Publicado el

16 de Noviembre de 2015

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons  / www.e-mocionate.blogspot.cl
Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.e-mocionate.blogspot.cl

En el último tiempo, la ciencia ha ido centrando su atención en investigar y entender el papel que juega el sistema digestivo en la salud global humana. ¿Por qué? Ahí se encuentran grandes cantidades de neuronas, neurotransmisores y microbiota, cuyo actuar y comunicación con el «cerebro real» influye en la salud física y mental de las personas.

¿Cuántas veces hemos sentido «mariposas» en el estómago cuando vemos a esa persona especial?, o ¿En cuántas oportunidades hemos sentido algo «de guata»? Estos fenómenos, en cierta medida, tienen su explicación en la abundante presencia de neuronas en el sistema digestivo, cuya actividad se relaciona con el resto del cuerpo y el cerebro. Según el investigador de la Universidad de Columbia y autor del libro The Second Brain (1999), Michael Gershon, este «segundo cerebro» –conocido técnicamente como sistema nervioso entérico– está compuesto por capas neuronales ubicadas en las paredes del tubo intestinal, y contiene alrededor de 100 millones de neuronas. Sorprendente, ¿cierto?

Este «nuevo cerebro» constantemente se comunica con el «real» y viceversa, entregando información sobre cuánta hambre o estrés tenemos, por ejemplo. Esta comunicación determina nuestro estado mental e influye en ciertas enfermedades físicas, como la inflación del intestino, síndrome del dolor abdominal crónico y desórdenes alimenticios, según un estudio del University College Cork, en Irlanda.

Hoy, la ciencia se esfuerza por entender cómo funciona esta comunicación bidireccional entre ambas «mentes» y, especialmente, qué rol juega en la salud y bienestar de las personas. Y los avances podrían ser sorprendentes, ya que se cree que en el futuro, algunas enfermedades intestinales podrían tratarse con terapias neuronales.

Pero además de neuronas, en el aparato digestivo están todos los tipos de neurotransmisores que existen en el cerebro. Es más, el 95% de la serotonina, neurotransmisor partícipe en el control del estado de ánimo, se encuentra en el intestino. Y, como si fuera poco, cada vez se comprueba más la relevancia de la microbiota o flora intestinal –que alcanza a más de 100 billones de microorganismos-  en la salud digestiva y, más allá aún, su relación con aspectos generales de la salud, como la obesidad, el funcionamiento del sistema inmune y la salud mental. Todo parece indicar que este «cerebro 2.0» es poderoso y tiene mucho que decirnos aún...

 

FUENTES DE PROBIÓTICOS

Según el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, los probióticos –microorganismos que ayudan a mantener el balance de la flora intestinal- son útiles para prevenir y tratar las diarreas infecciosas, mejorar el sistema inmune, prevenir algunas manifestaciones alérgicas (como la rinitis) y para tratar y prevenir los cólicos en el lactante. A pesar de que también se pueden consumir a través de fármacos o suplementos, estos son los principales alimentos de donde puede obtenerlos:

  • Yogurt (Chamyto, Uno al Día, Activia)
  • Queso
  • Leche cultivada
  • Chucrut
  • Picles
  • Kéfir (Yogurt de pajaritos)