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Publicado el

13 de Junio de 2016

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.disfrutatucuerpo.wordpress.com
Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.disfrutatucuerpo.wordpress.com

Cuanto menos un padre o una madre haga comentarios sobre el peso de su hija, menor será la probabilidad que ella se sienta disconforme con su apariencia cuando sea adulta. Esa es la principal conclusión de un estudio realizado por la Universidad de Cornell en EE.UU. y que alerta que la opinión paterna puede tener mucho que ver con la imagen corporal femenina. Y, eventualmente, con la aparición de trastornos alimenticios.

Tras encuestar a 501 mujeres de 20 a 35 años, Brian Wansink -especialista en trastornos de la alimentación- y su equipo observaron que, en comparación con las mujeres delgadas, aquellas que tienen sobrepeso u obesidad eran 30% más propensas a recordar a sus padres haciendo comentarios sobre su peso cuando eran niñas.

El recuerdo de frases como "No comas tanto" o "¿Te has pesado?" también era más potente en aquellas que hoy están menos satisfechas con su apariencia física, aun cuando tenían un peso adecuado.

"Comentar sobre el peso de una mujer nunca es una buena idea, incluso cuando son niñas o adolescentes", advierte Wansink, quien precisa que esto puede tener un impacto negativo en el futuro.

Idea con la que concuerda la psicóloga Dominique Karahanian, académica de la Universidad Mayor. "El lenguaje crea realidad; los comentarios de los padres influyen en el comportamiento de los hijos, no solo en torno al peso. Eso repercute en algún tipo de conducta más adelante".

En el caso de la imagen corporal, en las mujeres el tema está reforzado por una carga social, en la que prima una figura ideal, según agrega Josefina Guzmán, psicóloga de hospitalizados de Clínica Indisa. "En ocasiones el discurso de los padres es a favor de determinadas imágenes corporales que están influenciadas por factores socioculturales. Hay una imagen deseada del cuerpo femenino que también influye en la cabeza de papás y mamás", sobre todo en sociedades machistas.

Al respecto, el estudio pone de manifiesto dos cosas significativas, a juicio de María Ester Buzzoni, psicóloga clínica y académica de la Universidad San Sebastián: el impacto de la cultura sobre la socialización femenina, y la asociación entre cuerpo femenino y satisfacción de la mujer consigo misma.

"La cultura ha construido con sus discursos una manera de habitar el cuerpo en las mujeres, y eso tiene que ver con procesos de expectativas culturales, que se traspasan de generación en generación", precisa.

Esclavas de la imagen

El estudio de la U. de Cornell menciona que en la mayoría de las mujeres que no se sentían conformes con su peso o percepción corporal, había detrás padres o madres que tenían las mismas preocupaciones sobre su propia imagen.

Eso lleva a que las mujeres se vuelvan esclavas de su apariencia.

De hecho, entre las mujeres con más altos índices de masa corporal (IMC) encuestadas por Wansink -y que recordaban haber recibido comentarios paternos sobre su peso-, estaba muy presente la necesidad de perder kilos para ser feliz.

"El estudio llama a cuestionar cómo la cultura ha instalado ideas y conceptos ligados a trastornos de la alimentación, que no son privativos de las mujeres", dice Buzzoni.

Ante esta realidad, el llamado de Wansink es claro: "Si está preocupado por el peso de su hija, evite criticarla o restringirle alimentos. En cambio, motive decisiones y comportamientos saludables, dándole la libertad de elegir por sí misma y haciendo que las decisiones más saludables sean más atractivas y convenientes".

Eso también favorece la autoestima de los hijos.

"Hay que inculcarles la importancia de mantenerse sanos, de tener una alimentación saludable y de realizar actividad física. Generar una visión más integral, en que el tema del peso no sea importante", agrega Dominique Karahanian.

Se trata de que "la alimentación tiene que ver con nutrición y no con la estética. No hay que estar evaluando permanentemente el cuerpo", dice Buzzoni.

En esta labor, educar con el ejemplo es clave, puntualiza Karahanian. "Si te digo que comas sano y no tengo un estilo de vida saludable, será más difícil que se adopten medidas. Además, muchos hábitos comienzan por casa".

Publicado en: 
El Mercurio por C. González