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10 de Febrero de 2017
 Bajo licencia Creative Commons / www.ansiedad.net
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Cualquiera no da lo mismo. Esto es lo que concluyen los científicos, luego de analizar el efecto que tienen en la salud los distintos tipos de azúcar que se utilizan en los alimentos. En este caso, se compararon la glucosa y la fructosa.

El trabajo lo hizo un equipo internacional de investigadores de Madrid y Barcelona, España, y de Oregón, Estados Unidos. Ellos constataron que en el riesgo de padecer enfermedades metabólicas y cardíacas, no solo importa la cantidad de azúcar que se consume, sino también el tipo de este producto.

El estudio, dirigido por la doctora Marta Alegret, del Centro de Investigación Biomédica del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, se publica en el American Journal of Physiology. El trabajo se realizó con ratas de laboratorio, y en este se demostró que el consumo de fructosa es más perjudicial para el metabolismo y el sistema cardiovascular, que el de glucosa.

Potente endulzante

Si bien la fructosa se encuentra en las frutas ( ver recuadro ) así como en el azúcar de mesa, otra cosa es la fructosa a la que recurre la industria de los alimentos, que está en forma pura. Y una de las más usadas en alimentos procesados es el jarabe de maíz, porque es barato de producir y es un potente endulzante.

"Después de muchos años estudiando los efectos de la fructosa y su particular metabolismo, no es sorprendente descubrir que tenga efectos que no presentan otros azúcares similares, como la glucosa", dice la doctora Alegret. Y aunque parezca que el incremento de peso en las personas solo depende de las calorías que consumen, según esta especialista hay que considerar estos otros factores.

Para demostrar la importancia de esto, las ratas con las que trabajaron fueron divididas en dos grupos. Durante dos meses, y junto a su dieta habitual de alimentos sólidos, un grupo recibió un complemento líquido de glucosa y el otro un complemento de fructosa.

En este último grupo, se vieron alteraciones del hígado y también un mayor aumento de peso corporal, incluso consumiendo menos calorías que las ratas que se alimentaron con glucosa.

Asimismo, en el caso de la fructosa, se vio que aumentó los niveles de triglicéridos en la sangre, que es un tipo de grasa. Así aumentó el riesgo de obesidad, de hígado graso y de presión arterial elevada.

Publicado en: 
El Mercurio