonar el hábito del tabaco. Para algunos, pueden ser de utilidad en esa tarea, y menos dañinos que el cigarrillo tradicional, pero para otros se trata de productos igual de perjudiciales.

Esta última postura es compartida por organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que reconoce que el uso de inhaladores electrónicos de nicotina "es probablemente menos tóxico para el fumador que los cigarrillos convencionales", aunque "actualmente se ignora el alcance de la reducción de los riesgos".

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos a batería que utilizan un líquido, que puede contener o no nicotina, que al calentarse produce un vapor que es inhalado por el usuario.

Hace unas semanas, a partir de una revisión de varios estudios, la Public Health England (PHE), una agencia del Servicio de Salud británico, señaló que estos dispositivos pueden ser una alternativa de tratamiento a parches y chicles de nicotina, y que son "un 95% menos dañinos que el tabaco tradicional", ya que no contienen muchos de los tóxicos habituales en los cigarrillos convencionales.

Lo que allí se plantea es que "los fumadores que han intentado sin éxito otros métodos para dejar de fumar pueden optar por estos cigarrillos. Hay estudios que muestran que pueden ayudar a reducir el consumo diario", cuenta el doctor Daniel Seijas, psiquiatra y jefe de la Unidad de Adicciones y Tabaco de Clínica Las Condes.

Seijas reconoce que en su consulta estos dispositivos han funcionado bien con algunos pacientes, ya que "reciben nicotina, pero con menos tóxicos que el cigarrillo tradicional". En todo caso, precisa que "se reduce el daño, pero no elimina la adicción. Lo ideal es no fumar".

Son precisamente estos aspectos los que resultan suficientes para quienes se oponen a sugerir el uso terapéutico de estos dispositivos.

Escasa calidad

En un análisis publicado ayer en el British Medical Journal, los investigadores Martin McKee, de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, y Simon Capewell, de la U. de Liverpool, cuestionan los datos difundidos por la PHE. "La evidencia disponible sobre la efectividad y seguridad de estos dispositivos es de baja o muy baja calidad", pues, por ejemplo, se han visto errores metodológicos o que en un tercio de los estudios (34%) los autores tenían conflictos de interés.

En agosto, durante una actualización en torno a los cigarrillos electrónicos realizada en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile, se concluyó que no son una estrategia para dejar de fumar. "No hay suficiente evidencia de que tenga algún grado de efectividad", dice el doctor Rolando Chandía, académico de la universidad y director de la Clínica de Adicciones Alfa.

Asimismo, agrega que se ha visto que no son inocuos para los fumadores pasivos y que un problema importante es que los más jóvenes pueden tener acceso a estos dispositivos, lo que puede "normalizar" el consumo y favorecer la adicción.

Un estudio publicado en JAMA Pediatrics, con 694 jóvenes de 16 a 26 años, mostró que el 68,9% de quienes usaron el "e-cigarette" pasó al cigarrillo clásico, mientras que entre quienes no fumaban, solo el 18,9% empezó a fumar tabaco.

En muchos países los cigarrillos electrónicos no están sujetos a las mismas regulaciones que los cigarrillos tradicionales. En Chile, el Ministerio de Salud convocó a una comisión de expertos para estudiar estos dispositivos y evaluar su restricción. La venta de aquellos que contienen nicotina no está permitida, pero no su uso, por lo que muchos fumadores los adquieren en el extranjero (su precio oscila entre $10.000 y $40.000).

Asimismo, los especialistas lamentan que no exista una política de ayuda para quienes desean abandonar este hábito. "Chile tiene una de las tasas más altas de tabaquismo en el mundo, pero ni Fonasa ni las isapres financian este tipo de tratamientos", precisa Seijas.

Publicado en: 
El Mercurio por C. González