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Publicado el

01 de Abril de 2016

Temática

Foto: Yensi Martin / El Mercurio
Foto: Yensi Martin / El Mercurio

Este domingo será la sexta vez que Vicente Ossa (49) corra los 21 kilómetros en una competencia. Y como en las últimas corridas que ha participado, no llevará audífonos "para sentir a la gente que va a al lado corriendo y a los que salen a la calle".

Ossa será parte de los 28 mil corredores que participarán en el Maratón de Santiago y a su alrededor habrá otras miles de personas apoyando a los deportistas a lo largo del trayecto. El año pasado, su hija, que entonces tenía 15 años, se sumó a esa masa y lo estuvo alentando con un gran cartel que decía "¡Vamos, papá!".

Este año, Ossa ya les avisó a todos sus compañeros de trabajo en la FAO que vayan a animarlo a él y a los demás corredores de la oficina en la intersección de las calles Doctor Roberto del Río y Eliodoro Yáñez, alrededor del kilómetro 15, un sitio que él llama "punto de inflexión emotivo". "Vienes cansado, pensando que a lo mejor no llegas, que te puede dar un calambre, y recibes esa carga de energía anímica. Es súper impresionante, porque entonces uno dice: aquí le doy con todo".

Los aplausos y los gritos de aliento son esenciales para Cristián Correa (35), quien ha hecho corridas de 5 y 10K. "A veces no puedo más, pero veo a los niños chicos, entusiasmados apoyando y sigo, sigo. Además te da orgullo sentirte parte de esta actividad, con tanta gente alrededor".

Este año aún no está seguro si va a participar, pero sabe que si no está entre los corredores, será parte del público. "He ido otras veces a mirar, y a todos les digo, '¡Vamos que se puede. Sigue adelante!', Y si alguien se siente apoyado con eso, bien".

Enrique Aguayo, psicólogo deportivo de la Clínica MEDS, sabe que los corredores tienen razón y que el público juega un rol esencial. "Para la mayoría, el apoyo de gente cercana, como la familia o la pareja, puede ser un buen estímulo en un momento de flaqueza". Pero asegura que la gente desconocida que anima a los corredores puede ser igual de importante "para no bajar los brazos".

Por otro lado, para el psicólogo salir a apoyar a los corredores puede ser un buen panorama familiar. "Es una fiesta bonita y apoyar a los corredores puede tener un efecto positivo en los hijos, ya que ven que la gente se divierte al aire libre, haciendo una actividad deportiva, y a la larga eso tiene un efecto multiplicador".

Seguir corriendo

Tan importante es sentirse apoyado, que Agustín Oyarzún, entrenador del grupo Running Academy, les dice a todos sus alumnos que les avisen a familiares y amigos para que participen con ellos en la corrida. Agua, algún suplemento de comida o aplausos, todo es bienvenido en la ruta, dice. "La competencia es muy dura y la cabeza tiene un rol muy relevante: 50% es físico y 50% mental".

Pablo Bascuñán (41), quien correrá por tercera vez los 42K, está de acuerdo. "En mi caso, en los últimos 10 kilómetros ya no tienes piernas y corres con el corazón. Entonces ver a la gente alentándote te ayuda a seguir".

"Los niños te ponen la mano para que se las choques y uno se siente casi como un rock star . Además, hay mucha gente con carteles con nombre y apellido, dirigidos para alguien específico. Algunos son divertidos y te hacen sonreír, te distraen un poco de todos los kilómetros que faltan", añade.

El apoyo de los mismos corredores también es clave, dice Ossa. "Me acuerdo una vez hace algunos años, cuando empecé a correr, que estaba en una carrera de cinco kilómetros, me cansé y paré a tomar aire. Entonces una corredora me dio un palmoteo en la espalda: 'Dale que te queda poco, tú podís ', me dijo. No me conocía y no me vio nunca más. Pero eso para mí fue importante. Me hizo reaccionar, seguir corriendo".

Publicado en: 
El Mercurio por Amalia Torres