Publicado el

18 de Octubre de 2017

Temática

Foto: Bajo licencia creative commons / Pexel Alicia Zinn
Foto: Bajo licencia creative commons / Pexel Alicia Zinn

En ambos casos la flora intestinal se ve alterada, favoreciendo la aparición de patologías como la obesidad o el intestino irritable. 



El estrés no solo le juega en contra a la salud mental: su impacto sobre el aparato digestivo, y en particular en la microbiota intestinal, es similar al que provoca una dieta rica en grasas.

La microbiota está compuesta por una serie de bacterias que habitan el intestino y que son vitales para la salud metabólica y digestiva del ser humano, así como para su respuesta inmune.

Y son esas bacterias las que se ven alteradas por episodios de estrés, según lo pudo observar un equipo de investigadores de la Universidad Brigham Young, en Estados Unidos.

En un estudio publicado por la revista Nature Scientific Reports, la doctora Laura Bridgewater -profesora de Microbiología y Biología Molecular y autora principal de la investigación- descubrió en un grupo de ratones que aquellos que estaban expuestos al estrés, pero consumían una alimentación saludable, sufrían cambios en su microbiota que los llevaban a parecerse a ratones que comían una dieta alta en grasas.

"El estrés puede ser dañino de muchas maneras, pero esta investigación es novedosa, ya que vincula el estrés a los cambios específicos en la microbiota intestinal. A veces pensamos en el estrés como un fenómeno puramente psicológico, pero provoca cambios físicos distintos", precisa Bridgewater.

Cambios en la microbiota pueden llevar a alteraciones que favorecen la aparición de problemas como obesidad, hígado graso, intestino irritable y hasta cirrosis, como precisa la doctora Ana María Madrid, jefa de la Unidad de Estudios Digestivos del Servicio de Gastroenterología del Hospital Clínico Universidad de Chile.

"Hasta ahora se sabe que, en el fondo, el problema surge de una alteración en la comunicación cerebro-intestino; todas las neuronas cerebrales están relacionadas con el tubo digestivo y el estrés altera esa relación", explica. Incluso desde edades tempranas.

Un estudio que será presentado en noviembre por la doctora Madrid muestra, por ejemplo, que un gran porcentaje de pacientes que sufren de intestino irritable sufrieron algún tipo de maltrato, abuso o situación estresante en su niñez.

Asunto de género

El fenómeno, sin embargo, no afecta por igual a ambos sexos: ellas son más vulnerables.

En la investigación que Brigewater realizó junto a colegas de la U. Jiao Tong de Shanghai dividieron a ratones de ocho semanas de edad en dos grupos: la mitad de los machos y hembras recibieron una dieta alta en grasas; la otra mitad consumió una dieta balanceada. Al cabo de 16 semanas, todos los ratones fueron expuestos a situaciones de estrés durante 18 días (como nadar en agua helada, o sonidos y olores de un depredador).

Mediante análisis del ADN microbiano, extraído de los sedimentos fecales de los ratones, observaron que los machos en la dieta alta en grasas mostraron más ansiedad que las hembras. Sin embargo, en el grupo de ratones que recibieron una dieta sana, fue en las hembras en las que el estrés causó que la composición de la microbiota intestinal se alterara como si hubieran recibido una dieta poco saludable.

Si bien el estudio solo se realizó en animales, los investigadores creen que podrían existir implicancias significativas para los humanos, y que deben ser tomadas en cuenta: cada vez hay más evidencia que muestra una relación entre la alteración de la microbiota y enfermedades como el asma, la diabetes o el párkinson.

"En la sociedad, las mujeres tienden a tener tasas más altas de depresión y ansiedad, que están relacionadas con el estrés -plantea la doctora Bridgewater-. Este estudio sugiere que una posible fuente de la discrepancia de género pueden ser las diferentes formas en que la microbiota intestinal responde al estrés en hombres y mujeres".

 
Publicado en: 
C.González / El Mercurio