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04 de Mayo de 2016
Foto de www.imujer.com
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En una cultura que promueve la buena salud cumpliendo con al menos tres comidas diarias, además de colaciones a media mañana y media tarde, la idea de saltarse las comidas o restringir en forma importante las calorías que se consumen puede parecer paradojal.

Pero lo cierto es que estas dietas están siendo estudiadas desde hace tiempo y con resultados positivos en varios aspectos. Al principio se probaron en animales de laboratorio, pero ahora se han aplicado en humanos, con beneficios para la salud tanto física como mental.

La última investigación consistió en restringir un promedio de 500 calorías diarias -por ejemplo de 2.000 a 1.500- por dos años, a 150 personas de 38 años de edad en promedio, y que no eran obesas. Ellas bajaron alrededor de siete kilos y medio de peso. Otras 70 personas sirvieron de grupo de control, y podían comer lo que querían. Además, el grupo con restricción tuvo mejor ánimo, más vigor y mejor calidad de sueño.

El trabajo fue liderado por el doctor Corby K. Martin, del Centro de Investigación Biomédica de Pennington, Baton Rouge, en Louisiana, Estados Unidos. Sus resultados se publican en línea en la revista JAMA Internal Medicine.

Evita enfermedades

En el caso del ayuno intermitente, uno de sus grandes defensores es el doctor Mark Mattson (59), jefe del Laboratorio de Neurociencias del Instituto Nacional del Envejecimiento de EE.UU. Saltarse algunas comidas, opina Mattson, promueve una buena salud y el organismo se protege contra una amplia gama de enfermedades crónicas como la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares o los trastornos neurodegenerativos como el alzhéimer y el párkinson.

El propio Mattson reconoce que los últimos 35 años se ha saltado el desayuno y el almuerzo. A media tarde hace trote y en la tarde y noche come lo necesario, en promedio unas 2 mil calorías.

"Una vez que te acostumbras, no es para nada difícil", dice a The New York Times. "No siento hambre en la mañana. Es solo cosa de adaptarse", agrega.

El doctor Valter Longo, director del Instituto de la Longevidad de la Universidad del Sur de California, ha estudiado el efecto del ayuno intermitente en animales de laboratorio. Según afirma, los beneficios de salud de esta técnica se producen porque disminuye la insulina y el llamado factor de crecimiento similar a la insulina (IGF-1), con lo cual se reduce el riesgo de diabetes y de cáncer.

"Cuando no hay nutrientes, se activa un mecanismo en la célula que la lleva a comer partes de sí misma, por ejemplo, material que ya no necesita. Y esto se ha visto que en moscas, ratones y primates aumenta la longevidad", dice la doctora Eugenia Morselli, de la Facultad de Ciencias Biológicas de la U. Católica. En todo caso, la propuesta del ayuno intermitente le parece "una locura, muy difícil de practicar por la gente común".

"La dieta de restricción calórica es la que tiene más base", dice la doctora Ada Cuevas, nutrióloga de Clínica Las Condes. Comer 500 calorías menos, dice, es lo que se recomienda a muchas personas que están con sobrepeso como una forma de evitar que sean obesos.

Pero en el caso del ayuno intermitente, cree que no es una buena estrategia para mejorar la calidad de vida. "Lograr comer 500 calorías con todos los nutrientes necesarios es casi imposible, por lo que hay que agregar vitaminas", dice.

Publicado en: 
El Mercurio por Sebastián Urbina