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Publicado el

24 de Junio de 2016

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.cheulrico.wordpress.com
Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.cheulrico.wordpress.com

Con la última campanada de ayer en los colegios del país se cerró para siempre la posibilidad de que los estudiantes compren golosinas en sus establecimientos educacionales. Ya el martes, cuando vuelvan a clases, estará en vigencia la Ley de Etiquetado de los Alimentos, que obligará a todos los quioscos a reformular su oferta para eliminar todos los productos que contengan una o más etiquetas de "alto en".

Papas fritas, chicles, chocolates y bebidas que no sean " light " o " zero " ya no podrán ser vendidos, lo que tiene a los concesionarios de los quioscos en la incertidumbre sobre cómo mantener sus ingresos, pues estos productos pueden representar hasta el 90% de sus ventas.

Factor precio es clave

Y aunque buena parte de los colegios han hecho trabajos en conjunto con sus quioscos para adaptar la oferta, quienes lo han hecho aseguran que sus ingresos han caído en torno al 40%. "Los productos saludables son más caros y requieren de más trabajo de elaboración. No es lo mismo salir a las cinco de la tarde a hacer brochetas o quiches saludables que ir a comprar paquetes de papas fritas", explica Marcela, quien lleva seis años a cargo del quiosco del colegio José Toribio Medina de Ñuñoa, donde hasta ayer ofrecía golosinas junto con zanahorias, apios, huevos duros, frutas enteras y ensaladas.

De sus palabras se desprende que el factor precio es clave. "Yo tengo más de un quiosco, por lo que tengo gente contratada. Vamos a evaluar cómo nos va con la nueva ley, pero va a ser difícil, porque si antes los niños tenían 10 opciones de compra con $100, ahora les voy a poder ofrecer solo una. Espero poder responderle a mi gente al menos hasta fin de año", cuenta Ives Chávez, concesionario de distintas escuelas y liceos de Ñuñoa y Providencia.

Otros establecimientos se propusieron rematar durante junio todos los productos que no cumplan con la ley. Es el caso del colegio Compañía de María de Seminario, de Providencia, donde ayer quedaban solo unos pocos galletones y barras de cereales que no se podrán vender. En ese recinto, además, durante este mes han ido introduciendo la venta de fajitas, cabritas, postres de leche, frutas y huevos duros.

Daniela Giancaspro, nutricionista del establecimiento, cuenta que han socializado entre los apoderados el cambio de la oferta comestible del quiosco, porque "con 200 pesos, a los niños ya no les va a alcanzar para nada".

La desazón por parte de los locatarios es tal que aseguran que muchos de sus colegas "llegaban hasta hoy (ayer) y devolvían las llaves de sus negocios", por las bajas que auguran en sus ingresos. Así lo aseguran tres de los locatarios consultados por este diario.

Esto es avalado por Miguel Núñez, encargado de local de la distribuidora de alimentos Fruna en La Vega Central, donde se abastecen buena parte de los quiosqueros de la capital. "Hace un mes que están bajando las compras de los quioscos de colegios (...). Tenemos muchos clientes y han dejado de comprar porque ya no les sirven los productos", reconoce.

Pintando quioscos

Prueba de la inminencia de la norma es que las empresas que quedarán con sus productos etiquetados (como las de gaseosas y helados) hacían hasta ayer arduos trabajos para cubrir y cambiar las publicidades al interior de los centros educacionales.

Máquinas de helados, bebidas y los mismos quioscos -la mayoría con colores alusivos a las marcas- eran frenéticamente pintados por trabajadores de las empresas y por los mismos colegios, para poder estar a tono con la reglamentación, porque esta también prohibirá la publicidad de los productos "altos en" dirigida a menores de 14 años.

Los reclamos de los niños por la ausencia de sus confites favoritos ya se siente también. "Mi mamá me deja comer Chocman, ¿por qué no le puedo comprar?", aseguran que les reclaman los menores a los locatarios, ante lo cual surgen como alternativa los carritos que se colocan a la entrada y salida de los colegios. "Tienen que tener una definición sobre eso los alcaldes, porque a nosotros nos restringen sin ningún beneficio, como bajar el precio de los permisos o arriendos, y ellos, dos pasos más allá, pueden vender de todo", reclama Chávez, de Providencia, en relación a las ordenanzas municipales para ampliar la restricción de venta más allá de los establecimientos educacionales.

12.001
colegios en el país, públicos y privados, deberán adaptar sus quioscos a la nueva Ley de Etiquetado de Alimentos.

Cuatro
nutrientes críticos serán etiquetados de sobrepasar los máximos de azúcar, sodio, grasas y calorías.

Publicado en: 
El Mercurio por R. Olivares y N. Cabello