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Publicado el

09 de Agosto de 2015

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.ntn24.com
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Se trata sobre todo de jóvenes que reemplazan las comidas habituales por batidos de proteínas, lo que genera un desbalance en el organismo. Asesorarse por especialistas antes de comenzar a consumirlos puede evitar una serie de problemas. 

En un esfuerzo por conseguir mejores cuerpos, en los gimnasios no solo se encuentran pesas, barras y máquinas para lograr ese objetivo, sino también suplementos nutricionales que prometen ser la pieza del rompecabezas que falta para alcanzar los músculos del tamaño soñado.

Se trata principalmente de proteínas, así como de vitaminas, minerales o carbohidratos, de venta directa en farmacias, en los mismos gimnasios o a través de la red.

"Un amigo me dio el dato de unas proteínas, las compré por internet y a las pocas semanas noté un aumento de la masa muscular. Fue más rápido de lo que esperaba", cuenta Alejandro Castilla (27), abogado y asiduo al gimnasio.

Él es parte de una moda que toma fuerza. Se calcula que el mercado de estos productos superará los US$ 330 mil millones en 2017, ya que cada día suma más adeptos, sobre todo entre los varones. En Chile, según un estudio realizado por la Universidad Católica de Valparaíso (UCV) en 2011, siete de cada diez hombres (67,7%) que asisten a gimnasios reconoció consumir algún tipo de suplemento.

"Hay una gran cantidad de productos que se venden en forma libre, sin restricciones ni receta. El problema es que hay un alto consumo de estos suplementos, que muchas veces sobrepasa lo recomendable", advierte Fernando Rodríguez, jefe de Investigación de la Escuela de Educación Física de la UCV y autor principal del estudio.

El problema es que eso trae consecuencias. En lo inmediato, "hay dolor y molestia intestinal, trastornos digestivos y diarrea -dice Rodríguez-. Si el consumo es prolongado en el tiempo (por años), puede producir daño renal o hepático".

Un fenómeno más reciente fue discutido esta semana en la convención anual de la Asociación Americana de Psicología, en Canadá. Allí, Richard Achiro, de la Escuela Profesional de Psicología de la Universidad Internacional Alliant (EE.UU.), presentó un estudio en donde advierte que al menos el 22% de los jóvenes que consumen estos suplementos tienden a reemplazar con ellos las comidas.

Aporte irregular

Para los expertos, esto supone un nuevo tipo de trastorno alimentario.

"Muchos no almuerzan y ocupan el batido de proteínas como comida; eso implica un aporte muy irregular de macronutrientes. Si la comida debe aportar 30% de proteínas, con esto llega al 90%", advierte Rodríguez.

Este desbalance no es inocuo. A la falta de carbohidratos y grasas, que altera el correcto funcionamiento del organismo, se suman cambios a nivel emocional: menor tolerancia, trastornos del ánimo y aumento de la agresividad, por ejemplo, según explica Achiro a "El Mercurio".

¿Qué lleva a consumir estos productos? "Parece ser una combinación de factores, incluyendo la insatisfacción corporal, baja autoestima o conflictos con su rol de género; el individuo percibe que no está cumpliendo con la masculinidad que impone la cultura", dice Achiro.

Idea con la que concuerda el doctor Rafael Gutiérrez, especialista en medicina deportiva de la clínica MEDS. "La vida actual hoy pide un culto al físico importante. No se habla de deporte por salud, sino por apariencia".

En muchos casos se cruza con la vigorexia, un trastorno del comportamiento que se caracteriza por la obsesión de conseguir un cuerpo musculoso.

Se trata de jóvenes "que quieren resultados en el corto plazo. Entonces buscan alternativas para acelerar el proceso, las que no siempre son necesarias", comenta el doctor Marcelo Acevedo, traumatólogo de Clínica Indisa.

Si una persona lleva una alimentación correcta y equilibrada en relación a su nivel de actividad física y condiciones personales, ya tiene cubierto el aporte de proteínas, vitaminas y minerales necesarios.

El problema, además, es que estos productos a veces se consumen sin una indicación adecuada.

Eduardo (31), ingeniero, comenzó a usar suplementos el año pasado. "Contraté un personal trainer , me hizo un plan de ejercicios y me recomendó tomar proteínas dos veces al día. Una cierta cantidad por kilos de peso".

A los tres meses ya tenía músculos marcados. "No encontré necesario acudir a un especialista; pero un amigo químico me dijo que no era bueno tomar por mucho tiempo".

Sin una supervisión de un especialista, "no vas a obtener el resultado que quieres, vas a desperdiciar plata y hasta puedes terminar con algún daño a nivel de salud", precisa el doctor Acevedo. De hecho, según el estudio de la UCV, la mayoría de los encuestados fueron asesorados por un entrenador (48,5%) o un amigo (17%), pero solo el 9% por un médico.

Publicado en: 
El Mercurio por Cristián González