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Publicado el

21 de Junio de 2015

Temática

"De la pepa de un limón, nació un hada preciosa. Toda verde y amarilla, con alas de..." ¡¡¡Mariposaaaaa!!!, irrumpen los niños.

"Su misión en esta vida -retoma la tía Nana- es estrujar el limón... y llevárselo a los niños ¡con fiebre o con mucha tos!".

"¡Yo tengo tos!", le dice un niño. "Parece una rima", comenta una niñita. "A mí no me gusta la limonada", informa otro.

Leer y contar cuentos a los niños no es solo un momento de entretención. Durante este espacio de comunicación se activan experiencias fundamentales para el desarrollo infantil. De ahí la importancia de rescatar esta tradición, cada vez mas desplazada por pantallas y aparatos electrónicos.

Abrir mundos

Eliana Acevedo (la tía Nana), es educadora de párvulos y autora de varios libros de cuentos y canciones, incluyendo "La magia de cantar y contar cuentos", que lanzará este jueves. Con más de 40 años inventándolos y narrándolos, conoce el poder que estos tienen para calmar a los niños, hacerlos reír, ayudarlos a expresar lo que les pasa y descubrir su mundo interior.

"Cuando cuentas un cuento, estimulas algo en el niño. Si te pregunta o hace un comentario, recoge lo que dice y contéstale, refuérzale lo que dijo, agrega un dato más o acoge la emoción que expresa", aconseja.

"Narrar es una forma especial de querer y estrechar lazos afectivos con el niño", plantea Carolina Gaete, psicóloga del servicio FonoInfancia (800 200818), de la Fundación Integra. Ella incentiva a inventar relatos o historias. Esto permite narrar aun cuando no sea posible abrir un libro: mientras se va al jardín infantil o se espera la micro, en la sala de espera del doctor, cuando los niños están aburridos o a la hora de comer.

"Al contar cuentos compartimos experiencias y saberes, transmitimos valores, hablamos de cómo somos, cómo resolvemos conflictos y, además, se activan en el niño distintos procesos cognitivos, como la simbolización. Mejora la comprensión del mundo y se amplía el conocimiento", señala.

Por su parte, Katherine Strasser, profesora de la Escuela de Psicología de la U. Católica y doctora en Psicología Educacional ha estudiado el valor de leerles libros a los preescolares.

"Los niños a los que se les lee todos los días desde pequeños tienen un mayor vocabulario y leen mejor en cuarto básico", señala. Eso sí, para este objetivo, enfatiza, lo importante es leerles libros, ya sea de ficción o de información, con explicaciones y descripciones.

"Comparado con el lenguaje cotidiano o del juego, el de los libros es más rico, más variado en su léxico, de estructura más compleja". Un príncipe desgarbado , unos pingüinos rengueando o un solsticio de invierno no son parte del lenguaje que los papás usarán con los niños a menos que estén en un libro.

Gaete rescata también el cuento como un recurso para ayudar a explicar o anticipar situaciones que para el adulto es complicado abordar directamente, como una separación o la muerte de alguien.

"Crear un relato con animales o personajes que viven esas experiencias puede liberar al adulto de esa inhibición y abrir un espacio para que el niño pregunte o le invitemos a imaginar lo que podría pasar o lo que siente ante esa situación". Esto después facilitará hablar del tema real: "¿Te acuerdas de la historia del papá oso que se iba a vivir a otra casa? A las personas también nos puede pasar esto...".

Publicado en: 
El Mercurio