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04 de Febrero de 2016
Foto: El Mercurio
Foto: El Mercurio

Dos rebanadas de pan, un vaso de jugo de naranja y un pedazo de sandía para comenzar la jornada suena tentador e incluso sano. Sin embargo, lo más probable es que al poco rato se le vuelva a abrir el apetito y busque algún otro alimento para calmar su estómago. Es que los alimentos son engañadores, advierten los especialistas, por lo que si lo que se busca es perder peso y cuidar la línea durante el verano, hay que alejarse de los que más que saciar el hambre, lo activan.

"Hay alimentos que elevan mucho los niveles de azúcar en la sangre y, por ende, hacen que se libere tanta insulina que se termina produciendo una hipoglicemia", explica Rinat Ratner, nutricionista de la Clínica Alemana. Según la especialista, al subir el azúcar y posteriormente bajar rápidamente, se genera un efecto rebote que hace que las personas sientan un vacío y ganas de volver a comer.

En la lista de este tipo de alimentos entran todos aquellos que contienen azúcar y que son de rápida absorción, como pasteles, tortas y bebidas azucaradas.

"También los alimentos procesados como el puré de papas, las papas duquesa y las pastas muy cocidas. Además de algunas frutas, como la sandía, el choclo y la pastelera, que se come tanto en esta época", advierte Giselle Muñoz, nutricionista de Clínica Las Condes.

En vez de consumir jugos de fruta, la recomendación es consumir la fruta entera. "Al exprimirla se elimina la pulpa y toda la fibra, que es lo que da saciedad junto con las proteínas", añade Muñoz.

Además, la fibra hace más lento el vaciamiento gástrico, por lo que los alimentos ricos en ella son más difíciles de digerir y el azúcar en la sangre se mantiene estable. Por lo tanto, es recomendable optar por cereales bajos en azúcar, integrales y altos en fibra.

Lo mismo sucede con el pan blanco, que al tener harina altamente refinada -al igual que las galletas de agua y soda-, también favorece el apetito.

"Te comes una y te las comes todas", reza la publicidad de una marca de papas fritas, y no se equivoca. "Muchos snacks salados tienen glutamato monosódico, que acentúa el sabor y hace que los alimentos sean más ricos y adictivos. También se agrega a algunas preparaciones de comida china y japonesa y al pescado frito", cuenta Muñoz.

"Mascar algo crujiente también tiene un efecto antiestrés que brinda sensación de bienestar, por lo que dan ganas de seguir comiendo. Después te da sed, pero no de agua, sino que de algo dulce", concluye Ratner.

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El Mercurio por Andrea Manuschevich