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24 de Septiembre de 2016
Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.reikiactivo.com
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Blanca Valdés era de las que comen mucha comida chatarra y no se preocupan de la calidad, el origen o las cantidades con que se alimentan. Pero hace algunos años a su madre le diagnosticaron ELA, enfermedad de la que murió en 2014, y se puso a investigar. Sin tener conocimientos anteriores sobre el tema, sí vio que en muchos estudios sobre este tipo de enfermedades la alimentación era un ítem fundamental.

Blanca dio un giro radical, y no solo dejó las papas fritas y la carne, sino que llegó un momento en que estaba alimentándose casi solo de frutas y semillas. Una de las fundadoras de los jugos La Prensa, la primera empresa de alimentación viva en nuestro país ( raw food : alimentación basada en plantas sin cocinar ni procesar), se había pasado a la otra punta. Tuvo síntomas por déficit de zinc y de yodo, y aunque no fue nada grave, tenía que hacerse cargo. "Yo empecé un poco extrema, erradicando sola cosas que no debería; en un momento comía casi pura fruta y maní, y subí varios kilos". Luego de informarse bien, llegó a lo que considera no una obsesión, sino un estilo de vida: una alimentación basada en plantas. "Si antes era asmática, tenía alergias y jaquecas, ahora llevo dos años y medio sin tomar ningún remedio".

Aunque reconoce que más de una vez le dicen que tiene el perfil de alguien con ortorexia, ella responde que se considera libre de tomar decisiones informadas, sana y feliz. Definida por el médico Steven Bratman como un trastorno alimentario que consiste en una obsesión patológica por alimentarse en forma saludable, a fines de los setenta el norteamericano fundó una comunidad donde cada quien seguía su filosofía alimentaria (ver recuadro). Lo que vivió en ese lugar lo relata en su ensayo de 1997 en el que bautiza el fenómeno como ortorexia. Del griego orthos "justo" o "recto", y orexia "apetencia", a diferencia de la ya conocida anorexia, mientras esta se concentra en las cantidades ingeridas, el ortoréxico se fija en lo puro de los alimentos.

Hoy, su cruzada es evitar que la gente haga este tipo de dietas sin informarse, por el riesgo de que esto no es visto como algo peligroso: "La gente se avergüenza de la anorexia, pero es activista cuando se trata de la ortorexia. La gente que come perfectamente hace constante ejercicio, toma hierbas y otros suplementos, igual tiene cataratas, arrugas, cáncer y enfermedades al corazón. Envejecen y se vuelven frágiles. Y mueren", remite Bratman a su ensayo al preguntarle hoy del tema.

La dieta de Instagram

"En general, quienes empiezan solos este tipo de dietas tienen una idea súper equivocada de lo que es comer sano; se ponen tan selectivos que creen que todo es malo", cuenta la nutricionista de la Clínica Alemana Andrea Valenzuela. "Eliminan mucho de lo sano y que es esencial, porque el cuerpo no lo produce y tú se lo tienes que dar a través de la dieta", dice, reconociendo que recibe muchas más consultas sobre anorexia, y solo un par por ortorexia, aunque la línea entre ambas es bien delgada.

Y los especialistas coinciden en que debe ser tratada de manera integral. "Desde el punto de vista psicológico, una relación saludable con la comida vendría a ser también una relación equilibrada sin que existan alimentos permitidos o prohibidos. El desequilibrio en la alimentación afecta la estabilidad emocional y las funciones cognitivas. Pueden aparecer cuadros anímicos y alteraciones en la memoria, atención y concentración", explica Yael Lehmann, psicóloga clínica del Departamento de Nutrición de Clínica Las Condes.

Un factor esencial es la influencia de los medios sobre quienes tienen perfiles más obsesivos. También conocida como "la dieta de Instagram", no solo por sus llamativos platos, sino además porque quienes los suben hacen que muchos se vuelvan adeptos a escuchar que distintas personalidades, no necesariamente vinculadas al mundo de la salud, los consumen. Así, mientras Gwyneth Paltrow con su portal Goop es un referente mundial, Julia Roberts en algún minuto pensó llevarse a sus niños a vivir a Hawai para alejarlos de los malos hábitos del continente. Marlon Brando solo probaba al final de su vida yogures que le certificaran sin grasa, y la lista de famosos con excentricidades de este tipo es prácticamente infinita.

Aunque, al preguntarle hoy, el doctor Bratman reconoce no saber en qué medida los medios influyen en quienes caen en esta obsesión, para muchos especialistas es evidente la relación: "El gran boom que ha tenido este trastorno alimentario radica en parte importante en cómo los medios han ido promocionando una alimentación saludable y estigmatizando grupos de alimentos como los carbohidratos y grasas", explica la médico cirujano y magíster en Nutrición Sofía Bennett, socia del Centro de Nutrición Benefit.

Sin harina, pero con más mantequilla

"Que tu medicina sea tu alimento y el alimento, tu medicina", decía ya en el siglo V a. C. Hipócrates, el padre de la medicina moderna. Y en Santiago han aparecido muchas cafeterías y restaurantes orientados a un público más saludable. Uno de ellos es el café 7alces, abierto hace un año y medio. Su dueña, María José Muñoz, cuenta lo importante que es insertarse como local de manera responsable: "Mucha gente cree que estar saludable necesariamente pasa por ser flaco. Para nosotros tener una dieta equilibrada y sana es integrar responsablemente los alimentos, conocer su origen, entregar al cliente la información de manera adecuada y ética". En el local trabaja Javiera Vega, nutricionista, que cuenta cómo la gente cree que es más sano un queque si es con harina de almendras, sin entender que no por eso es más saludable, porque igual tiene azúcar y grasa, igual que las recetas sin harina pero que usan más mantequilla: "Acá piden cosas sin gluten y sin lactosa, y cuando les preguntas si son alérgicas, responden que no, y tú ves que lo hacen por moda o por falta de información".

El alto costo social

Blanca Valdés reconoce que lo que más le ha costado es la parte social: "Es lejos lo más duro. Me cuesta encontrar gente que esté en la misma, y te dejan de invitar, porque aunque uno no diga nada el resto siente que los estás juzgando, aunque obvio que como a veces pan o no me importa que una lechuga no sea orgánica".

Los especialistas reconocen que como evitan a toda costa comida que contiene algún ingrediente que pueda caerles mal, tienden a aislarse. Sobre todo quienes llevan su obsesión más allá: los más extremos se preocupan también por la forma de la preparación y los recipientes en los que cocinan (en su mayoría de madera o cerámica). Si no, prefieren pasar hambre.

También es conocida como una dieta de clases acomodadas por los mayores costos de sus ingredientes, y porque sus fanáticos recorren distintos lugares para encontrarlos, aunque Blanca no está de acuerdo: "La gente está dispuesta a gastar ocho mil pesos en un kilo de carne, pero si las zanahorias están a $1.500, alegan que están caras".

Mantener una vida saludable, evidentemente es un proceso integral. "Bienestar es cómo te relacionas con el otro. En el tema de la alimentación, hay mucho de moda y está bien, pero hay que dosificar y colaborar con la información que corresponde, y en eso los medios de comunicación tienen mucho que hacer y nosotros como local, también", insiste María José, de 7alces.

"La gente se avergüenza de la anorexia, pero es activista cuando se trata de la ortorexia. La gente que come perfectamente hace constante ejercicio, toma hierbas y otros suplementos, igual tiene cataratas, arrugas, cáncer y enfermedades al corazón. Envejecen y se vuelven frágiles. Y mueren".

Steven Bratman

Publicado en: 
El Mercurio por Inés Icaza