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Publicado el

14 de Abril de 2016

Temática

Foto: AFP / El Mercurio
Foto: AFP / El Mercurio

Es un hecho ampliamente aceptado que el consumo excesivo de alcohol es malo para la salud; pero en lo que no existe consenso es sobre cuánto es lo que se considera una ingesta de bajo riesgo y, por tanto, cuándo se llegó a un exceso. Un estudio de la Universidad de Stanford comprobó que, efectivamente, en cada país hay un criterio distinto a la hora de definir la cantidad de alcohol que es recomendable consumir.

Incluso, al evaluar a 75 países a partir de datos gubernamentales, menos de la mitad (37) tiene guías de consumo y una definición de lo que se considera "de bajo riesgo".

Así, por ejemplo, mientras países como Suecia consideran que hay bajo riesgo si se consume no más de 20 gr de alcohol al día en hombres, el estudio muestra que en Chile o EE.UU. un hombre "puede tomar hasta 56 gramos al día -equivale a 4,5 copas de vino o a 5 cervezas- y aún ser considerado de bajo riesgo".

Cifras que ponen en mala posición al país y que llevaron al diario inglés The Times a titular ayer "Drink too much? Move to Chile" (¿Bebes demasiado? Trasládate a Chile).

Consumo intenso

Si bien el dato es exacto, su uso no es el correcto, advierten los especialistas locales consultados.

"En Chile sí tenemos un problema importante con el consumo de alcohol, pero una cosa diferente es que el Ministerio de Salud o el Senda digan que esa cantidad es adecuada", precisa el doctor Daniel Martínez, psiquiatra de la Unidad de Apoyo Psicológico de la UC.

La OMS establece dos tipos de riesgo por ingesta de alcohol: agudo y crónico. Mientras este último se refiere a quienes beben en forma permanente y prolongada en el tiempo, el primero apunta al consumo intenso en una sola jornada.

Esto se conoce como "binge drinking" y se ha convertido en un problema en aumento, sobre todo en adolescentes y gente joven a nivel mundial, "ya que los expone a más accidentes y violencia", dice el doctor Carlos Ibáñez, psiquiatra y académico de la Universidad de Chile.

Es para este tipo de consumo que la OMS fija como límite 60 gr en hombres y 50 gr en mujeres; sobre esa cantidad implica un riesgo para la persona. Es decir, los 57 gr que fija Chile están dentro de los parámetros recomendados.

"Los autores del estudio reconocen que consultaron el sitio web del Minsal, pero en lo que se refiere a las guías para intervención breve en casos de consumo agudo", precisa Ibáñez.

En lo que no hay dudas es en la gran variabilidad que existe en el planeta en relación a la medida usada para definir una unidad de alcohol.

El asunto no es sencillo y a más de uno puede causarle un dolor de cabeza (sin haber tomado...).

Cada país tiene una definición de lo que es una unidad estándar; es decir, una forma de medir cuánto alcohol hay en promedio en una copa o en un vaso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una unidad estándar de 10 gramos de alcohol.

Pero no todos siguen esa sugerencia: mientras en Austria la cifra se eleva hasta los 20 gr, en Islandia se queda en los ocho gramos. En Chile, el estudio menciona 14 gr, pero la última Encuesta Nacional de Salud determinó que es de 15 gr.

"Eso significa que el trago estándar chileno tiene más alcohol que el promedio mundial", precisa Ibáñez. En jerga local, son más "cabezones" y, por ende, más dañinos.

"El mensaje está equivocado -agrega Martínez-: la gente entiende como unidad, un vaso, pero en una copa de destilado puede haber tanto alcohol como dos unidades". Entonces, si el consejo es no consumir más de dos unidades, la gente piensa que dos vasos está bien pero, en rigor, está bebiendo cuatro unidades.

El psiquiatra Keith Humphreys, autor principal del estudio -publicado en la revista Addiction-, precisa que todo esto refleja las diferencias culturales de los países y la valoración de riesgo que se tiene sobre el alcohol. Pero, si bien "en todos los países coinciden en que beber grandes cantidades es peligroso, el debate gira más bien en torno a si se trata de uno, dos o tres tragos diarios".

Esto, agrega, dificulta mucho al consumidor la tarea de saber si sus hábitos son saludables o no, y también complica a los sistemas de salud en la tarea de elaborar guías coherentes.

Los autores advierten que en muchas ocasiones los sistemas sanitarios elaboran recomendaciones sobre consumo de alcohol sin saber si los consumidores las leen, si las entienden o si en realidad gracias a ellas cambian su comportamiento.

Publicado en: 
El Mercurio por C. González